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El poeta Álvaro Urtecho e Isolda Hurtado. (LA PRENSA/Cortesía)
En breve
Arnulfo Agüero

Álvaro Urtecho Lacayo. Poeta, crítico literario y plástico, ensayista y periodista cultural. Nació en Rivas el 1 de noviembre de 1951. Fallece después de una larga enfermedad renal crónica, diabética, y una encefalopatía urémica en su casa de Las Brisas, en Managua, este 21 de diciembre del 2007.

Descendiente del general Isidro Urtecho Cabistán, de quien heredó parte de su extensa biblioteca. Es el sexto de doce hermanos, del segundo matrimonio del doctor Rafael Urtecho Sáenz, su padre —un historiador y devoto de Rubén Darío—, y Lilliam Lacayo Marenco, su madre, ambos fallecidos en 1976.

Para estos días (1970-76) venía de España, de estudiar la poesía simbolista francesa, la poesía alemana romántica y la española barroca, del 98 y de posguerra. También había leído a poetas desconocidos en América Latina, como a Jaime Gil del Biedma, Ángel González, y otros.

Asimismo, en España conoció y entabló amistad con Carlos Martínez Rivas, la que cultivó en Costa Rica y Managua, donde se encontraron y celebraron muchas veces. Sobre él escribe una tesis, y le hace el poema en prosa: CMR en la memoria, publicado en su reciente libro Tierra sin Tiempo, con el cual celebró sus 56 años otoñales.

En un verano de 1979 en Costa Rica, Urtecho escribe su extenso poema panteísta, de amor cósmico, a sus padres, y de dolor heroico, de 34 páginas: Cantata estupefacta, más largo que el Paraíso…, pero con otro tema y estilo. El poeta ha reconocido que la doble muerte de sus padres está reflejada en esta obra de “largo aliento poético”, que también emana sentimientos de orfandad, dolor, y muerte; sufrimientos que también el poeta asocia con su amada Nicaragua.

Realizó estudios de secundaria en el Instituto Nacional Rosendo López, de su ciudad natal; Humanidades en la Universidad Centroamericana, UCA; Filosofía y Letras en Madrid y Barcelona. Entre 1979 y 1983 trabajó en la UNAN-Managua como profesor de Filosofía y Literatura. Posteriormente se desempeñó como investigador literario en el Ministerio de Cultura. A partir de 1988 dedica tiempo completo al periodismo cultural, la crítica literaria y plástica.

Publica Cantata Estupefacta, (1987); Esplendor de Caín, (1994); Cuaderno de la Provincia, (1995); Tumba y Residencia (poesía reunida), 2000; y Tierra sin Tiempo, 2007. Es coautor del libro Darío-Vallejos. Inéditos suman los textos: La Figuración Demoníaca y otros ensayos; un ensayo sobre la pintura de Danilo Torres; uno de crítica literaria a los poetas y otro de crítica de arte.

Ha sido galardonado con el premio Rigoberto Cabezas, 1999, otorgado por la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN); Bolsa de Noticias y la Universidad Nacional Autónoma de Managua, también le entregaron reconocimientos como poeta y crítico de arte.

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