Benazir Bhutto, ex primera ministra paquistaní asesinada el jueves, fue enterrada ayer en medio de violentos disturbios y duras críticas entre la oposición, que acusa a las autoridades de mentir sobre las circunstancias de su muerte, y el Gobierno, que culpó a Al Qaeda del atentado.
Bhutto falleció a los 54 años junto a otras 20 personas en un ataque suicida en Rawalpindi, un suburbio de Islamabad en el que acababa de participar en un mitin de su partido, el Partido del Pueblo de Pakistán (PPP).
Según el Ministerio de Interior, la política murió al golpearse violentamente contra el techo de su vehículo en el momento de la fuerte explosión.
“Se golpeó con una palanca cerca del oído derecho y se fracturó el cráneo. No se encontraron heridas de bala o de esquirla”, aseguró Javed Cheema, portavoz del ministerio.
Cheema explicó que si Bhutto no se hubiera asomado para saludar a la multitud estaría viva, como ocurre con el resto de los ocupantes de su automóvil blindado.
La explicación oficial “no tiene fundamento. Es una sarta de mentiras”, rebatió Faruq Naik, uno de los principales asesores de la dirigente asesinada.
Según él, a la ex primera ministra “la alcanzaron dos balas: una en el abdomen y otra en la cabeza”. “El secretario personal de Bhutto, Naheed Khan, y el responsable del partido, Makhdoom Amin Fahim, estaban en el automóvil y vieron lo que ocurrió”, aseguró.
Según este responsable, su muerte es “una pérdida irreparable” y el Gobierno la “está convirtiendo en una broma con semejantes declaraciones”.
“El país se dirige hacia una guerra civil”, advirtió.
Bhutto, primera mujer en dirigir un país musulmán, reposa desde ayer en el mausoleo familiar del pueblo de Ghari Khuda Baksh (sur), en el que también está enterrado su padre, Zulfikar Ali Bhutto, primer ministro electo del país, que fue derrocado por el Ejército en 1977 y posteriormente ahorcado.
Su féretro, cubierto con la bandera negra, verde y roja del PPP, principal fuerza de oposición, tardó horas en abrirse paso entre una multitud desesperada, que sollozaba y se golpeaba el pecho en señal de dolor.
Según el Ministerio de Interior paquistaní, los servicios de inteligencia interceptaron ayer una llamada de Baitullah Mehsud, considerado el líder de Al Qaeda en Pakistán, en la que asumía la autoría del atentado.
En palabras de Javed Cheema, hay “pruebas irrefutables de que Al Qaeda, sus redes y sus secuaces están intentando desestabilizar Pakistán”.
Sin embargo, muchos de los miles de asistentes al entierro de Bhutto culparon, directa o indirectamente, a Musharraf del atentado. Incluso los servicios de inteligencia estadounidenses recibieron con “prudencia” la hipótesis de que Al Qaeda esté tras este ataque.
La muerte de Bhutto ocurre cuando faltan sólo dos semanas para las elecciones legislativas y provinciales previstas el 8 de enero. Ayer, el otro gran líder opositor paquistaní, Nawaz Sharif, volvió a exigir la renuncia de Pervez Musharraf.