Alguien vino en mis sueños
a turbar la noche.
Yo soy la envidia, me dijo,
y me afecta tu paz.
Y estoy interesada en destruir todo lo tuyo
pues me entristecen tus éxitos.
Por eso, has de pagar con creces
tu sonrisa,
y tu abominable alegría.
¿Qué derecho tenés vos
de encontrar la felicidad
hasta en las piedras...?
¿Quién te ha facultado
para hacer propias las olas del mar
y escribir tus poemas en el viento…?
¿Adónde crees que irás
cuando te mueras,
si el cielo sólo existe
en las llamadas sagradas escrituras…?
No, vos no vas a ninguna parte.
Vos no tenés razón de vivir
esos ensueños,
y mucho menos creer en dios
y en la madre de Cristo.
Todo eso es cursilería barata,
como el pesebre, la vaca y el buey.
Nada de eso puede ser cierto,
así lo veo yo, desde la amargura de mi corazón.
Así lo siento, desde la oscuridad
de mis sentimientos…
Y lo expreso,
desde todo mal, amén.