La difícil situación social y económica del país será el principal reto de Daniel Ortega como nuevo Presidente de Nicaragua, donde el 47 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza y el 17 por ciento en extrema pobreza.
En su campaña electoral, el líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) despertó grandes expectativas con sus promesas de reducir a cero el desempleo, el analfabetismo, la pobreza y los problemas en el sector de la Salud, así como el déficit de 400,000 viviendas.
Además, afirmó que su gobierno pondrá fin al problema de la crisis energética y al de la infraestructura, especialmente en el sector de las carreteras.
Ortega tendrá que empezar a cumplir esas promesas a partir del próximo miércoles, cuando está previsto que asuma la Presidencia de la República tras ganar las elecciones del pasado 5 de noviembre.
Desde comienzos de 2006, Nicaragua afronta apagones eléctricos que se agudizaron en agosto pasado cuando el racionamiento energético alcanzó de cuatro a doce horas diarias, lo que también interrumpe el servicio de agua potable.
MUCHOS POBRES
Las estadísticas del país indican que el 47 por ciento de la población rural no tiene acceso al servicio de agua potable, mientras que el 53 por ciento no tiene energía eléctrica.
La tasa de mortalidad derivada de la maternidad es de 150 por cada 100,000 nacimientos de niños vivos, mientras que el 27 por ciento de la niñez sufre desnutrición, y en 58 de los 153 municipios de Nicaragua hay problemas de desnutrición grave y extrema.
En el campo de la educación, todos los años 800,000 niños se quedan fuera de las aulas escolares.
Con una población de 5,142,098 habitantes, la tasa de crecimiento es del 1.7 por ciento y la densidad de 43 personas por kilómetro, según el último censo electoral.
Según cifras oficiales, la tasa de desempleo a noviembre de 2005 era del 5.6 por ciento, pero la tasa de subempleo es del 49 por ciento.
La pregunta que los analistas independientes se hacen es con qué recursos contará Ortega para mejorar el panorama económico y social del país, cuyo crecimiento económico en el 2006 ha sido del 3.7 por ciento y presupuesto nacional del 2007 es de 1,500 millones de dólares.
¿PLATA DE DÓNDE?
Según el ministro nicaragüense de Hacienda y Crédito Público saliente, Mario Flores, la cooperación internacional se mantendrá con flujos de 400 a 450 millones de dólares al año hasta el 2009.
El secretario de relaciones económicas y cooperación de la Cancillería nicaragüense, Mauricio Gómez, advirtió que parte de esta ayuda exterior depende de que Ortega logre firmar un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El anterior programa económico firmado por el presidente saliente Enrique Bolaños con el FMI finalizó el 12 de diciembre pasado.
El líder sandinista a su vez mantuvo ya conversaciones informales con misiones de alto nivel del FMI, que continuará en las próximas semanas, para explorar las posibilidades de la firma de un nuevo acuerdo.
Con el fin de crear confianza, ha prometido no aplicar medidas radicales y dramáticas en la economía nacional y ha anunciado una política de puertas abiertas a los inversores nacionales y extranjeros, mientras que a la prensa le ha asegurado la libertad de información.
SU ESPERANZA ES CHÁVEZ
El economista sandinista Orlando Núñez, designado para ejecutar el Programa Hambre Cero y Lucha contra la Pobreza, declaró a la prensa que el gobierno de Ortega contará con la cooperación del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para luchar contra la crisis energética, el déficit de viviendas y los problemas de la salud.
Según Núñez, como resultado de un alto porcentaje en la falta de ejecución de programas durante el gobierno de Bolaños, hay recursos, en cantidad que no precisó, para invertir en la lucha contra la pobreza.
El presidente Bolaños, a su vez, ha afirmado que deja a Ortega “la mesa servida” con al menos 1,500 millones de dólares contratados y listos para ser desembolsados, en vez de deudas como ha resultado en el traspaso de anteriores gobiernos.
Daniel Ortega se debatirá en materia de política exterior, tras asumir el próximo miércoles la Presidencia de Nicaragua, entre sus lazos con el jefe de Estado venezolano, Hugo Chávez, y su compromiso de mantener la armonía con EE.UU.
Como antiguo enemigo de Washington, son muchos quienes prevén que Ortega se unirá al frente latinoamericano que Hugo Chávez pretende consolidar contra el presidente de EE.UU, George W. Bush.
Para otros, Ortega, de 61 años, y ante su segunda oportunidad de gobernar después de 17 años haciéndolo “desde abajo”, como él mismo definió el ejercicio de su oposición durante ese tiempo a tres Gobiernos neoliberales, no desafiará a EE.UU., sino que se perfilará como un izquierdista moderado.
Este mismo sector de opinión considera que el líder sandinista optará por un estilo de gobierno moderado, económicamente pragmático y con gran énfasis social, similar al que practican Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina, Tabaré Vázquez en Uruguay, Alan García en Perú y Michelle Bachelet en Chile.
“Si él (Ortega) es un hombre sensato, va a llevar una línea de izquierda moderada, porque además la izquierda extrema no lo conduce a nada”, comentó a EFE el analista político y ex canciller nicaragüense Emilio Álvarez Montalván.
Ortega no ha explicado aún qué tipo de política exterior ejercerá en su nuevo mandato de cinco años y se ha limitado a decir en el caso de EE.UU. que desea tener relaciones armoniosas y de respeto con ese país.
“RELACIONES RESPETUOSAS”
“Nosotros estamos abiertos a relaciones respetuosas con todos los países del mundo, relaciones respetuosas con los EE.UU., pero queremos respeto”, dijo Ortega en Panamá, donde se reunió con el mandatario de ese país, Martín Torrijos, durante su primera visita como presidente electo de Nicaragua.
Torrijos, un hombre de izquierda muy bien relacionado con EE.UU. y al frente del país más emergente económicamente de la región, puede convertirse en uno de los apoyos más importantes que encuentre Ortega, según dijeron a EFE fuentes diplomáticas.
De hecho, el líder sandinista ya ha establecido varios contactos con empresarios panameños cercanos a Torrijos, quien parece dispuesto a colaborar estrechamente con su colega nicaragüense “mientras este mantenga políticas económicas y diplomáticas sin estridencias”, añadieron las mismas fuentes.
Por parte de EE.UU, su secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Thomas Shannon, dijo que se ha desarrollado “una base para el diálogo” entre ambos gobiernos, tras un reciente encuentro con Ortega en Managua,
“Para nosotros, lo importante no es si un gobierno tiene tendencia hacia la derecha o a la izquierda, lo importante es que haya un compromiso por la democracia”, agregó Shannon.
Los más escépticos y críticos hacia Ortega recuerdan que éste, tras una gira por Centroamérica como presidente electo, luego visitó Cuba, Venezuela y Bolivia, países con conforman junto a Venezuela el bloque latinoamericano antiestadounidense.
Para ellos, Ortega y el presidente electo de Ecuador, Rafael Correa, se sumarán al nuevo “eje” que ya integran, según consideran, Venezuela, Cuba y Bolivia.
“Este precario equilibrio entre Bush y el eje Chávez, demandará firmeza y prudencia diplomática al mismo tiempo, porque Nicaragua tiene un margen de flexibilidad cero para jugar al populismo revolucionario”, opinó el director del semanario Confidencial, Carlos F. Chamorro, hijo de la ex presidenta Violeta Barrios (1990-1997).
PELIGROS
“Cualquier aventura internacional que embarque al país en un clima de conflicto y confrontación conduciría al desastre seguro, en detrimento de la lucha contra la pobreza”, agregó.
El ex canciller Álvarez Montalván insistió en que Ortega no tomará partido en esta ocasión, como en los años 80, porque no hay Guerra Fría ni Venezuela es “súper potencia” como la ex Unión Soviética.
El regreso de Daniel Ortega a la Presidencia de Nicaragua, esta vez por la vía democrática, supone también una nueva oportunidad para el sandinismo, que gobernó en este país centroamericano entre 1979 y 1990.
Con el 38 por ciento de votos obtenidos en las elecciones del pasado 5 de noviembre, Ortega retorna a la presidencia en un contexto distinto al de 1979, cuando coordinó la junta de Gobierno sandinista hasta 1984 y presidió la república de 1985 a 1990, tras el derrocamiento de la dictadura somocista por un movimiento guerrillero armado.
El líder sandinista gobernó Nicaragua en los años 80 en régimen de dictadura “revolucionaria”, aliado de la extinta Unión Soviética y de Cuba, en medio de la confrontación Este-Oeste y una guerra civil en su país.
Ortega no tiene otra opción que “renegociar” los acuerdos con el FMI si desea que su Gobierno siga recibiendo recursos de la comunidad internacional, que representan casi un tercio del presupuesto de este país, y así poder cumplir sus promesas de campaña.