Es gratificante encontrarse con historias llenas de amor familiar y mucho sacrificio para salir adelante. Historias de ese estilo deberían ser más publicadas para incentivar a una juventud que en muchos casos, por falta de dirección, pierde la brújula de la vida. Sin embargo, todo debe de ocurrir en su momento, no nos podemos adelantar a los acontecimientos para no afectar nuestro futuro.
Había una vez un joven humilde que por cosas de la vida aprendió el oficio de la nariz chata. Esta humilde persona es hoy por hoy el mejor prospecto que tiene el deporte nacional de su país para salir adelante. Sus condiciones naturales han sido complementadas por un riguroso entrenamiento y dedicación para mejorar sus condiciones físicas y habilidades en el boxeo. Es notorio su avance, su esfuerzo y dedicación por alcanzar la meta: obtener el triunfo.
Cuando surge una figura con tanta calidad y promoción es posible que, sin intención, se transmitan mensajes que son dados antes de tiempo y pueden afectar el futuro de la persona en desarrollo. La Publicidad que no se sabe manejar es camino de destrucción. Y más cuando mezclan la publicidad y la propaganda en un mismo cuarto.
¿Campeón? Puede ser, todos esperamos que lo sea y por muchos años. Sin embargo, hoy en día es el boxeador, con 16 peleas, todas ganadas antes del límite, pero aún le falta escalar la cúspide. Mientras esa etapa no sea culminada hay que tener paciencia y no dejarse llevar por el entusiasmo que puede provocar efectos no deseados en el desarrollo profesional de un atleta.
Existe un peligro en la carrera de toda persona destacada, en desarrollo, del que hay que poner atención y cuidado, eso es la adulación, la excesiva “amistad” de gentes hasta hoy desconocidas en la vida de esta persona. Nicolás Maquiavelo en su obra El Príncipe le dedica un capítulo a este tema, que aunque fue escrito como una oda al estado y para los políticos, no deja de ser relevante en la formación personal. Maquiavelo escribió: “Porque los hombres se complacen tanto en lo que les es propio, y de tal modo se engañan, que difícilmente se defienden de aquella calamidad; y en el caso de que quieran hacerlo, se exponen al peligro de hacerse despreciables”.
“Es un Salvaje”, “Lo demolió” “No tiene rival” “Puede ganar tres coronas” "Mejor que Alexis Argüello”, “Sin comparación” “Cuando el boxeo se inventó este boxeador ya era el rey”, “Clase de boxeador”, “Incomparable”, etc. etc., etc. Esto es solo una pequeña muestra de lo que dicen los medios de comunicación sobre un boxeador del momento.
¿Será cierto?.. Ojalá y lo sea. Por el bien suyo, el de su familia y el de este país que necesita de los buenos ejemplos.
Sin embargo, todo es un proceso, apenas este boxeador camina en la primera recta. Falta lo más difícil, lo más complicado de llegar a la cumbre y es el mantenerse en ella. Falta caminar la curva de la soberbia que hace olvidar lo maravilloso de la humildad; falta caminar la curva peligrosa de la fantasía y el lujo que arrebata la alegría de la sencillez y la bondad, o la curva de la avaricia olvidándose de lo reconfortante que es el sacrificio puro y honesto. Les toca a los deportistas luchar contra los que quieren quitarlos de ahí y de los aduladores baratos que sólo buscan aprovecharse del momento de gloria de una persona esforzada.
Hoy sólo quiero felicitar por todo lo que ha hecho hasta hoy el excelente boxeador Ramón “Chocolatito”∙ González. No sólo por lo logrado en el ring, sino y lo más importante, mantenerse firme a un propósito sin escuchar todo, lo bueno y lo malo, que se dice sobre él.
Hay que filtrar lo que se nos dice, porque también es de sabios saber escuchar. La hierba verde al encenderse produce humo y el humo en la cabeza es mal consejero. Finalmente, decir, con una frase de Neftalí Ricardo Eliécer Reyes Basoalto, más conocido como Pablo Neruda: “Levántate y mira el sol por las mañanas y respira la luz del amanecer. Tú eres parte de la fuerza de tu vida; ahora despiértate, lucha, camina, decídete y triunfarás en la vida; nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados”.
O sea, la suerte es el pretexto de los envidiosos, de los que creen que la vida es soplar y hacer botellas..
¿Campeón…? Esa pregunta sólo el boxeador Ramón González nos lo puede responder.