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Alguien vino en mis sueños a turbar la noche. Yo soy la envidia, me dijo, y me afecta tu paz. Y estoy interesada en destruir todo lo tuyo pues me entristecen tus éxitos. Por eso, has de pagar con creces tu sonrisa, y tu abominable alegría. ¿Qué derecho tenés vos de encontrar la felicidad hasta en las piedras...? ¿Quién te ha facultado para hacer propias las olas del mar y escribir tus poemas en el viento…? ¿Adónde crees que irás cuando te mueras, si el cielo sólo existe en las llamadas sagradas escrituras…? No, vos no vas a ninguna parte. Vos no tenés razón de vivir esos ensueños, y mucho menos creer en dios y en la madre de Cristo. Todo eso es cursilería barata, como el pesebre, la vaca y el buey. Nada de eso puede ser cierto, así lo veo yo, desde la amargura de mi corazón. Así lo siento, desde la oscuridad de mis sentimientos… Y lo expreso, desde todo mal, amén.
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