Tras la primera investigación sobre el tema (“Nuestras primeras monedas: del cacao al centavo del mercado de León”, LA PRENSA, 21-IX-2005), este reportaje se ha tomado del Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación (No. 127, abril-junio, 2005). Aquí se difunde con algunas muestras de billetes, conservados en la Sala de Numismática Violeta Chamorro, del BCN
“Previsora fue la disposición del presidente (Joaquín) Zavala al ordenar la impresión de los primeros billetes de Nicaragua, porque el papel moneda ha venido a desplazar a los metales preciosos como moneda circulante. El billete es la mejor y más bella moneda debido a las facilidades que ofrece como tal, porque en un pedazo de papel se representan altos valores imposibles de consignarlos en las monedas metálicas, además de que los billetes han llegado a ser verdaderas obras maestras en el arte del grabado”.
Luis Cuadra Cea: Aspectos históricos de la moneda en Nicaragua (1963)
Jorge Eduardo Arellano
En la segunda mitad del siglo XIX Nicaragua comenzó a consolidarse relativamente en virtud de un pacto entre las élites de León y Granada, concretado en la Constitución de 1858, la cual rigió hasta 1893, es decir durante 35 años: hasta nuestros días, la de mayor duración. En ese lapso gobernaron representantes del patriciado progresista vinculados al Partido Conservador, que llevaron a la práctica el principio constitucional de la alternabilidad en el poder, o sea, la no reelección. Así, tras las dos administraciones de Tomás Martínez (1858-63 y 1863-67), se sucedieron cada cuatro años las de estos seis presidentes: Fernando Guzmán (1867-71), Vicente Quadra (1871-75), Pedro Joaquín Chamorro (1875-79), Joaquín Zavala (1879-85), Adán Cárdenas (1883-87) y Evaristo Carazo (1887-89), quien no llegó a concluir su período por haber fallecido en el ejercicio de su cargo.
Concretamente, durante este período constructor y civilizador se configuró por primera vez el Estado nacional, disponiendo de una firme superestructura jurídica-ideológica. Se establecieron obras modernas de infraestructura —agua potable por cañería, telégrafo, teléfono, ferrocarril, navegación a vapor en ambos lagos—; se crearon centros básicos de cultura (la Biblioteca Nacional, modernos institutos de enseñanza secundaria, diarios y revistas, etc.) y otros adelantos sociales (ateneos, clubes, hoteles, teatros, etc.). Las rentas nacionales fueron incrementándose cada año hasta lograr el cancelamiento de empréstitos y deudas extranjeras, crecieron el comercio interno, lo mismo que las ciudades; se dio una mayor definición de la estratificación social y laboral, el funcionamiento económico de la sociedad y la incorporación definitiva, a través de la agroexportación del café, al mercado capitalista internacional.
1. La equivalencia en pesos de monedas extranjeras
En este marco histórico se inscribieron los siguientes hechos relacionados con la historia de la moneda. En primer lugar, por decreto del 16 de marzo de 1870, se fijó la equivalencia de las abundantes monedas extranjeras que circulaban, la cual fue extensiva y obligatoria al comercio por otro decreto ejecutivo, emitido el 7 de julio del mismo año. Tal equivalencia en pesos abarcaba las monedas inglesa (libra esterlina, chelín), costarricense (onza de oro, escudo, medio escudo de oro), colombiana (cóndor), chilena (idem) y peruana (medio sol, sol de plata y moneda de oro de 20 soles).
2.La creación del centavo nacional
En segundo lugar, por otro decreto ejecutivo del 16 de noviembre de 1878, se creó el centavo nacional, si bien varias décadas atrás —desde 1845 lo puntualiza Cuadra Cea— se había venido usando mucho el centavo de los Estados Unidos. El considerando de este decreto se refería al hecho de que la moneda fraccionaria de un peso —que circulaba en la República— no satisfacía cumplidamente las necesidades de una conveniente subdivisión, y deseando el gobierno llenar cuanto antes tales necesidades, decretó la creación del centavo “como moneda representativa del valor de la centésima parte de un peso”.
Este centavo debía llevar grabado en una de sus caras el Escudo y el nombre de la República, así como el año en que se haya acuñado; y en la otra expresión de su valor. Asimismo, tendría “el peso minimum de sesentiséis granos de onza española y se compondrá de tres cuartas partes de cobre y una cuarta parte de níquel”. Pero lo más significativo fue su circulación forzosa; no obstante, nadie estaba obligado a recibir en cada transacción más de veinte centavos. Esta se considera la primera moneda nacional, precedida por el centavo de cobre del Mercado de León, emitido en 1859, de carácter local. El centavo de 1878, cuya emisión alcanzó a quinientas mil piezas, dejó de circular por disposición del 23 de marzo de 1913, cuando fue sustituido por el centavo de córdoba. El decreto ejecutivo del 16 de noviembre de 1878 —que lo había creado— fue seguido por el del 25 del mismo mes, por el cual se dispuso que dicho centavo sería recibido por las Oficinas Hacendarias sin limitaciones de ningún género.
Emilio Benard, entonces Ministro de Hacienda, se expresa así en la memoria del ramo correspondiente a 1879: “La supervigilancia de la acuñación de esa moneda fue confiada al señor don Alejandro Cotheal, nuestro cónsul en Nueva York, y ella cuesta, puesta aquí; a razón de 98 centavos por cada cien piezas, habiendo prescindido el Gobierno, por completo, para mayor seguridad del público, de la ganancia relativamente grande que otros gobiernos obtuvieron en casos semejantes. Así es que el centavo que hoy circula en Nicaragua, en virtud de aquellas disposiciones, tiene un valor intrínseco muy superior al de los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y otros países”.
Con todo, la aceptación del centavo encontró algún rechazo en varias poblaciones; por ello el gobierno del Presidente Joaquín Zavala dictó el acuerdo ejecutivo del 21 de noviembre de 1879, por el que se declaraba de circulación forzosa dicha moneda, y también el del 21 de noviembre de 1881 por el que las Oficinas de Hacienda cambiarían por plata —en cualquier cantidad no menor de cinco pesos— este centavo.
3. Los primeros billetes nacionales
El tercer lugar, durante el mismo gobierno de Zavala, se ordenó la emisión el 2 de abril de 1879 de los primeros billetes nacionales, cuya cantidad fue de cien mil pesos “con el objeto de facilitar las traslaciones de dinero de o para las cajas nacionales”, siendo muy bien recibidos. Proveían, pues, al erario de numerario para afrontar las dificultades causadas por la escasez de circulante metálico. Pero no bastaron y se procedió otra emisión con valor de doscientos cincuenta mil pesos, el 15 de septiembre de 1880. Si en la primera el Ministro de Hacienda era Emilio Benard, en la segunda lo fue Joaquín Elizondo, quien había firmado con el presidente Zavala el decreto del 29 de marzo de 1880 que dispuso la acuñación de monedas de plata de 20, 10 y 5 centavos, llamados por el público deadoses, reales y medios, cuya cantidad podría alcanzar hasta cien mil pesos. Mas faltan datos acerca del valor total de las monedas que se expidieron.
Estas iniciativas respondían a la crisis monetaria aún no resuelta, pues en dos inmediatos decretos ejecutivos se dispuso —en el primero— tomar medidas protectoras contra la introducción y circulación de monedas falsificadas, especialmente las de cuños nicaragüenses, mexicanos, chilenos y peruanos; y —en el segundo— emitir quinientos mil pesos en otros billetes que serían “mandados a grabar, en el exterior y en la forma más conveniente”. Un tercer decreto disponía recoger billetes circulantes de la emisión del 15 de septiembre, cómo debía procederse en los casos de billetes falsificados y sustituirlos “por cuatro series de billetes hechos en el país con valor nominal de US$99,960.00, conforme decreto ejecutivo del 21 de octubre de 1881”, según Cuadra Cea.
Este agrega, con relación a los billetes grabados en el exterior, que de acuerdo con el decreto ejecutivo del 7 de agosto de 1882 se ordenó cambiar doscientos cincuenta mil pesos por los billetes elaborados en el país. Y sigue consignando los datos siguientes: “El 21 de ese mismo mes de agosto se acepta por 50 centavos el medio peso chileno. En el acuerdo ejecutivo del 30 de junio de 1883 redispone la emisión de US$100,000.00 pesos en billetes del tesoro. Es el primero de la serie que corresponde a la Administración del doctor Adán Cárdenas, quien, como el general Joaquín Zavala, fue propulsor de la finanza nicaragüense”.
En la Colección Numismática del Banco Central de Nicaragua, precisamente, se conservan ejemplares de los primeros y segundos billetes nacionales impresos en el exterior. Por ejemplo, el billete de un peso —los hubo de varias denominaciones— impreso a solicitud del Gobierno de Nicaragua en la Casa Homer Lee Bank Note Co. de New York, conforme al decreto del 24 de marzo de 1881; y al de 20 centavos —también los hubo de varios valores nominales y carecían de impresión en el reverso— pedidos a la misma casa.
4.El primer pánico bursátil
En agosto de 1886, durante la Administración del doctor Cárdenas, se dio el primer pánico bursátil en Nicaragua, expresado en una devaluación del poder real de los billetes de Tesoro, iniciada diez meses antes con variantes del 5, 12, 15 y 20 por ciento. Estas fueron sus causas: el malestar económico sufrido desde 1885 por fuertes movimientos armados aun dentro de Managua; los ingentes gastos para levantar el Ejército más grande habido en Nicaragua con motivo de la guerra unionista declarada por Justo Rufino Barrios, Presidente de Guatemala; el terremoto del 11 de octubre del mismo año en 1885 en la zona del Pacífico con más de un millón de pérdidas; otras pérdidas ocurridas por las malas cosechas, los gastos superiores al producto de las Rentas, la escasez de moneda circulante, la declaración gubernamental de circulación forzosa del billete por esa misma falta de metálico y la depreciación mundial de la plata.
En su último mensaje al Congreso Nacional, Cárdenas comunicó que su gobierno había intentado “remediar siquiera temporalmente esta situación” con el primer empréstito a Inglaterra, el más grande hecho hasta entonces del país, por valor de 285,000 libras esterlinas. Fue otorgado por el City Bank el 18 de diciembre de 1886 y de este préstamo se pagaron tanto el saldo (91,956 libras esterlinas) debido a Mr. Henry de Butt Norris por la construcción del ferrocarril como la acuñación de 400,000 pesos plata en monedas de 5, 10 y 20 centavos que costaron 58,150 libras esterlinas. En 1909, cuando el gobierno de J. Santos Zelaya realizó el empréstito a la Etherburga de Londres, la deuda del empréstito de 1886 ascendía a 231,800 libras esterlinas y fue incorporada al total del de 1909, quedando este cancelado en 1961.
5.Los primeros bancos privados
Un aspecto importante del funcionamiento económico de la sociedad durante este período fue el desplazo del crédito personal por el territorial, es decir, la propiedad misma sería el respaldo: la razón de ser de la habilitación que proporcionaban algunas casas comerciales como Chamorro y Zavala y Maliaño Morales. Estas ya no podían abastecer a todos los agricultores, especialmente a los sembradores de café, por lo cual la actividad financiera exigió la creación de un banco. Aprobada su creación por el Gobierno en 1871, 1873 y 1878 —en contratos respectivos con financieros privados que no concretaron—, se retomó con la promulgación de la primera ley bancaria contenida en el decreto ejecutivo del 6 de marzo de 1883; ahí se especifica que se establecerá un banco por empréstito nacional o extranjero; pero este proyecto tampoco llegó a realizarse.
El contrato que resultó efectivo fue el celebrado entre el Ministro de Fomento —autorizado por el Presidente de la República, Evaristo Carazo— y J. Francisco Medina, el 19 de enero de 1887; contrato que, aprobado el 23 de marzo del mismo año, se concretó en la apertura del Banco de Nicaragua el 23 de febrero de 1888 en la capital de la República, con un capital de un millón de pesos. He aquí sus principales socios con el número de acciones correspondientes al 6 de marzo de 1893: J. Francisco Medina (450), Miguel Urruela (110), Santiago Morales (102) Simón Lazard (70), Banco Particular de El Salvador (50), Carmen Medina (40), Juan Urruel y Tomás Ortiz (30 cada uno), James Thomas (26), W. Clarkson (24), Pablo Giusto y Francisco H. Solórzano (21 cada uno), Thomas Wheelock, Francisco Medina, T.E. & Wheelock y E. Mejía (20 c/u), Emilia G. Ribón (14), Julio C. Bahlcke (13), Alberto Petter, María A. de Maliaño y Cupertina Ramírez (12 c/u). En total, las acciones sumaban mil quinientas. Aunque el contrato estipulaba que el capital sería de dos millones de pesos dividido en dos mil acciones de mil pesos cada una.
El mismo contrato establecía que el banco se ocuparía de las operaciones siguientes: “descontar documentos de comercio, adelantar fondos sobre garantías satisfactorias, recibir depósitos, emitir billetes pagaderos al portador y a la vista, comprar y vender letras de cambio y giros telegráficos sobre el extranjero y el interior de la República, y las demás operaciones acostumbradas...”. A dos años de su fundación, este primer banco privado del país mostraba una firmeza notable en su desarrollo, marcándose una diferencia de 5,312.15 pesos a favor del balance del 28 de febrero de 1890 con relación al anterior.
Al 30 de octubre de 1886 la circulación máxima de billetes del Tesoro llegaba a US$36,610.10. “En este informe —comenta Cuadra Cea— se destaca la fuerte incineración de billetes, porque se les empezaba a recoger cambiándoles por las monedas de plata de 20, 15 y 10 centavos, recientemente venidas, del pedido de US$400,000.00 plata a la Casa Heaton & Sons, de Birmigham, y por compromiso habido con el Banco de Nicaragua, para incinerar mensualmente hasta US$100,000.00”. El hecho es que esta institución aumentaba sus transacciones, al 21 de agosto de 1890 había emitido, registrados en la Tesorería General, US$722,500.00. Pero el 27 de enero de 1893, cuando ejercía la presidencia el doctor Roberto Sacasa, se dispuso modificar su ley constitutiva.
Por el malestar que se observaba en los negocios y el alza de los precios en general, debido a la situación bélica iniciada en Granada el 28 de abril de 1893, se ordenó el 4 de mayo siguiente prohibir la exportación de las monedas de oro y plata; dos días más tarde se declaró de curso forzoso el billete del Banco de Nicaragua. Al respecto, se ignora cuál o cuáles denominaciones correspondía ese billete, pues el Banco de Nicaragua emitió de un peso, cinco, diez, cincuenta y cien pesos; lo cierto es que, con la llegada al poder del Partido Liberal, el Gobierno dispuso emitir billetes del Tesoro Nacional. Entonces el fundador y mayor accionista del Banco de Nicaragua, J. Francisco Medina, decidió cambiar la entidad de su banco, adquiriendo el 1 de enero 1894 el de la sucursal del Bank of Nicaragua, con Casa Matriz en Londres, cuyo gerente era el señor Carlos E. Nicol; y luego esta se incorporó al London Bank of Central America el 20 de enero de 1895. Finalmente, el último fue absorbido en 1898 por el London Bank of South American Limited que funcionaría en Nicaragua hasta 1979.
6. Los “chancheros” del Banco Agrícola Mercantil
Mientras tanto, el 6 de noviembre de 1888 se había fundado en León, a instancias de Leonardo Lacayo, el Banco Agrícola Mercantil con el mismo capital inicial del anterior: un millón de pesos; pero no tendría el mismo éxito. Así, cerró sus operaciones con déficit superior a los 800,000 pesos plata por falta de pago de sus deudores. Otra causa del cierre —anota un economista— la constituyó el hecho de que, pese a su derecho de emisión, sus billetes pagaderos a la vista no tuvieron la misma aceptación que los del Banco de Nicaragua.
La quiebra del Banco Agrícola Mercantil determinó el retiro de circulación de los billetes que en 1896 usarían los revoltosos leoneses alzados contra el régimen de J. Santos Zelaya. Llamados chancheros y huacamoles, se utilizaron para pagar a las tropas, por lo que fueron los primeros obdivisionales (moneda de plaza sitiada o en estado de guerra) del país; a su vez, el gobierno de Zelaya los desconoció en el decreto ejecutivo del 26 de mayo de 1896. Sin embargo, por los azares de la veleidosa política, los jefes del 96 que accedieron al poder con el doctor José Madriz, el 21 de diciembre de 1909, inmediatamente reconocieron como deuda de la República tales billetes en el decreto ejecutivo del 19 de febrero de 1910.
7. Las “contraseñas”, “fichas” o monedas particulares
Aparte de las emisiones de moneda —tanto en metálico como en billete—, a finales del siglo XIX y comienzos del XX circularon las “contraseñas”, llamadas también “fichas”, o monedas particulares que los hacendados mandaban acuñar para pagar con ellas a sus jornaleros. Estos no podían usarlas fuera de los límites de la hacienda, pues sólo eran válidas para comprar en el comisariato de la propiedad. En la Colección Numismática del Banco Central de Nicaragua pueden apreciarse “contraseñas” por diversos valores, como las de José Vita en Matagalpa, Desiderio Román en Jinotepe (por valor de “una tarea” en su hacienda La Guinea) y H. de Prado de Y. Maliaño con la leyenda: “Vale por un celemín de café”. Otras fueron las de Isidro Olivares (un real, válido dentro de su hacienda El Oazis), Silvio Mayorga (de igual valor en su hacienda Bella Vista), Clemente Orozco, David Morice y del Ingenio Dolores. Con ellas, sus emisores se mantenían al margen de la crisis de numerario.
8. Las emisiones durante el régimen de Zelaya
Al tomar el poder en 1893, el gobernante liberal J. Santos Zelaya inició en Nicaragua un proceso de mayor consolidación y modernización del Estado. Sin embargo, la crisis monetaria continuó. A finales de 1894, la circulación de billetes ascendía tan sólo a 8,538.10, debido al compromiso con el Banco de Nicaragua, de incinerar mensualmente cierta cantidad; pero los conflictos del momento —en menos de un año se habían desarrollado dos guerras civiles y una con Honduras— y de la insolvencia del Tesoro, indujeron al gobierno a emitir numerario, habiéndose dictado el decreto ejecutivo del 12 de octubre de 1894 para emitir medio millón de pesos plata en billetes.
Esta emisión fue realizada, por primera vez, en el país. Para ello se había instalado en Managua una Litografía Nacional bajo la dirección del artista José María Ibarra. Formado en Italia por cuenta del gobierno de Joaquín Zavala, según disposición del 8 de febrero de 1879, Ibarra grabó dichos billetes en un papel de mala calidad (“por no encontrarse en la plaza otro mejor”); pero se estimaron —en opinión de Cuadra Cea— como “los billetes mejor grabados de Centroamérica”. Por sus trabajos, la Litografía Nacional mereció un diploma y una medalla de oro en la Exposición Centroamericana de Guatemala el 20 de enero de 1898.
9. Gobierno de Zelaya vs Banco de Nicaragua
Mientras tanto, para evitar la circulación de los billetes del Banco de Nicaragua, fortalecer los propios del Tesoro y controlar el tipo de cambio —puesto que el gobierno disponía así de giros en otro— fue dictado el decreto ejecutivo del 8 de septiembre de 1897, por el cual se establecía que los impuestos fiscales debían ser recaudados en moneda de oro y plata o en billetes del Tesoro Nacional. Esta disposición se hacía, según el Ministro de Hacienda Coronel Félix P. Zelaya, “en justa represalia por la hostilidad que los administradores del Banco (de Nicaragua, ya transformado en London Bank of Central America Limited) empleaban ya contra la moneda nacional”.
Asimismo, en el referido decreto —firmado por el presidente Zelaya y el Ministro de Hacienda, Eugenio López— se dispuso suspender la circulación de los billetes de diez pesos litografiados en 1894 y se prorrogó al 28 de febrero de 1898 el plazo para su cambio. Otras medidas administrativas fueron las emisiones de bonos —el del Ferrocarril de Masaya a Diriamba por decreto del 15 de noviembre de 1895 y el aduanero decretado el 30 de octubre de 1896—, al igual que el empréstito forzoso del 14 de febrero de 1898 “con el fin de allegar fondos para atender a la defensa nacional, cuando enemigos exteriores, concitados por hijos obcecados de la Patria, amenazaban hundir en el caos de una guerra tan espantosa como injustificable”. Quien firmaba estas líneas era Félix P. Zelaya en la ya citada Memoria de Hacienda y Crédito Público, presentada a la Asamblea Legislativa en su reunión ordinaria de 1899.
Concluía esta Memoria con un resumen de los gastos de guerra y de las exacciones desde 1893, informando que el Gobierno había puesto en circulación, con buenos resultados, 150 mil pesos en piezas de cinco centavos —en una aleación de tres cuartas partes de cobre y una níquel— por decreto del 16 de octubre de 1898.
Un año después se creaba la moneda de níquel —cuproníquel—, también de cinco centavos, habiendo sido muy bien recibida por el público. Igualmente, se mandaron a retirar de la circulación los billetes en mal estado para ser sustituidos por otros nuevos impresos en Inglaterra. Al 31 de diciembre de 1899 circulaban 2,697,304.15 pesos.
Con el inicio del siglo XX se lanzaron otras emisiones de billetes: en 1900 y 1901, a causa de los persistentes conatos revoltosos; y en 1902 otra de monedas de cuproníquel. En marzo de ese mismo año se incineraron 120,000 pesos. En 1903, 1904 y 1905 no hubo emisiones, sólo incineraciones. El último año se mandaron a resellar los billetes de 50 pesos en vista de que se descubrieron falsificaciones.
La emisión de billetes recomenzó en los años subsiguientes para afrontar los gastos del Gobierno ante la guerra con El Salvador y Honduras y la revuelta antizelayista de octubre, 1909. El 24 de noviembre de este año se decretó la última emisión del régimen de Zelaya “en cantidad de dos millones de pesos, de serie única, con valor de cincuenta pesos cada una”. Al 31 de diciembre de 1909, la circulación total de papel-moneda era de 12,149,203 pesos.
10. La emisión del Presidente José Madriz
Durante el efímero y conflictivo gobierno del doctor José Madriz (21 de diciembre, 1909-20 de agosto, 1910), fueron emitidos —según el general José María Moncada— 15,500,000.00 más; y se reconoció, como ya fue indicado, el valor legal de los billetes “chancheros” y “huacamoles”, lanzados por el Banco Agrícola Mercantil a raíz de su fundación en 1888 y convertidos en obdivisionales por los leoneses antizelayistas en 1896.
Mientras el país continuaba en cruenta guerra, a un comerciante granadino se le ocurrió imprimir en Estados Unidos cinco millones de pesos similares a los emitidos por el gobierno de Madriz. Aparentemente, tuvo la aprobación del general Juan J. Estrada, jefe de la revuelta libero-conservadora en Bluefields, que tomaría el poder en agosto de 1910. Pero esos cinco millones fueron incautados por el Gobierno de los Estados Unidos a un tal Secreest, el falsificador, quien terminaría en la prisión de Chicago por ese delito.
Hasta entonces, la unidad monetaria era el peso plata de 25 gramos de 900 milésimas y los billetes del Tesoro la única moneda corriente. Luego, con la instauración de un nuevo orden político, se impondría una nueva moneda: el córdoba, surgido en 1912 y equivalente al dólar.