Managua
10:13 am
07.01.07
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
Los Pactos Dawson de 1910
Luis Vega Miranda
El autor es Abogado

Entre el año 1909 con la renuncia obligada del general José Santos Zelaya y 1912 con la muerte del general Benjamín Zeledón, surge uno de los períodos más apasionantes de la historia de Nicaragua, época turbulenta y confusa, de luchas entre conservadores y liberales, pero mezclada con la primera intervención oficial de Estados Unidos en Nicaragua, el creciente Destino Manifiesto de la Doctrina Monroe, la política del Gran Garrote del presidente Roosevelt y la Diplomacia del Dólar inaugurada en Nicaragua por el presidente norteamericano Taft ; su estrategia geopolítica y geoeconómica; así como la aparición de personajes que van a marcar la primera mitad del siglo XX, tales: el civil Adolfo Díaz y los generales José María Moncada y Emiliano Chamorro, también sobrevivientes a la gesta posterior del general Sandino, causa y efecto de su asesinato.

En breves cuatro años se suceden tres presidentes: Zelaya declina en José Madriz, Madriz renuncia en una Junta de Gobierno compuesta por el general liberal Juan José Estrada, presidente provisional, y Adolfo Díaz, conservador, vicepresidente; Estrada se ve obligado a renunciar y asume Adolfo Díaz no sin antes librar una cruenta guerra con el pretendiente, no sin razón, a la presidencia, el general conservador Luis Mena, “El Tigre” Mena, quien se ve forzado a abandonar el país dejando en Benjamín Zeledón la resistencia libero-conservadora que sucumbe con la intervención de Estados Unidos solicitada por Díaz, con el que se inaugura la “Segunda República Conservadora”, mucho más inestable que el período de los Treinta Años.

Sin referirse a este período, sino al de Sandino, pero consecuente, el célebre historiador británico Arnold J. Toynbee, en su libro Los Estados Unidos, Méjico y Nicaragua, Aldila editor, dice: “En lo externo, una temprana y efímera conexión política con México y varios intentos subsiguientes de unión o federación con algunas o con todas sus hermanas repúblicas centroamericanas habían fracasado, uno tras otro, por el localismo; e internamente el mismo espíritu localista había hecho de la política nicaragüense una presa de las luchas entre las facciones provinciales, luchas nunca decisivas, y por tanto incesantes. Aunque esas facciones se disfrazaban bajo los nombres de un Partido Liberal y un Partido Conservador... Bajo la égida de la doctrina Monroe —que excluía todo poder que no fuera el de Estados Unidos para llenar los vacíos políticos en el Nuevo Mundo—, esta situación en Nicaragua, que ya había durado un siglo, podía haber continuado indefinida si Estados Unidos no hubiera intervenido en los asuntos internos de Nicaragua”.

Así las cosas, en su empeño de expulsar a Zelaya del poder, Estados Unidos apoyó la rebelión encabezada desde Bluefields por Juan José Estrada, a quien llegando al poder obligaron a firmar los llamados Pactos Dawson, empréstitos con la banca norteamericana, de Wall Street, que empeñaban a Nicaragua en su presente y su futuro, garantizados con la administración de los bienes nacionales, tales las Aduanas, el Ferrocarril y el Banco Nacional por medio de manos norteamericanas, impuestos en dicho “pacto”.

Pero lo más grave es, además de llevarse la tajada de león la banca extranjera, los empréstitos así asumidos, que fueron “honrados” por los siguientes 15 años hasta la llegada a la presidencia de don Bartolomé Martínez, tenían sus destinatarios nombre y apellido.

El historiador Jorge Eduardo Arellano en su libro La Pax Americana en Nicaragua, Academia de Geografía e Historia y fondo editorial CIRA, establece con precisión: “A los referidos Pactos Dawson —que recibieron ese nombre en honor a su creador Christopher Dawson, Agente Especial en Nicaragua, ex ministro en Panamá y ex Recaudador de las Aduanas de Santo Domingo— se subordinaron al pie de la letra las cuatro administraciones presidenciales surgidas hasta principios de los años veinte... dichos “pactos” constituían una condición sine qua non para obtener el Gobierno de Nicaragua el reconocimiento de Estados Unidos... Dos de ellos eran políticos (la convocatoria de una constituyente para elegir Presidente a Estrada y Vicepresidente a Díaz por dos años, además de excluir al elemento zelayista y de señalar que Estrada no podía volver a ser electo), el tercero económico y el cuarto financiero. El económico creaba una Comisión Mixta —que estaría formada por dos estadounidenses y un nacional— para el arreglo, en primer lugar, de reclamaciones por daños sufridos durante el régimen de Zelaya. Pero el más importante, porque expresaba fielmente la política exterior de Estados Unidos, era el financiero: negociar un empréstito con los banqueros de Nueva York garantizada por las rentas aduaneras y bajo el estricto control de un Recaudador de Aduanas, nombrado por Washington, que debía ser ciudadano estadounidense”.

Dos testigos de la suscripción de dichos “pactos”, el general Emiliano Chamorro y el doctor Carlos Cuadra Pasos, nos dice el primero en su autobiografía (Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano No. 67, abril 1966): “Nuevamente se dirigió el Gobierno del General Estrada al ministro Castrillo para que hiciera saber al Departamento de Estado su aceptación por el envío del representante de Estados Unidos para discutir con él las bases del reconocimiento y pocos días después del cruce de estos mensajes llegó a Managua Mr. Thomas C. Dawson con su señora esposa, una elegante y bella brasileña. Muy conforme con el modo de ser norteamericano, es decir sin pérdida de tiempo, tan pronto como llegó Mr. Dawson a Managua, se presentó al general Estrada para informarle de las condiciones que su gobierno requería para otorgar el reconocimiento de su Gobierno al Gobierno del general Estrada”.

Don Carlos Cuadra Pasos, Obras, Fondo Cultural Banco de América, 1976: “Dawson arribó a Corinto en un barco de guerra. Yo fui enviado por el presidente general Juan J. Estrada a recibirlo en el puerto en un tren expreso, llevando un piquete de la guardia de honor para su resguardo, y la Banda de los Supremos Poderes para sus honores... Conversamos durante el trayecto sobre todas las cosas que él se proponía. Y al exponerle mis pensamientos con entera franqueza fue adquiriendo confianza conmigo y se abrió de tal manera que me hizo percibir la triste situación en que estábamos colocados, no de un país intervenido, sino como ya dije anteriormente de un país vencido”.

Otro tratado del mismo signo sería suscrito en 1914, el “Tratado Chamorro-Bryan”, y en 1927 el “Pacto del Espino Negro”, lo que nos enseña que los onerosos pactos no son nuevos en nuestra historia. Ojalá pudiésemos aprender del pasado, pero la sujeción a un gobierno extranjero parece ser la tónica nacional. Quizás por eso no podemos salir de la mediocridad moral y política, que trae como consecuencia la pobreza material y el eterno subdesarrollo.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda