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Álvaro Urtecho. (LA PRENSA/U. molina)
Una vida en la poesía
Un fragmento de la última entrevista que Álvaro Urtecho diera a La Prensa Literaria
Marta Leonor González

La madre
¿Cómo fue la relación con su mamá?
Era una mujer joven. Mi padre se casó con ella en segundas nupcias con Lilliam Lacayo Marenco, fui su primogénito y fui súper protegido en la infancia, estuve rodeado de una madre que todo el tiempo estaba conmigo y a la vez con miedo al papá, un temor al padre y afecto permanente con la madre.

¿Cómo la muerte de su madre influyó en la literatura?
Mi madre murió cuando acababa de venir de España en 1976 y un mes después murió mi papá; de esa doble muerte viene Cantata Estupefacta, el poema largo que yo escribo en Costa Rica en el verano de 1979, que es un solo poema de 34 páginas. Este poema largo es producto del dolor y del sentimiento de orfandad, producido por la muerte de mis padres y a la vez por la destrucción de Nicaragua, la guerra y ese sufrimiento.

¿Cuándo es que decide ser poeta?
A los 12 años. En contra de la opinión de mi familia, porque querían que fuera médico como lo fueron todos los Urtecho y como quien dice —ya la mesa estaba servida— y me ponían el ejemplo de Fernando Silva, que es escritor y médico, pero ante eso yo dije: “Quiero ser sólo poeta, nada más”. Sabiendo a lo que me exponía porque el hecho de tomar conciencia tan temprano de que quería ser poeta, ya sabía que ibas a ser un ser socialmente fracasado en una sociedad subdesarrollada, donde no hay mercado de libros, o un ser raro, una ave rara como Los Raros, de Darío.

¿Qué es la poesía?
La poesía tiene una matemática interior y toda poesía tiene como un sistema métrico decimal, ese sistema quedó profundamente grabado en mí. Y no lo digo para que se alegren mis enemigos o mis detractores o los que minimizan mi obra poética y dicen que yo soy un epígono de Carlos Martínez Rivas, lo cual es totalmente falso. Neruda decía: “El arte es un taller donde todos trabajan” y no se sabe quién es el maestro y Borges dice que son ecos de otras voces.

¿Cómo concibe la poesía?
Dije hace poco, hablando con unos amigos, que la poesía es fundamentalmente memoria. La poesía tal como la entiendo, que es la poesía lírica, es una poesía de profundización, de la experiencia vital y no es poesía temática, ni es épica ni de referencia social sino que fundamentalmente trabaja con la memoria. En la poesía vas sacando extractos de tu memoria, al final, la poesía es la profundización en esos estratos últimos del espíritu humano.

¿Toda buena poesía debe conservar además de la búsqueda estética, una filosofía?
No necesariamente pero al fin, toda poesía tiene una metafísica como toda ciencia. De los autores que me han influido son lo que me ha salvado. Conozco perfectamente los clásicos españoles, como la poesía de la generación del 27 y de la postguerra española, probablemente es la que más me influye junto a Carlos Martínez.

¿Qué otros autores son esenciales en su vida como escritor?
Soy un gran lector y eso es lo que me salvó de ser un calcador de Carlos Martínez, porque hay gente calcadora de él. En cambio mi poesía tiene cosas que no tiene Carlos Martínez: lo metafísico, lo filosófico. Mi poesía es meditativa.

El último libro
¿Cómo debe leerse Tierra sin Tiempo?
Es una selección de poemas escritos en cinco años, que tratan el tema del erotismo, lo místico, la meditación sobre el tiempo, descripciones de lugares y paisajes, donde abunda el cultivo del prosema, como los dedicados a Masaya por Carlos Martínez Rivas.

Están pronto a salir otros de sus libros, uno de crítica y otro de arte.
Sí. La Figuración Demoníaca y Otros Ensayos por la editorial Amerrisque, que incluye mi tesis sobre Carlos Martínez Rivas, ensayos sobre Neruda, Machado, Martí, Pellicer, Camus, José Coronel Urtecho como pensador y un ensayo sobre la pintura de Danilo Torres. Luego está mi libro sobre crítica literaria de poetas nicaragüenses, que será publicado por el Centro Nicaragüense de Escritores y mi otro libro de crítica de arte.

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