El regreso de Daniel Ortega a la presidencia de Nicaragua, esta vez por la vía democrática, supone también una nueva oportunidad para el sandinismo, que gobernó en este país entre 1979 y 1990.
Con el 38 por ciento de votos obtenidos en las elecciones del pasado 5 de noviembre, Ortega retorna a la presidencia en un contexto distinto al de 1979, cuando coordinó la junta de Gobierno sandinista hasta 1984 y presidió la república de 1985 a 1990, tras el derrocamiento de la dictadura somocista por un movimiento guerrillero armado.
El líder sandinista gobernó Nicaragua en los años 80 en régimen de dictadura "revolucionaria", aliado de la extinta Unión Soviética y de Cuba, en medio de la confrontación Este-Oeste y una guerra civil en su país.
El bloque socialista que ayudó en buena parte a subsistir al Gobierno sandinista dejó de existir con la caída del Muro de Berlín, en 1989,hace 17 años y uno antes de que Ortega perdiera el poder en las urnas frente a la ex mandataria Violeta Chamorro (1990-1997).
En cambio, la llamada globalización, los acuerdos económicos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y tratados de libre comercio dominan ahora el panorama mundial.
RENEGOCIAR
En ese contexto, según los analistas locales, Ortega no tiene otra opción que "renegociar" los acuerdos con el FMI si desea que su Gobierno siga recibiendo recursos de la comunidad internacional, que representan casi un tercio del presupuesto de este paÍs, y asÍ poder cumplir sus promesas de campaña.
Ortega también tiene el reto de conciliar el acuerdo comercial que Nicaragua, en conjunto con los demás países centroamericanos y República Dominicana, firmó con EEUU (DR-Cafta), y la Alternativa Boliviana de las Américas (Alba), que impulsa el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, un amigo del líder sandinista.
"En ese tema Ortega tendrá que buscar como mantener una posición de equilibrio, entre una y otra, y buscar como sacar mayor provecho a ambas", ha sugerido el disidente sandinista Edmundo JarquÍn, ex candidato presidencial.
Aunque hasta ahora Ortega se ha manejado con "mucha madurez y prudencia", según el analista político y ex embajador de Nicaragua en EE.UU. en los años 80, Carlos Tunnerman, existe temor en la región de que el líder sandinista retorne a su discurso anti-imperialista y combativo.
"El temor que hay en algunos sectores es que el Ortega pragmático, que pareciera que ha venido predominando hasta el momento, sea sustituido, una vez en el poder, por el Ortega ideológico", dijo Tunnerman.
"Y que el Ortega ideológico lleve a una asociación más estrecha con la línea de la izquierda radical que encabeza el presidente Hugo Chávez, de Venezuela", agregó.
“NO COMPROMETER A NICARAGUA”
Para los analistas consultados por EFE, si el líder sandinista suma Nicaragua al "movimiento" de confrontación con EE.UU., junto a Bolivia, Cuba, Venezuela y posiblemente Ecuador, estará escribiendo la misma historia de los años 80.
Lo ideal, considera Tunnerman, sería que está vez Ortega no comprometa a Nicaragua con ningún bloque en el ámbito internacional.
A nivel interno, diversos sectores de la sociedad nicaragüense han recomendado a líder sandinista que abandone su alianza secreta con el ex gobernante y líder del liberalismo, Arnoldo Alemán (1997-2002), condenado a 20 años de cárcel por corrupción.
Fruto de esa alianza, Ortega y Alemán han llegado a controlar todos los poderes públicos de este país mediante reformas constitucionales.
A Ortega, esos sectores, entre ellos el Movimiento por Nicaragua, integrado por miembros de la sociedad civil y empresarios, le han sugerido buscar un acuerdo de gobernabilidad con las fuerzas emergentes que representan los liberales y sandinistas disidentes, porque a su juicio ganaría mayor legitimidad social.