Un jurado de conciencia, integrado por tres mujeres y dos varones, declaró inocentes a todos los acusados del asesinato de un agente encubierto de la Policía Nacional, ocurrido a finales de julio pasado.
La muerte del policía encubierto Rómulo García causó revuelo porque permitió conocer con su noticia la existencia de una dirección de agentes que trabajaban infiltrados en el narcotráfico.
García murió luego de un encontronazo cerca del puente Las Lajas, en Rivas, entre dos bandas de narcotraficantes, en una de las cuales estaba infiltrado.
La jefa nacional de la Policía, primera comisionada Aminta Granera, reconoció en ceremonia pública el trabajo de estos “héroes anónimos”, “fallecidos en el anonimato”, e incluso tildados de criminales.
“Ustedes hermanos y hermanas de la Dirección de Operaciones Encubiertas son como el viento, nadie los ve, no saben de dónde vienen, sólo nos damos cuenta que existen cuando damos el golpe certero gracias a la información que nos pasan y que los órganos públicos y uniformados de la Policía Nacional pueden operar”, sostuvo entonces Granera.
La decisión
Sin embargo, el viernes los miembros del jurado absolvieron a Luis Medina Amorety, con antecedentes penales según la Policía; Gunter Antonio Guido Ortega y Rolando Siezar Ibarra, acusados de asesinato, lesiones graves y asociación ilícita para delinquir.
Aún continúan prófugos José Ángel Sandino Gonzaga y Jefry Avid Villagra Rodríguez, los otros involucrados.
A pesar de perder el caso, la fiscal de Rivas, Isolda Ibarra, dijo que habían hecho un “excelente trabajo” defendiendo las pruebas aportadas por la Policía, pero el jurado es independiente y soberano en sus decisiones.
“El caso era complejo. Había una gran cantidad de pruebas, testimoniales, estudios balísticos, se contó también con que uno de los acusados resultó herido y era una evidencia de que estaba involucrado. Tenemos la satisfacción de que se les dio los elementos a los miembros del jurado”, dijo Ibarra.
El jefe de la Policía en Rivas, comisionado mayor Carlos Espinosa, lamentó lo sucedido, mientras el jefe de Chinandega, comisionado mayor Francisco Aguilera, ni siquiera lo podía creer.
“La Policía podría estar indefensa, no puedo creer que los hayan dejado libres”, dijo furioso.
El comisionado mayor Alonso Sevilla, jefe de Relaciones Públicas de la Policía, también lamentó el fallo. “Es lamentable la decisión tomada por este jurado al no hacer justicia con nuestros hermanos y hermanas policías que a diario arriesgan sus vidas para enfrentar la delincuencia común y organizada, no se merecen fallos de esa naturaleza, por la sangre de nuestro hermano Rómulo lo menos que esperábamos es que se hiciera justicia”, dijo anoche.
Hijo confundido
El hijo mayor del policía asesinado, Stanley García, lamentó también lo sucedido e incluso dijo que para él todavía no estaban claras las circunstancias en que murió su padre.
“La Aminta (Granera) dijo que fue que él negociaba con dos bandas de narcos y que llegó una tercera banda a asaltarlos, pero otros oficiales me aseguraron que una vez que los narcos lo hirieron de muerte, la misma Policía lo dejó tirado en el suelo y que un samaritano lo llevó al hospital. No sé quién dice la verdad”, se quejó.
Días previos al juicio, el jefe policial de Rivas denunció que al jurado lo estaban presionando para “obstruir la justicia”, lo que obligó a tomar medidas de mayor seguridad en los juzgados.
El juicio duró tres días alternos, a partir del 3 de diciembre, porque se reprogramó por diversas razones, y concluyó a las 8:40 minutos de la noche del viernes con la noticia poco favorable a la Policía.
Según las versiones publicadas en los diarios, el oficial encubierto falleció en un intercambio de disparos entre dos bandas que se disputaban una mercancía.
Allí murió el policía, fue herido Rommel Ochoa Cisneros y Luis Medina Amorety, a quien la Policía señaló de ser miembro de una de las bandas y uno de los favorecidos con la resolución del jurado.