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Perfil de una tragedia mayor
Berner Romero Siles
El autor es Contador Público Autorizado (CPA)
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Hay tiempos para soñar y tiempos para trabajar

Cuando los nicaragüenses vemos al futuro, la vista se nos empaña y no nos permite avanzar, ¿por qué? Esto es preocupante y desastroso al desarrollo social y económico, pero, es más alarmante aún, ver cómo la maldición de caudillos politiqueros, remanentes de algún linaje vandálico, y que dicen llamarse políticos, ni siquiera nos permiten ubicarnos en un presente real.

Queramos o no, estamos viviendo en medio de perspectivas sin fundamentos, creadas por el pueril capricho de algunos de estos señores. En otras palabras, vivimos de la nada, sin perspectivas a corto plazo. Nadie tiene garantizado algo en esta nación, no, mientras la mayoría de la gente viva sometida a la perturbación vulgar que han inculcado las artimañas de muchos vivarachos que luchan y quieren perpetuar sistemas descabellados, que probablemente ni ellos mismos logren ubicarles en la realidad de estos tiempos.

Cuando observamos los rostros llenos de lodo, sufrimiento y desesperación de muchas personas afectadas por el fenómeno natural, notamos, en medio de su desacierto, el predominante mal acarreado desde hace mucho tiempo, el dolor inclemente de soportar a través de los años, los desastres inigualables que ha ocasionado a este pueblo lo malvado de la mala clase política.

Esta alcurnia, en pro de sus ventajas particulares, impregna en la mente de muchos campesinos, obreros, estudiantes, profesionales y hasta empresarios, una actitud mental incipiente, confrontativa y sumergida en el fango del conformismo inescrupuloso, mazmorra donde los valores morales y principios espirituales parecieran pertenecer a una galaxia donde algunas vez existieron seres humanos.

Muchos hermanos, compatriotas, o los pobres de moda, pareciera que no logran y ni quisieran entender las formas en que su desacierto, ignorancia o pereza, cualquiera que les parezca más afín, les hace permitir semejantes fallas, violaciones y faltas de respeto a su dignidad.

Estos ilustres políticos, algunos de madrigueras, otros de catacumbas, y ciertos grises no pueden ofrecer beneficios a este pueblo. Y no es porque realmente no quisieran congraciarse con su muchedumbre, aunque los tengan al borde de la calamidad, sino, que por su naturaleza misma, son incapaces de hacer algo que contribuya a la comunión constructiva y armónica de esta sociedad. Simplemente no tienen voluntad, su ego, su vanidad, son más elevados que la necesidad misma de obrar con sensatez y justicia. En esta trama, los pocos jóvenes que participan se rebalsan en ambición, y la mayoría parecieran ser viejos tercos y desubicados, ante el ánimo que se requiere y necesita para levantar con determinación una pequeña nación como esta. Si las antecesoras o mismas líneas políticas no hubiesen corrompido el sentido humilde y trabajador en muchos campesinos, estos les enseñarían virtuosos modales a estos honorables caballeros.

Al final nos daremos cuenta qué tan importante es el freno que la sociedad imponga a estas arbitrariedades, al final tal vez logremos aplaudir las comedias de Cantinflas o algo que valga la pena, pero a este circo, estas payasadas hay que dejarlas a un lado.

Atravesamos un momento donde muchos niños, jóvenes y ancianos necesitan del apoyo gubernamental, la decencia estatal. En medio de sus hambrunas, sus fríos, deterioro emocional y enfermedades requieren de la hermandad del pueblo nicaragüense. Recordemos que al fin y al cabo todos estamos en el mismo abismo, todos necesitamos hacer algo con urgencia para despertar de una vez por todas. Notemos cómo esta barbarie política, cargada de malicia, ante el desastre natural acontecido recientemente, pretende, con mucha astucia, realizar cambios constitucionales que permitan su imponencia como cataclismo.

Despertemos y ayudémonos como humanos que somos. De una vez por todas dejemos a un lado ese legado nocivo de envidia, egoísmo, desigualdades sociales y corrupción. No esperemos, ni confiemos en que las cosas son regaladas, trabajemos con fortaleza, en armonía y por el bien común. Levantemos con orgullo patriótico a este país, arrimémoslo a su realidad productiva y económica.

Que Dios ilumine a los nicaragüenses.

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