El recién estrenado 2007 amenaza con ser el año más cálido en la historia de la Tierra, siguiendo la peligrosa tendencia que muestra el actual invierno europeo con preocupantes temperaturas dignas de primavera.
“Hay un 60 por ciento de posibilidades de que 2007 sea tanto o más cálido” que 1998, el año más caluroso en la historia del planeta, advirtió esta semana el servicio de meteorología británico, cuyas previsiones anuales —consideradas “notablemente precisas”— coinciden con las estimaciones de la Organización Mundial de Meteorología (OMM).
En 2007 “la temperatura mundial debería estar 0.54 grados centígrados por encima de la media de 14.0 grados”, establecida en un período de largo plazo (1961-1990), según los expertos británicos.
La previsión para este año equivaldría a una media de 14.54 grados en todo el planeta, superando así el récord de 1998 de 14.52 grados.
“El récord potencial de 2007 deriva en parte de la moderada intensidad de El Niño, que ya se instaló en el Pacífico y que debería persistir en los primeros meses del año”, explicaron los meteorólogos británicos, cuyas previsiones sólo tienen un margen de error de 6 centésimas de grado.
Los científicos resaltaban así la influencia en el clima global del fenómeno vinculado con el calentamiento de las aguas del océano Pacífico que perturba el clima de las costas occidentales de América del Sur y del este de África.
La preocupante previsión británica confirma, además, la tendencia ya registrada en 2006, sexto año consecutivo más cálido en la historia del planeta, según la OMM.
“Decir que el calentamiento climático es planetario no significa que sea uniforme. Puede ser más acentuado en algunas regiones y menos sensible en otras”, explicó Jean Michel Jarraud, director general de la OMM.
Jarraud, sin embargo, se mostró tajante al apuntar directamente al culpable del problema: el hombre y la utilización incorrecta del progreso técnico.
En todo caso, esas diferencias no impidieron que 2006 haya sido un año marcado por prolongadas sequías en el Cuerno de África, Australia y China e inusuales inundaciones en el este de Europa, África y algunos países de América Latina.
Asia se vio azotada por una estación de ciclones especialmente dura, Estados Unidos vivió los nueve meses más cálidos de su historia y Europa disfrutó de un otoño (boreal) con suaves temperaturas nunca registradas en los últimos tres siglos en países como Gran Bretaña, Holanda y Dinamarca.
Rusia incluso se está convirtiendo en una de las principales víctimas de este invierno clemente con serios efectos sobre la fauna del país.
Los osos pardos de la estepa siberiana retrasaron su hibernación, ‘desconcertados’ por la falta de nieve. Sus peligrosos parientes blancos del noreste ártico sembraron el pánico cuando se acercaron a las zonas habitadas de la región de Chukotka.
“El hielo no era lo suficientemente sólido. No podían pescar y tuvieron que buscar su alimento en los pueblos”, comentó un experto, para explicar la presencia de unos 170 osos blancos en la zona.
Además, los desórdenes climáticos favorecieron grandes incendios que, a su vez, destruyeron cosechas y enormes extensiones de bosque, únicos ‘pulmones’ que tiene la Tierra para defenderse de las emisiones de gases que crean el efecto invernadero y, por tanto, aumentan la temperatura del planeta.
Por si fuera poco, el deshielo del Polo Norte se aceleró, según la OMM. En septiembre de 2006, la superficie glaciar —reducida a 5.9 millones de km2— alcanzó su nivel más bajo de la historia. El ritmo de deshielo del Ártico, de 8.6 por ciento por decenio, totalizará en los próximos 10 años los 60,421 km2, es decir, una superficie “mayor que Suiza”.
De seguir así, el hielo del Polo Norte y Groenlandia podría desaparecer antes de 2040, según un estudio publicado recientemente por la revista estadounidense Geophysical Research Letters.
Habrá que esperar a la reunión, prevista para principios de febrero en París, para ver si se confirman las negras previsiones del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (GIEC).