El amigo César Augusto Bravo Vargas me escribió después que publiqué la columna sobre el Unicornio (LA PRENSA, 8 de diciembre, 2006) para decirme que a dicho caballo mitológico lo presentan también con alas y capacidad de volar, pero yo no mencioné ese detalle en mi escrito.
En realidad, el amigo Bravo Vargas se refiere a Pegaso, que era el otro caballo mitológico que sí tenía alas y podía volar.
Pegaso fue engendrado por Poseidón, el dios de los mares, en el vientre de Medusa, antes de que ésta fuera convertida en una monstruosa criatura que tenía serpientes en la cabeza, en vez de cabellos y convertía en piedra a quien la mirara a los ojos. Como Medusa hizo el amor con Poseidón en el interior de un templo de Atenea, la diosa de la sabiduría, ésta la castigó convirtiéndola en el monstruo que es como mejor se le conoce.
Medusa murió decapitada por el héroe Perseo y de la sangre de su cuello nació Pegaso, el maravilloso caballo alado y volador. Al nacer Pegaso fue adoptado por Atenea, quien lo mandó al Monte Helicón que estaba consagrado a Apolo, el dios de la luz, para que viviera allí junto con las Musas.
Por cierto que Pegaso fue el que, con el golpe de uno de sus cascos, golpeó el suelo para hacer la Fuente de Hipocrena, cuyas aguas, según la leyenda, concedían el don del canto bello a todo aquel que tuviera la oportunidad de beber de ellas.
Mientras tanto, la región de Lidia estaba siendo asolada por otro ser monstruoso que era llamado Quimera. Y entonces a Belerofonte, intrépido joven aventurero, se le encargó la tarea de matar a aquella monstruosa criatura y liberar a los lidios de su horroroso asedio. Pero todos los que habían querido acabar con la Quimera habían muerto en el intento.
Belerofonte fue al templo de Atenea a pedirle ayuda para cumplir la misión que le había sido encomendada. Atenea atendió el ruego de Belerofonte y le dijo que fuera al Monte Helicón y que atrapara allí al caballo alado Pegaso, pues con la ayuda de éste podría vencer a la Quimera. Y así fue, en efecto. Belerofonte pudo de esa manera matar a la Quimera e incluso se aprovechó de Pegaso para cumplir otras grandes hazañas que lo hicieron famoso y admirado en toda Grecia.
Sin embargo, como ocurre siempre a quienes adquieren poder y fama pero no tienen inteligencia ni humildad para administrarlas apropiadamente, a Belerofonte se le subieron los éxitos a la cabeza y lleno de arrogancia creyó que con Pegaso podría hacer todo lo que quisiese.
Un día Belerofonte quiso, montado sobre Pegaso, volar hasta el cielo y convertirse en un dios. Pero cuando emprendió su insensata aventura, Zeus que lo estaba observando desde arriba para detenerlo envió un avispón a fin de que mordiera a Pegaso. El caballo volador se encabritó al sentir la dolorosa mordedura y derribó a Belerofonte, quien se precipitó al vacío y murió al estrellarse contra la tierra. (Según otra variante de la leyenda Belerofonte no murió, sino que quedó inválido y fue condenado a arrastrarse por el mundo como ejemplo del castigo divino a la ambición humana desmedida).
En todo caso, Pegaso continuó su vuelo hacia el cielo, hasta llegar a la residencia de los dioses. Allí fue recibido por Zeus, quien le asignó la tarea de llevarle los truenos y los rayos, cada vez que quisiera o necesitara utilizarlos.
Además Pegaso fue colocado en el cielo como una constelación del hemisferio boreal, para que brillara allí eternamente.