Una atmósfera de duelo y pesadumbre se respiraba ayer en Argelia, debido al impacto originado por los dos atentados perpetrados el martes en la capital argelina, que provocó numerosas víctimas jóvenes, entre ellas estudiantes y escolares.
Ambos atentados, reivindicados por un grupo afiliado a la red terrorista Al Qaeda, provocaron 30 muertos —entre ellos cinco extranjeros—, según la información oficial. Fuentes hospitalarias, sin embargo, aseguran que el número de víctimas asciende a 62, mientras que el diario El Watan aseguró que hubo 72 muertos.
Esas acciones terroristas simultáneas, en un elegante barrio de la capital, fueron dirigidas contra el Consejo Constitucional, en Ben Aknun, y dos edificios donde funcionan las sedes del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) y del Alto Comisionado de la ONU para Refugiados (ACNUR) en el vecino barrio de Hydra.
Se trata del atentado más grave cometido contra instalaciones de la ONU desde el ataque con un camión-bomba, perpetrado en agosto del 2003 contra el cuartel general de la organización en Bagdad, confirmó el principal responsable del ACNUR en Argelia, Antonio Guterres.
Los dos edificios se derrumbaron por efecto de la explosión. Familiares de las víctimas y miembros de los organismos de socorro, ayudados por perros especialmente entrenados, continuaban removiendo escombros en busca de posibles sobrevivientes.
Entre el momento del atentado y las primeras horas del miércoles fue posible rescatar siete sobrevivientes debajo de las toneladas de escombros y hierro calcinado.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, indicó que por lo menos 12 empleados de la organización habían perecido en el atentado.
Ban Ki-moon impartió instrucciones a los responsables de seguridad de la ONU y a varios consejeros de la organización que viajaron de inmediato a Argel para estudiar la situación.
Numerosos familiares de los escolares muertos o desaparecidos en los atentados pasaron la noche tratando de ayudar a los socorristas o esperando noticias de sus seres queridos.
En el sector de Ben Aknun, una madre lloraba desconsoladamente sentada en la acera, mientras esperaba noticias de su hija, que no había dado señales de vida desde el atentado.
Entre las víctimas del atentado contra el Consejo Constitucional figuran numerosos adolescentes que viajaban en un autobús alcanzado por la deflagración.