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El año viejo y el nuevo
Migdonio Blandón B.
El autor es empresario

El tiempo es el mismo para todos. Pero a algunos se les ha acabado o está por acabarse

El año nuevo es parte importante de la medida que la humanidad cambiada y diversificada le ha dado al tiempo, el que teniendo físicamente su fin determinado, para Dios y su reino celestial es infinito. El año que se fue dejó diversas remembranzas, según las vitales circunstancias en que cada quien normalmente lo haya empleado. El tiempo en sí, ha sido el mismo para todos. Para unos se le ha acabado o está por acabarse. Otros, conscientes de su valor y de ser aquí transeúntes, lo han aprovechado a plenitud.

Con pena debe reconocerse que muchos por ignorancia, irresponsabilidad o egolatría lo han despilfarrado viviendo en la miseria integral o en el fatuo hedonismo, que al final del determinado tiempo de cada quien, si no ha vuelto sus pasos al camino de la salvación por el que Nuestro Señor Jesús al redimirnos a todos nos ha señalado, a la hora de su comparecencia ante el supremo juez, sólo Él sabe cómo ha de tratarle.

Globalmente la ciencia y la tecnología han avanzado de forma impresionante, expandiendo día a día la comunicación humana y en todo sentido las condiciones de vida de quienes a ello en mayor o menor grado han logrado tener acceso; pero, con pena debe reconocerse también, que a pesar de tales avances y la riqueza potencial que el Creador ha dejado en el universo entero, de manera específica a los humanos, por generaciones, la miseria integral ha venido creciendo.

Todo porque aun a pesar del don de sabiduría, más su infinita misericordia, deslumbrados por vanos espejismos, la mayoría de una u otra forma ignoramos sus mandatos. El famoso científico estadounidense de origen alemán Albert Einstein, ha dicho que: “El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir”. El que tal cosa dice y que en su exitosa existencia abrió tantas puertas, es alguien que con pruebas fehacientes acredita su testimonio.

Vale la pena que quien no haya recibido la gracia de la fe, se asome a dichas puertas y la pida con humildad, que Dios a nadie se la niega. Así, con el optimismo de una fe expectante, esperar que en este año nuevo todo sea mejor. Para el cristiano que en lo posible trata de hacer vivencia su fe, el futuro aun en la tribulación, siempre ha de ser mejor. Jesucristo nuestro Señor ha dicho que: “Su Reino no es de este mundo pero que dentro de nosotros está”

Dios no quiere que ninguno de sus hijos se pierda ni que viva en la miseria y mucho menos que sea ignorante. Son raras las excepciones de quienes habiendo nacido con imperfecciones físicas o que por circunstancias sean minusválidos, no hayan sido compensados por Él para enseñar a muchos, que ellos como ángeles nos abren el camino para acompañándoles seguirle; y en algunos casos ver palpables sus maravillas.

A todos en mayor o menor grado da la capacidad de superarse. En libertad, con el libre albedrío permite que cada quien a voluntad se trace su destino. Para no perderse en vericuetos torcidos, es aconsejable que durante el tiempo que se nos depare y que no sabemos cuánto es, asomarse a las puertas desde donde se vislumbra Dios y cumplir sus mandatos, contribuyendo desde el nuevo año a hacer siempre su voluntad.

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