El Centro Nicaragüense de Escritores editó, recientemente, la obra de crítica literaria escrita por la doctora Isolda Rodríguez Rosales En el País de las Alegorías.
Isolda Rodríguez ha sido por muchos años catedrática de Literatura Española y Nicaragüense en la UNAN - Managua y en la UCA. En esta última Universidad tuvo a su cargo la Dirección de la Escuela de Arte y Letras y del Departamento de Cultura. Además de su distinguida trayectoria docente, doña Isolda ha sido una gran animadora de las actividades artísticas y culturales en los centros universitarios donde le ha correspondido desempeñarse como docente e investigadora.
Conocida internacionalmente por su activa participación en Congresos y Seminarios, en América Latina y en España, tiene en su acervo una valiosa obra que enriquece la literatura, la historia y la crítica nacional, ya que como autora polifacética, Isolda ha publicado dos libros de cuentos (tiene, además, ya terminada una novela aún no editada); dos tomos dedicados a la historia de la educación en Nicaragua (el tercer tomo está por concluirlo). En este aspecto, la doctora Isolda Rodríguez es la mejor historiadora de la educación de nuestro país, pues sus libros son un ejemplo de rigor investigativo y de acopio de documentación. El otro campo cultivado por la doctora Rodríguez, y al cual pertenece el libro que hoy ponemos en circulación, es el de la crítica literaria moderna, que viene a unirse a otro libro suyo, publicado también bajo el sello editorial del Centro Nicaragüense de Escritores, Una Década en la Narrativa Nicaragüense y otros Ensayos (1999).
La línea de modernidad crítica la continúa la Rodríguez con su nuevo libro: En el País de las Alegorías, escrito en elegante lenguaje y que por la estructura que le ha dado a cada ensayo resultan, a la vez, sumamente didácticos. Sin duda, este libro será de gran utilidad para los profesores y catedráticos de literatura nicaragüense.
El libro se inicia con dos magníficos ensayos sobre la compleja y genial personalidad de Rubén Darío. En el primero de ellos, bajo el título El Poeta Escindido, doña Isolda hace un interesante análisis sicológico de los estados anímicos contradictorios que nos revelan los poemas de Cantos de Vida y Esperanza, llegando la autora a la conclusión que: “En Cantos de Vida y Esperanza Darío se revela como un hombre desencantado, atormentado por las dudas, pero a la vez optimista, vital, con ansias de apurar hasta el fondo la copa. Es un libro que refleja diversos estados anímicos, voces tristes y alegres, pensativas y despreocupadas. La luz y la oscuridad. Lo blanco y lo negro. Los opuestos en tensión, en contrapunto, para lograr la armonía, la unidad de sentido”.
En el otro ensayo dedicado a nuestro máximo poeta El Oro de Mallorca: La Angustia como Constante y el Intertexto como Recurso, la doctora Rodríguez hace un fino análisis de la novela, para algunos, inconclusa, de Darío, El Oro de Mallorca. En este ensayo, la autora nos dice: “Existe unanimidad al considerar El Oro de Mallorca como una novela testimonial, confesional, en la que Darío deja traslucir sus más íntimos pensamientos, sus recuerdos y evocaciones de una niñez llena de temores y experiencias religiosas”. Además, demuestra cómo Darío manejó con gran maestría en muchos de sus escritos, tanto en prosa como en verso, el modernísimo recurso, propio de la narrativa contemporánea, conocido con el intertexto. En este segundo ensayo, Isolda concluye que: El Oro de Mallorca deviene en una estremecedora novela confesional, que a pesar de la sencillez estilística, conmueve al lector con la sinceridad de una profunda catarsis, que permite conocer la enorme crisis existencial que el autor vivía en los últimos años. Novela muy humana, emotiva en su simplicidad. Abre una ventana al yo íntimo del poeta y permite asomarse y compartir esas interrogantes sin respuesta que han conmovido a la humanidad consciente”.
Otro de los ensayos sobresalientes en el libro es el dedicado a la poesía del Padre Ángel Martínez: Río Hasta el Fin: Eco Total de la Palabra, en el cual la autora subraya, como características predominantes en la poesía de este poeta español “renacido en Nicaragua”, como a él le gustaba decir, la permanente búsqueda de Dios y el manejo de un estilo “de gran economía léxica para expresar ideas de enorme profundidad”. Califica Río Hasta el Fin, quizás el poema más significativo del P. Ángel, como “un hermoso poemario de la más alta calidad literaria, con versos construidos con manejo conceptista… El poeta, como los místicos del Renacimiento español, anhela remontarse a las alturas “a fuerza de alas”, pero siente las ataduras de lo terreno. Es un debatirse en el ansia de lo divino, pero sin despreciar lo humano”.
El libro comprende también ensayos sobre la noveleta de Pablo Antonio Cuadra, ¡Vuelva, Güegüence, Vuelva!, Poesía reunida, de José Cuadra Vega, Vida Perdida y La Revolución Perdida de Ernesto Cardenal, Mil y una Muertes, de Sergio Ramírez, El Lienzo del Pajaritero y Réquiem en Castilla del Oro, de Julio Valle Castillo, sobre la poesía mística de Michèle Najlis, La Promesante de Rosario Aguilar, Una Perfecta Desconocida y Vida y Milagros, de Mercedes Gordillo.
Hemos dejado de último la mención de los dos ensayos dedicados a Lizandro Chávez Alfaro, sobre su novela Columpio al Aire y la colección de cuentos Hechos y Prodigios, por cuanto son trabajos que nos anuncian el libro que actualmente tiene la doctora Rodríguez en preparación sobre la narrativa del recientemente desaparecido escritor caribeño. De Columpio al Aire, la crítica Rodríguez afirma: “En síntesis, dialógico es el discurso que presenta dos culturas divididas: la del Caribe y la del Pacífico, católica y española que pretende ignorar la herencia cultural, multiétnica y multilingüe de la “otra”, la del Caribe”. “Chávez Alfaro reescribe la historia olvidada del reino mískitu, empleando para ello recursos narratolgógicos propios de la novela “post-boom”. Es la historia desde la perspectiva de la “otredad”, escrita con habilidad y maestría. Con un estilo riguroso, donde se aprecia la búsqueda del término preciso, el empleo de lenguaje de gran belleza poética, Lisandro Chávez Alfaro permite la lectura de una historia que ha sido in- visibilizada y hasta menospreciada por la historiografía nicaragüense”.
Y de los relatos breves incluidos en Hechos y Prodigios, Rodríguez señala que “son un ejemplo de lo que debe ser el trabajo del escritor: una búsqueda constante de nuevas formas, de la excelencia en el dominio del lenguaje. No hay un vocablo de más, ni frase que sobre. Demuestra que la brevedad es un arte, y hace suya la famosa frase conceptista acuñada por Baltasar Gracián: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”; a través de ellos, refleja una gran maestría escritural. Son trabajos planificados, como diría Carlos Martínez Rivas, como un crimen perfecto”.
Bien ha hecho la Junta Directiva del Centro Nicaragüense de Escritores de auspiciar la publicación del libro de la doctora Rodríguez, que pone en manos del público lector, pero especialmente de los profesores de Literatura Nicaragüense, una magnífica obra de crítica moderna sobre varios de nuestros mejores poetas y narradores.