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Un habitante de Sderot muestra los daños que dejó en su vehículo el último ataque terrorista a la ciudad. (LA PRENSA/ A. Alemán)
La ciudad que despierta con cohetes
Sderot es víctima de ataques con cohetes desde el lado palestino
Alberto L. Alemán Aguirre
SDEROT/ ISRAEL
info@laprensa.com.ni
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Cansancio y desesperación

Para Alevi, y quizás para muchos de los 22 mil habitantes de esta localidad, lo único que importa es la tranquilidad y no importa a qué precio.

Otros habitantes, si bien anhelan vivir sin miedo, no necesariamente están favor de una nueva guerra.

“No es agradable despertarse con un despertador como este”, dice Jaim Shakuri, habitante de 48 años y padre de 6 hijos. “O hacemos una paz completa o entramos a poner orden”, agrega, aunque admite, tras pensarla un poco, que una invasión militar “también sería poner en riesgo la vida de nuestros muchachos (los soldados)”.

Cae la tarde. Luego vendrá la noche. Y esta mañana Sderot se levantará de nuevo al ruido de las alarmas y las explosiones. Como desde hace 7 años.

El ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, dijo que se estudia una respuesta a los ataques en Gaza. “Es un largo camino”, manifestó. Por su lado, el jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Gabi Ashkenazi, dijo que se estaba llegando al punto en el cual “tendremos que llevar a cabo la gran operación”, una posible alusión a un operativo militar de envergadura del otro lado de Sderot.

En siete años, más de 4,500 cohetes artesanales Kassam, lanzados por extremistas palestinos, han impactado esta ciudad del suroeste de Israel, de ellos 970 en lo que va del año, sembrando la muerte, el miedo y el éxodo. Esa ha sido la “normalidad” de esta moderna ciudad surgida en 1951 de la visión de Ben Gurión, padre fundador del moderno Estado de Israel, de colonizar el desierto.

Cohetes, heridos y la posibilidad de la muerte a diario. Sintiéndose abandonada a su suerte, esta ciudad judía clama una acción de respuesta a la acción de terroristas palestinos que lanzan esos artefactos metálicos de fabricación casera, de escasa precisión pero letales, desde la vecina Franja de Gaza, apenas a un kilómetro y medio.

Una de las exigencias fundamentales es el reforzamiento de 800 casas y de las escuelas y que el dinero sea incluido en el presupuesto de 2008, a lo cual las autoridades centrales están renuentes. En Sderot hay 10 escuelas, ocho de ellas de primaria. La mayoría de los disparos desde Gaza ocurren por la mañana, cuando los niños van a clases.

El miércoles unos 15 proyectiles cayeron sobre la ciudad y su área circundante. Cinco personas resultaron heridas, entre ellas una niña afectada por charneles. Varias víctimas recibieron tratamiento sicológico. En siete años, nueve personas han muerto y decenas han salido heridas. La gente vive en un trauma permanente.

En 2005, el Gobierno de Ariel Sharon retiró a unos 7 mil colonos judíos de la Franja de Gaza, cediéndola al control de la Autoridad Nacional Palestina. Tras la ruptura del Gobierno de unidad nacional del movimiento islámico Hamas y la agrupación Al Fatah del presidente de la ANP, Mahmud Abbas, en la primera mitad de este año, Hamas se hizo del control de la Franja por la fuerza.

Este territorio, rodeado por Israel y Egipto y a orillas del mar Mediterráneo, sigue hoy bajo control de ese movimiento, un grupo financiado por Irán que desconoce la existencia del Estado de Israel y pregona su destrucción.

Pero fue otro grupo, el Yihad Islámica, el que reclamó la autoría de 11 de los disparos del miércoles. Dijo que era una represalia por la incursión militar israelí del martes en Gaza, la cual dejó un saldo de 6 militantes muertos.

Las Fuerzas de Defensa de Israel llevan operaciones punitivas regulares en el territorio, y el Gobierno ha limitado el suministro de energía, agua y combustible para presionar por el fin de los ataques desde la Franja, donde viven más de un millón de personas.

“¿Qué es lo que espera el Gobierno (del primer ministro Ehud) Olmert?, ¿a que un cohete caiga en medio de una guardería?”, manifestó el vocero de la Alcaldía de Sderot, Shalom Alevi, ante un grupo de medios latinoamericanos, entre ellos, LA PRENSA.

El alcalde Eli Moyal puso su renuncia ayer mismo en Jerusalén, en protesta por lo que considera la inacción del Gobierno. Sin embargo, periodistas locales lo tomaron con cautela, puesto que el funcionario enfrenta una investigación por supuestos actos de corrupción.

“No puedo tomar la responsabilidad… Si 20 niños mueren mañana por un rocket, me preguntarán ¿por qué abriste el kindergarten?”, cita al alcalde el diario Haaretz.

Alevi aseguró que en un año y medio, unas 3 mil personas se han ido de la ciudad ante lo que, dice, es la incapacidad del Gobierno central.

A eso del mediodía de ayer, unos 18 cohetes habían caído en el área de Sderot. Durante el encuentro con Alevi, sonó una alarma, aunque la explosión se produjo lejos de la Alcaldía. Corren todos, incluidos los periodistas, a un piso considerado seguro por su blindaje. “Los terroristas están de fiesta cada vez que cae un cohete”, comenta Alevi.

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