Se termina otro año. El correr del tiempo es inexorable y lo único que podemos hacer con él es medirlo y aprovecharlo o malgastarlo, según lo que decidamos en ejercicio de nuestro libre albedrío.
“El tiempo que todo lo devora” advirtió el gran poeta clásico romano Ovidio (43 aC-17 dC). De allí que los antiguos romanos —con Saturno— y los griegos —con Cronos— crearan el mito del implacable dios del tiempo que a su paso todo lo devora, hasta a sus propios hijos.
Pero en su gran sabiduría los griegos y romanos no apreciaron en Cronos y Saturno (es decir, en el tiempo) sólo el aspecto negativo de que a su paso todo lo destruye. También reconocieron y enaltecieron las bondades que el tiempo tiene para los seres humanos.
Según el mito de Cronos o Saturno, este devoraba a sus propios hijos para cumplir un pacto con su hermano Titán, de que no tendría descendientes para no heredarles el poder celestial. De esa manera Cronos obligatoriamente se alternaría en el poder con Titán. Pero la leyenda indica también que Cronos (Saturno) enseñó a los seres humanos todo lo bueno y necesario para vivir bien y progresar: a cultivar la tierra, criar el ganado, a pescar, producir las herramientas para trabajar más productivamente, elaborar las armas necesarias para defenderse, confeccionar las ropas y diseñar las joyas, etc. Lo cual significa, sin dudas de ninguna clase, que sólo con el paso del tiempo es que se puede aprender todas las artes y oficios.
Seguramente por eso Cronos (Saturno) se casó con Rea, diosa de la abundancia y la prosperidad, cuyo equivalente en la mitología romana era Ops, mejor conocida como Cibeles.
En realidad, la leyenda de que debido al pacto por el poder político con su hermano Titán, Cronos (Saturno) devora a sus hijos, es sólo una parte del mito. Otra parte muy importante y significativa es que los hijos de Cronos (Saturno) vuelven a la vida después de que Metis, diosa de la astucia, atendiendo el ruego de Rea le da a beber al dios del tiempo una poción que lo hace vomitar las criaturas que había devorado. Y esto se puede entender en el sentido de que si bien es cierto que el tiempo hace desaparecer a las personas, sin embargo la humanidad renace con cada nuevo ser humano que viene al mundo; que la humanidad, al reproducirse permanentemente es imperecedera a pesar del tiempo.
Cabe mencionar al respecto que don Miguel de Cervantes escribió en Trabajos de Persiles y Segismundo que el tiempo es “salteador y robador de la humana belleza de las mujeres”. Pero también dijo, en La Gitanilla, “darle tiempo al tiempo, que suele dar dulce salida a muchas amargas dificultades”. Es decir, en el tiempo se encuentra lo malo pero también lo bueno.
Es más, sólo con el tiempo es posible encontrar y conocer la verdad y por medio de esta llegar a la justicia y la virtud. Tal es sin duda, a mi juicio, el significado de la leyenda de que Cronos (Saturno) fue padre de la diosa de la Verdad, la cual a su vez fue madre de las diosas de la Justicia y la Virtud.
Por eso, a pesar de todo lo malo que pudo haber dejado el paso del tiempo en el año que termina: ¡Feliz Año Nuevo 2008 para todos!