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Los Mareados
Textos de su nuevo libro Veinte Mujeres Abandonadas, Catorce Hombres, Un Perro y Un Chocoyo
Rafael Vargarruiz

Y aquí estoy como siempre leyendo los diarios para distraerme
y tomando el vermouth en este cafetín francés en la mitad de Palermo
...Rara, como encendida, te vi bebiendo linda y fatal...
y trato de olvidarte, como si olvidarte fuera una acción consciente
y todo el subconsciente de mi existencia me conduce
y desde todos los puntos cardinales, a tus negros ojos negros
y hacia tu piel morena, canela, mirra y oliva negra
y todos los caminos me conducen a ti, como si fueras una nueva
Roma, la Roma del Imperio de mi sinrazón en que camino
y cada calzada culmina en la vía Apia que me dirige a tu corazón
—centro del imperio—
y como diría Julio César ... Todos mis ejércitos, todos mis hombres
y todas mis mujeres se mueven para que al complacerme,
te complazcan
y desde este Palermo de Buenos Aires te lloro con la Rinaldi
...bebías y en el fragor del champagne, loca reías por no llorar, pena me dio encontrarte...
y gimo sabiendo que a estas alturas de mi vida ante ti, estoy rendido
y he culminado la última batalla de mis batallas
y que al irte después de haberme derrotado sobre la arena de
y Esparta, quedan las pisadas de mi desvarío que dirigiéndose al mar
y siguiendo las huellas de Alfonsina, se desorientan
...pues al mirarte... yo vi mujer, tus ojos, en un eléctrico ardor, tus bellos ojos... que tanto adoré...

Y En Vano Buscan las sirenas de Ulises para enloquecerme más ... esta noche
amiga mía... el alcohol...
y no aferrarme a otra insania que no sea mi desamor por ti
y cuando escribo esto en la terraza del “Croissant Rouge”
y veo el derredor circundado por las hojas amarillas de los
y por mi soledad, en este otoño austral, en la ciudad latina
y más europea de todas ... esta noche beberemos, porque no,
no volveremos a vernos más...
Pero las hojas caen también sobre la playa de Áulide donde me dirijo a mi propio sacrificio para ser propicios los vientos que tal vez me llevarían de nuevo a tus brazos, ya sin vida ... hoy vas a entrar en mi pasado, en el pasado de mi vida, tres cosas lleva mi alma herida: amor, pesar, dolor... pues no vendrás...

Continúan Cayendo en círculos las doradas hojas, al estío de Buenos Aires, sobre mis ansiosas manos que te escriben estas últimas líneas mientras el sol se oculta presuroso en Ezeiza, donde tu avión espera y en el Río de la Plata, envolviendo a Puerto Madero en opacas llamaradas rubias que presagian la oscuridad que se avecina ... hoy vas a entrar en mi pasado...
Y no alcanzo a ver bien el vehículo que se dirige derecho a mí y me convierte en parroquiano de “La Recoleta”, entre cientos de vidrios rotos, por mi estúpida y rejodida costumbre de sentarme en mitad de la terraza-acera del café y tampoco puedo ver a María Encarnación, que al fin vino, entre los curiosos. Todavía, después del choque, queda por un tiempo encendido el radio del carro siniestrado ... y nuevas sendas tomaremos, qué grande ha sido nuestro amor y sin embargo... Encarnación, con su mano enguantada y frágil apaga la radio y queda viendo en silencio los dispersos restos del susodicho y recuerda lo apuesto que era en vida, en su pecho hay un vacío completo, ninguna emoción, ve a ambos lados y se marcha pensando en la boutique de Corrientes, donde vio un modelito que le servirá para los funerales y al ver su Cartier pulsera encuentra la misma hora.

El modelito sirvió también para el suyo, sucedido en el siniestro de Ezeiza, donde su avión fue a estrellarse con otro en la misma pista. Los periódicos aprovecharon lo sucedido para recordar la tragedia de Gardel. ... ¡ay!, mira lo que quedó...

Buenos Aires, otoño de 1995

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