Ayer, 14 de diciembre, celebramos el día del Psicólogo Nicaragüense, una fecha que usualmente pasa desapercibida en un país donde por diferentes razones, tanto la Psicología como los psicólogos y psicólogas no han alcanzado la visibilidad y el reconocimiento social necesario.
La Psicología como ciencia nació hace más de 24 siglos con Platón y Aristóteles, pero fue hasta inicios del siglo XX, con Sigmund Freud, que alcanzó un amplio reconocimiento mundial.
Actualmente existen decenas de ramas de la Psicología: Clínica, Social, Educativa, Deportiva, Experimental, Industrial, Genética, Cognitiva, Jurídica, Laboral, Comunitaria, Evolutiva, Forense y aéreas de desarrollo complejas como Psicopatología, Neuropsicología, Psicobiología, Psicocardiología, Psicofarmacología, etc.
En Nicaragua las estadísticas oficiales estiman en un 27.9 por ciento los trastornos mentales en la población adulta, con una amplia gama que abarca desde las adicciones hasta las diferentes formas de violencia, sin contar aún con un programa estructurado y recursos adecuados para ello. Es importante subrayar que las mujeres, la niñez y la adolescencia constituyen los grupos más vulnerables.
La producción conceptual de la Psicología ha llevado al mundo entero a utilizar términos como inteligencia emocional, inconsciente, coeficiente intelectual, actitud, conducta, impulso, ansiedad, estado de ánimo, autorrealización, introversión, manía, adicción, motivación, obsesión, pedofilia, personalidad, “rapport”, etc.
Toda organización en la actualidad cuenta con psicólogos de diversas formaciones y especialidades: empresas, centros de estudio, servicios de salud, corporaciones deportivas, etc. La Psicología está presente en todos los ámbitos de la vida cotidiana y del desarrollo.
Por diversas razones, aún existen personas en Nicaragua que se resisten a la aceptación de la Psicología. Ya sea por desinformación, por mitos y tabúes, por la cosmovisión y modelos mentales de los nicaragüenses, persisten “comentarios” que los países desarrollados debatieron y resolvieron hace más de un siglo. Existe, por ejemplo, quien duda de la calidad y cientificidad de la Asociación Norteamericana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés).
El 14 de diciembre es el Día del Psicólogo en Nicaragua, y los profesionales de la salud mental estamos obligados a subrayar la relevancia de esta ciencia — que está al servicio de todos— en un contexto como el de Nicaragua, un país que vive una situación de crisis, que demanda una intervención en diversas aéreas de nuestro desarrollo personal, un rescate de las llamadas “emociones positivas”, y enfrentar con esperanza y con nuevas herramientas la construcción de un país más saludable para todos.
Hay cientos de psicólogos ejemplares en Nicaragua, como los que trabajan en Los Pipitos, que por 20 años han cambiado la vida de cientos de niños y madres; los psicólogos comunitarios que trabajan con niñas de la calle, con prostitutas, con huérfanos, con gente excluida; los psicólogos que en hospitales como La Mascota llevan el aliento y la esperanza a niños con enfermedades terminales, o a pacientes con enfermedades crónico-degenerativas; quienes brindan consejería a adolescentes, a parejas, a personas con adicciones terribles; quienes llevaron calidez y amor a la vida a los damnificados del huracán Félix y del Mitch, etc.
Merecen respeto los psicólogos de las escuelas, que trabajan a la par del maestro, en condiciones precarias, con salarios indignos, para superar problemas de aprendizaje, de agresividad, de violencia física y sexual proveniente muchas veces de los propios hogares.
Infelizmente, dos conocidos cronistas deportivos emitieron hace poco un extenso comentario negativo, superficial y sin evidencias, sobre el papel de la Psicología y los psicólogos. Los medios de comunicación tienen el papel de informar, pero también de educar, de contribuir a construir un país mejor para todos. Se puede discrepar, tener opiniones y puntos de vista diferentes, todo esto es parte de la necesaria diversidad y multiculturalidad, pero negar el avance de la ciencia, desinformar e ironizar sobre el papel y la relevancia de la Psicología u otra ciencia, es una falta de respeto y un indicador de la calidad y cualificación del sistema de valores y nivel de conocimientos en la actualidad.