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16.12.07
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Noticias >> Religión y Fe
¡Con Aparecida! ¡Estrenemos el Evangelio!
J. Dávila y Castellón
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“Al iniciar la nueva etapa que la Iglesia misionera de América Latina y el Caribe se dispone a emprender, a partir de esta V Conferencia General en Aparecida, es condición indispensable el conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios”.

(Benedicto XVI)

Estoy entusiasmado y sumamente complacido porque ha caído en mis manos el “Documento Conclusivo” de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, la cual, como sabemos, fue inaugurada por el Papa Benedicto XVI en el santuario mariano de Aparecida y clausurada en mayo del año en curso.

En esta Conferencia, nuestros obispos, sucesores de los Apóstoles y maestros de la fe, han trazado las líneas pastorales que deben regir en lo sucesivo, durante un buen tiempo, la labor evangelizadora y la vida eclesial de América Latina y el Caribe.

Este Documento está revestido de una belleza evangélica impresionante y puede servir de libro de meditación espiritual y de punto de encuentro con la realidad que viven nuestros pueblos.

No obstante, “lo que importa no es tanto lo que sepas, sino lo que apliques”, como reza una frase que tengo anotada en mi libreta de apuntes. El santo Papa Juan XXIII, uno de los hombres más amados del siglo XX, se atrevió a sostener que “todavía no hemos estrenado el Evangelio”. Estas palabras no provienen de los labios de una persona pesimista, sino de uno de los varones más optimistas y positivos de su tiempo, de espíritu siempre joven y realizador de grandes empresas, como por ejemplo el Concilio Vaticano II que él inauguró. Fue precisamente esta falta de estreno del Evangelio lo que impidió que Ghandi, el gran líder de “la no violencia activa”, de la India, fuera uno de los nuestros. “Admiro a Cristo, pero me decepcionan los cristianos”, exclamó decepcionado este hombre excepcional al comprobar la incoherencia entre la fe y la vida de muchos que se confesaban cristianos.

Los cristianos católicos tenemos a nuestra disposición bellezas de Documentos Eclesiásticos que lo único que nos falta es aplicar o poner en práctica. Por pura pereza o negligencia hemos enterrado verdaderos tesoros o talentos que nos fueron confiados para ser multiplicados. Con Aparecida tiene que aparecer un cielo nuevo y una tierra nueva en nuestro Continente de la Esperanza y el Amor, particularmente en nuestra amada Patria.

El discípulo y misionero de Cristo no es un simple activista que se contenta con lanzar a los otros el mensaje de salvación, sino el hombre o la mujer que posee un elevado sentido de la justicia y lucha con amor por la paz.

Que observando lo intachable de nuestra vida cristiana, los demás descubran en nosotros a Cristo y puedan también descubrir, en Cristo, el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre.

Dios ha hablado a su pueblo a través de nuestros obispos en Aparecida. Aprovechemos la oportunidad. Ahora sí, con Aparecida… ¡Estrenemos el Evangelio!

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