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Noticias >> Internacionales
María Elbia Palate (C) llora sobre el ataúd de su hermano Carlos Alonso Palate, en Picaihua, Ecuador. (LA PRENSA/AP)
Dolor en sepelio de víctima de ETA
Picaihua, Ecuador (AP)

Miles de personas colmaron el pequeño cementerio de este poblado andino y otras se encaramaron en los sitios más altos del lugar para presenciar el entierro de Carlos Alonso Palate, una de las dos víctimas fatales del reciente atentado atribuido a ETA en España.

Sobre los hombros de amigos y familiares, el féretro ingresó ayer al cementerio en medio de aplausos y una lluvia de pétalos de rosas.

La incomodidad y el sofocamiento provocado por la multitud hizo que la madre de Palate, María Basilea Sailema y su hermana María Elvia no permanecieran en el cementerio hasta el final del entierro y tuvieran que expresar su dolor en las afueras del sitio. Ambas sufrieron momentáneos desvanecimientos. Mientras adentro, sus otros dos hermanos y parientes seguían el ritual.

El féretro salió desde la casa donde vivía Palate antes de emigrar a España, recorrió en hombros, las polvorientas calles del poblado, llegó hasta las afueras de la iglesia, en la plaza central para finalmente ser llevado al cementerio de Picaihua, 230 kilómetros al suroeste de Quito.

Llanto de madre

Mijito lindo a mí solita me vas dejando, decía la madre de Palate, quien sostenida de los brazos por uno de sus hijos y un familiar, caminó cerca de tres kilómetros junto a decenas de personas acompañando los restos de Palate desde su hogar donde eran velados desde el viernes hasta la iglesia principal del poblado.

Vestida con un poncho negro, una falda negra y sombrero café, la mujer de 61 años y que sufre graves problemas en su visión, seguía el paso de la masiva caravana.

Su llanto y sus palabras de dolor, en una suerte de relato-cántico, no se detuvieron durante todo el recorrido.

El agotamiento y el ánimo de la hermana de Palate, María Elvia, hizo que en el camino perdiera el sentido en más de una ocasión.

Los amigos del futbol

Con dolor se despide tu equipo del alma. Con abundantes lágrimas (por) tu muerte inesperada, se podía leer en una pancarta dedicada a El Tanque, como lo llamaban amigos y compañeros del equipo de fútbol de su barrio. Una bandera del club de futbol favorito de Palate, El Nacional, cubrió el féretro todo el tiempo y con ella fue enterrado.

En las afueras de la iglesia de Picaihua, se improvisó un altar y se ofreció la misa de honras fúnebres. Miles de personas que incluso vinieron de otras poblaciones cercanas, colmaron la plaza principal y el cementerio.

No lo conocía pero su muerte fue una tragedia y quería acompañarlo. Quién iba a pensar que se fue en busca de trabajo y regreso así, comentó a la AP, Gloria Morales, una ama de casa de 55 años que junto a su hijo llegaron de Ambato.

Palate residía en España desde el 2002, donde viajó en busca de trabajo. Era el sostén de su humilde familia.

El tío del fallecido, Luis Antonio Palate, quien vive en Valencia y que acompañó al cuerpo desde España junto a otros familiares y autoridades de ese país, dijo a la AP que lo más seguro es que por ahora, uno de los hermanos de Palate, Jaime, viaje al país ibérico acogiéndose a los derechos de ciudadanía y al apoyo ofrecido por el gobierno español.

El día del atentado Palate había llegado de Valencia al aeropuerto de Madrid para acompañar a un amigo que esperaba a un familiar. El acontecimiento lo sorprendió al parecer dormido en su automóvil aparcado en la terminal 4 del aeropuerto de Barajas.

Repatrian restos de la otra víctima

Un avión con el cadáver de Diego Armando Estacio, el otro joven ecuatoriano muerto en el atentado atribuido a la banda armada vasca ETA, partió el viernes de una base militar cercana a Madrid rumbo a Ecuador, dijeron las autoridades.

Estacio fue uno de los dos ecuatorianos muertos el 30 de diciembre por una carga explosiva detonada por los etarras en una torre de estacionamiento del aeropuerto madrileño, que acabó con una tregua de nueve meses decretada por la banda armada.

El cadáver de Estacio fue acompañado por 29 familiares en un Boeing 707 militar, acompañados por tres sicólogos y funcionarios del gobierno de España.

Estacio acudió el 30 de diciembre al aeropuerto junto con su novia, Verónica Arequipa, para recoger a unos familiares procedentes de Ecuador.

Mientras Arequipa se dirigió a la zona de llegadas internacionales de la terminal, Estacio se quedó a dormir en su vehículo. A causa de la explosión le cayeron encima tres pisos de hormigón armado y vigas de acero.

El cadáver de Estacio, de 19 años, fue localizado con la ayuda de una cámara de televisión de fibra de vidrio operada por control remoto a través de una estrecha galería abierta manualmente entre los escombros.

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