Recientemente, se reunieron los obispos católicos de Centroamérica, Panamá y Venezuela. Sobre la situación socioeconómica de la región, dijeron: “…No es del amor de Dios que no haya mejoras para las grandes mayorías empobrecidas… obligadas a la migración forzada al no encontrar en su propio país lo necesario para una vida digna… la migración al interior de nuestros países y al exterior sigue fomentándose por la mala distribución de la riqueza, la corrupción institucional, la falta de auténticas políticas de desarrollo… Mientras no se logren cambios… continuará la movilidad humana”.
Los problemas mencionados por los religiosos no son nuevos. La situación de la pobreza en Latinoamérica ha existido desde siempre. Si hoy se nota más, es porque somos más. Tiende a incrementarse, pues el desarrollo socioeconómico lo seguimos atendiendo de la misma manera, a como creamos la problemática actual.
Lo anterior es resultado de la gestión de nuestros mayores y de los líderes actuales, de los políticos, los profesionales, los empresarios, los artesanos, los miembros del Ejército y la Policía, los maestros, los religiosos… de todos. Hemos creado sociedades en las que la mitad de sus miembros viven en extrema pobreza.
Las culturas que han logrado crear sociedades prósperas están conformadas por humanos que tienen bien desarrollada la empatía, que es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar, y responder correctamente a sus reacciones emocionales. La empatía es el pedestal más sólido que tiene la moral. Es entender que lo que me duele a mí lo sentirá otro de la misma forma. Es semejante, pero diferente a la regla de oro: “No hagas a los demás, lo que no quieras que te hagan a ti”.
Todos estamos programados para ser morales, pero esto no significa que todos practiquemos comportamientos morales. La convivencia en comunidad es la que ayuda a que perfeccionemos la moralidad y son los líderes de la comunidad los que enseñan la empatía, su implementación y cumplimiento. La empatía es una ventaja de la evolución.
Con el desarrollo la empatía se crean sociedades prósperas, pues un líder no hará a los otros lo que no le gustaría que le hicieran a él. Tampoco permitirá que otro líder haga a otros lo que no le gustaría que le hicieran a él.
Los obispos exhortaron a los políticos a trabajar por el bien común y no sólo por el bienestar de los gobernantes. El trabajar por el bien común no sólo es responsabilidad de los políticos, es de todos, incluyendo a los religiosos. Existen culturas que trabajan el bien común mejor que otras. En las sociedades prósperas, los líderes trabajan por el bien común y exigen que se trabaje por este, empáticamente.
Crear riqueza es fácil. La riqueza de un país es el resultado de las habilidades manuales e intelectuales de los individuos para crear los productos y servicios que el mercado requiere; de la destreza para desarrollar los mercados y de la maestría para crear sistemas de convivencia que incentiven las dos primeras iniciativas. La prosperidad es una habilidad.
Con líderes de la educación universitaria se está evaluando la iniciativa de establecer un curso en el pénsum académico universitario denominado ¿Por qué somos pobres? Esta es la asignatura olvidada, es la ilustración que no hemos tenido los estudiantes latinoamericanos a lo largo de nuestra historia.
Es obligación de los líderes estudiar las causas de la pobreza. Esta no es consecuencia de la mala distribución de la riqueza, como advierten los obispos, así como tampoco fue una solución la Teología de la Liberación. En realidad, la pobreza se debe a la corrupción institucionalizada, personificada en los políticos; a la irresponsabilidad e incapacidad de todos y a la falta de empatía de los que están en posiciones de liderazgo.
A los líderes corresponde establecer los códigos morales de la sociedad y para preservarlos esta debería rechazar a aquellos que no los cumplen. En Francia y en otros países, las leyes castigan como criminales a aquellos que no ayudan al que requiere asistencia. No es caridad lo que se requiere. El Papa Juan Pablo II mencionó que el desarrollo es el nuevo nombre de la caridad. El desarrollo es libertad.