La autonomía escolar no era mala, lo malo es que en Nicaragua se implementó sin mecanismos de control o fiscalización. Así se indica en el estudio Gestión, Control y Rendición de Cuentas: de recursos financieros bajo el régimen de autonomía escolar.
El estudio fue elaborado por el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP), consultando a profundidad cómo funcionaba este modelo en cinco centros educativos.
Claudia García Rocha, oficial del proyecto, indicó que los maestros y estudiantes miraban en la autonomía escolar beneficios tangibles.
“Para los maestros significó la mejora de sus condiciones laborales y la mejora de sus condiciones salariales. Pudieron contar con materiales para impartir las clases. Una serie de mejoras, algunas muy significativas que contribuyeron a que el maestro tuviera mejores condiciones laborales”, detalló García.
Indicó que una de las mejoras fue la de pizarras acrílicas, materiales educativos, cuadernos y mejoras pagadas con el dinero que se recibía por la autonomía escolar.
Por su parte los estudiantes admitieron que se les cobraba una “cuota voluntaria”, pero también vieron beneficios con este pago.
Indicó que el estudio reafirma que el problema con la autonomía eran los mecanismos de rendición de cuentas.
“Se estipularon fugazmente algunos mecanismos de rendición de cuentas como carteles. A los alumnos ese tipo de mecanismos no les satisfacía”, señaló García.
Manifestó que la autonomía tuvo grandes debilidades, una de ellas es que empieza como un ensayo, sin un respaldo legal, un reglamento.
“Los controles desde el Ministerio de Educación fueron bien flojos” , añadió García.
Comentó que estos controles debían ser tanto al dinero que pagaban los padres como al de las transferencias, y comentó que los especialistas señalan que no se podía hacer una evaluación completa de la autonomía escolar, porque aún era incipiente.
“Lo oportuno era examinar y ver que se podía continuar y ver cómo se conectaba con la nueva política educativa”, recomendó García.