Managua
10:12 am
07.01.07
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
El invaluable ejemplo de la Revolución Mexicana
Mario Sandoval Aranda
El autor es escritor

El 20 de noviembre del año recién pasado, México celebró el 96 aniversario del comienzo de la gloriosa revolución mexicana, día de Fiesta Nacional. En esa fecha memorable, el pueblo mexicano decidió el triunfo de sus ideales, empuñando machetes y palos enfrentó las ametralladoras y cañones del tirano Porfirio Díaz y del verdugo Victoriano Huerta hasta derrotar toda opresión.

En tiempos de don Porfirio, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, los mexicanos tuvieron paz, prosperidad, florecieron las artes y las letras; así también se levantaron suntuosos edificios, que aún perduran, mostrando su magnificencia. Todo tuvieron, menos lo esencial en la vida individual del hombre, y de los pueblos: la libertad. Igual que los atenienses bajo Pisístrato, todo, menos la libertad.

Los fines de la Revolución mexicana eran: 1) Terminar con los latifundios en poder de una casta de terratenientes, carentes de sensibilidad social que mantenían a los campesinos en condición de siervos, igual que en la Rusia de los zares, a los cuales a los 7 años en 1917, también les llegaría su hora 25. 2) Terminar con los monopolios en manos de los allegados al tirano, que asfixiaban económicamente al pueblo. 3) Poner fin al militarismo represivo, brazo armado de don Porfirio. 4) Terminar con el sistema de justicia al servicio de la gobernante oligarquía conservadora, poseedora de toda la riqueza y privilegios.

El pueblo, lleno de esperanza y coraje destruyó esas poderosas estructuras que se derrumbaron como casas por un terremoto, sobre cuyas ruinas se construyó la nueva República mexicana de inspiración democrática. México es reconocido dentro del Derecho Internacional, como fiel protector del derecho de asilo, acogiendo con fraternidad a los perseguidos políticos que luchan por la libertad de su patria. Entre los miles de héroes y mártires de la revolución, sobresalen el apóstol Francisco I. Madero, venerado en el monumento a la revolución, junto a otros grandes patriotas. Ulises Serdán, uno de los primeros mártires caídos, a quien la posteridad admira en su egregio monumento frente al Teatro Blanquita, portando su fusil, como símbolo de su lucha por la libertad. Pancho Villa, seudónimo de Doroteo Arango, quien por su valentía descolló en la revolución, pero sus crímenes opacaron el brillo de su gesta revolucionaria. Emiliano Zapata, primer líder agrarista en América Latina, consagrado a su lucha por la justa distribución de la tierra con su proclama: “La tierra es para quien la trabaja”. El hecho que el pensamiento agrarista de Zapata aún vive, es que el subcomandante Marcos, con sus indígenas del Estado de Chiapas pusieron a su guerrilla Ejército Zapatista de Liberación Nacional, (EZLN). El constitucionales Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Lázaro Cárdenas y otras más, la mayoría asesinados.

Hay un axioma referente a las revoluciones, que mientras unos mueren por ella, otros, los políticos bribones, viven de ella, como el pícaro de Napoleón Bonaparte que por medio de su astucia y las armas se apoderó de la Revolución Francesa enemiga del absolutismo de los reyes, nombrándose más que rey, emperador, formando su corte más fastuosa que de los Luises, haciendo a familiares, hijastros y allegados príncipes y reyes en los países sojuzgados. ¡Qué ironía de la historia!

Poetas escritores que han enriquecido la literatura mexicana, han cantado la revolución en poemas y novelas, que describen en forma bella estas páginas gloriosas de la epopeya de la historia mexicana, como el poeta Adolfo León Osorio, que peleó de raso, hasta general. Mariano Azuela, fundador de la novela de la revolución mexicana, que nos narra en Los de Abajo, Pedro Moreno, el insurgente, y otras, la crueldad de la lucha. Agustín Yáñez, en conciencia de la revolución y al filo del agua. Carlos Fuentes, en su obra más leída, La Muerte de Artemio Cruz, donde describe cómo de peones se constituyen en caudillos mediante el robo, el asesinato, el abuso y la traición, destruyendo todo, para lograr sus ambiciones de riqueza y poder hasta que la muerte los reduce a la nada.

En la lucha redentora todo el pueblo se involucró en la revolución, ofrendado en preciosa vida, para con su generosa sangre fertilizar los valles donde impera la democracia, la paz, la justicia social, y la prosperidad de la gran patria mexicana.

Por la crítica de reconocidos sociólogos y politólogos, la revolución mexicana está considerada como la segunda en el mundo, después de la Revolución Francesa, por contar con todos los elementos de una verdadera revolución, pues hay golpes de Estado dados por militares que llaman revolución sin serlo. Casi un siglo después vemos que aún perduran institucionalizadas las conquistas logradas en beneficio de las masas desposeídas, sirviendo de inspiración a otros pueblos.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda