La toma del control por el Partido Demócrata del Congreso de Estados Unidos, trae en sí grandes cambios: la primera mujer presidenta de la Cámara de Representantes, un cambio de mando después de 12 años, y la gran misión de corregir el rumbo de la guerra en Irak, un tema que decidió las elecciones legislativas de noviembre.
Los demócratas no han querido darle a todo esto la trascendencia de aquel “Contrato con América” de Newt Gingrich en 1994 —una especie de mini- revolución conservadora—, cuando los republicanos quebraron décadas de continuismo de sus rivales, pero se plantean una agenda ambiciosa.
¿Qué puede esperar Latinoamérica con este relevo político en Washington?
Algunas voces no suenan muy optimistas. Otras dicen que habrá nuevos énfasis en las políticas estadounidenses. Las prioridades estratégicas de EE.UU. —en el mundo y en el hemisferio— no serán cambiadas radicalmente y son un factor que incita a moderar expectativas o a no temer tampoco giros trascendentales.
Vayamos por partes.
En cuanto a los TLC y al libre comercio en general, los antecedentes alimentan un cierto escepticismo. Numerosos demócratas están entre los oponentes a nuevos tratados que, dicen, “roban trabajos al pueblo de EE.UU.”
Colombia, Perú y Panamá son países que el año pasado concluyeron Tratados de Libre Comercio con EE.UU., los cuales deber ser ratificados por el Congreso. También está pendiente la renovación de las preferencias andinas para varios países sudamericanos.
Dos problemas se ven aquí. Por un lado, la autoridad especial de negociar los TLC del gobierno de George W. Bush por la vía rápida —acuerdos que no puede ser modificados, solamente aprobados o rechazados en su totalidad— vence en unos meses. No hay ninguna garantía de que esa autorización sea renovada, lo cual se ve improbable por ahora.
Además, los sindicatos son una parte importante de las bases demócratas tradicionales. Difícilmente querrá este partido arriesgarse demasiado —pese a la presión del lobby industrial y corporativo— en un año preelectoral. En 2008 serán los comicios presidenciales y los nuevos legislativos y este año verá el verdadero comienzo de la campaña.
Se estima que los demócratas desean mejorar los capítulos de derechos laborales y del medio ambiente en esos tratados.
Es difícil imaginar a la senadora Hillary Clinton —de quien se asegura lanzará su candidatura— apoyando convenios de este tipo si los aires de la opinión pública no soplan en esa dirección. Cada partido quiere tener al Presidente salido de sus filas y evitará cualquier movimiento que crea perjudicial.
El senador John Kerry, ex candidato presidencial, anunció en su campaña de 2004 que revisaría el DR-Cafta, aunque no es muy probable que un Congreso con desafíos más importantes se ponga a revisar TLC ya ratificados.
Otro aspecto donde se esperan cambios son los enfoques de las políticas regionales, señalándose que podría tenerse más atención a problemas sociales.
Latinoamérica no es prioridad de Washington ni lo será ahora. Lo son la guerra en Irak, el terrorismo, el desafío iraní, Corea del Norte nuclear y Medio Oriente en general. La lucha contra el narcotráfico seguirá siendo muy importante para EE.UU. Si se toma en cuenta que una de las misiones de los demócratas es reducir el gigantesco déficit fiscal —originado en gran medida por Irak—, debe moderarse el optimismo. Y no hay seguridad de que el Ejecutivo quiera trabajar de cerca con ciertos gobiernos de izquierda, principalmente con Hugo Chávez, quien intenta llenar los vacíos en el liderazgo estadounidense en la región.
Como bien lo señaló el jueves la nueva presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, los demócratas están conscientes de que el pueblo le dio la espalda a Bush y a los republicanos ante todo por el desastre de Irak, y les dio el mando del Congreso a ellos para que hallen una solución de salida de las tropas.
El último gran tema es la reforma migratoria. Los republicanos —y no pocos demócratas— adoptaron posturas antiinmigrantes porque el grueso del electorado no quiere ningún tipo de amnistía. Al final, este tema no decidió la elección.
El senador Harry Reid, jefe de la mayoría en el Senado, dijo que lidiarían otra vez este año con la reforma. Reid fue uno los promotores de un buen proyecto de amnistía migratoria. Pero al mismo tiempo, la Cámara de Representantes no tiene ese tema entre sus primeras diez prioridades.
Esas son, precisamente, las realidades del momento.