Las declaraciones de los diputados del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Maximino Rodríguez y Wilfredo Navarro, plantean, curiosamente, un guiño de modernidad y visión política liberal, de ser cierto lo dicho por ambos, de que los 25 diputados que conformarán la nueva bancada de dicho partido, estarían dispuestos a romper con el pacto liberosandista, lo que generaría una nuevo comportamiento parlamentario y la posibilidad de un acercamiento liberal. Es por eso que, como bien decía el propio Arnoldo Alemán en su eslogan presidencial, “Obras, no palabras”, la pelota está en la cancha de esa bancada, pudiendo ahora legislar con visión de país y no de prebenda, de equipo y no de caudillo, de visión social y no de obcecación personal.
Las negociaciones a tres bandas de las que ellos hablan para la escogencia de la nueva Junta Directiva, dejan entrever señales de humo favorables de cara a los retos que se avecinan en el país, el que ahora cuenta con una nueva fuerza política y parlamentaria, la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) que irrumpió desde las pasadas elecciones como una alternativa política alterna al pacto.
El reto de todas las fuerzas políticas, está en saber desprenderse del personalismo y el favoritismo personal desde el poder público, drásticamente expoliado por los partidos mayoritarios en detrimento de los más pobres y de la nación en general.
No obstante, dada la excesiva codependencia existente entre los diputados liberales del PLC y Arnoldo Alemán con el Frente Sandinista, romper el pacto podría parecer difícil a todas luces; por eso, las declaraciones de estos diputados no generan credibilidad en un ciento por ciento.
La lección aprendida del resultado electoral, replantea urgencias necesarias, siendo una de estas la unidad total del liberalismo, demostrando así que esta fuerza, pese a sus errores y desaciertos, será la reserva política para las lecturas que se desprendan en el próximo quinquenio, así como para los nuevos procesos electorales.
Pero para esta unidad, se requiere de las autonomías propias de cada fuerza política y parlamentaria, y es ahí donde el PLC demostrará si en verdad aspira a convertirse en una fuerza política con convicción y razón, si logra negociar la elección de la nueva Junta Directiva, estableciendo acuerdos parlamentarios por encima de la mesa.
Los diputados del PLC pueden ser amigos de Arnoldo Alemán, pueden erigirle hasta un monumento, pueden idolatrarlo, pues las relaciones personales o afectivas nada tienen que ver con los actos institucionales y la política es, en todo caso, un eslabón más en la estructura concertadora del Estado; pero, por la esencia y el bienestar del liberalismo, deben reconocer que ahora existe una nueva fuerza política, la ALN, y sus acciones deben estar basadas en esa nueva realidad.
Dentro de pocos días Nicaragua inicia un nuevo sistema político, siendo un deber ciudadano propiciar espacios para la continuidad democrática. En este sentido, corresponde a las fuerzas democráticas, al sector privado y a la sociedad civil, motivar la sanidad en las estructuras partidarias.
Sólo así podrán estar preparadas para contribuir al consabido proyecto de nación, el que deberá estar conformado por una oposición sana e inteligente al sandinismo, pero que incluya además la puesta en práctica de una imaginación coherente y creativa que atraiga al ciudadano, en el que la ética, la verdad, la eficiencia administrativa, la sensibilidad humana, el sacrificio, la poesía y la conciencia social, sean las herramientas que la conformen.
El nuevo parlamentarismo en general, pero principalmente el del PLC, debe tomar en cuenta que la política, como acertadamente la define el filósofo Alejandro Serrano Caldera, no debe ser un instrumento en manos de caudillos y caporales para satisfacer sus intereses personales.
A lo mejor —quién sabe— quizás mis amigos Maximino Rodríguez y Wilfredo Navarro, quienes incluso podrían ocupar la presidencia del Parlamento —aunque, por derecho político le correspondería a la ALN, a su líder Eduardo Montealegre— y los otros 23 diputados de los que ellos hablan, ya se percataron de esta sentencia de nuestro pensador contemporáneo.
Maximino, Wilfredo: Obras, no palabras...