La decisión de la mayoría de los venezolanos, de no permitir que los deseos del presidente Hugo Chávez hicieran metástasis en las entrañas de esa nación sudamericana, no confina el impacto al territorio venezolano, sino que lo impulsa más allá de las fronteras.
La victoria del movimiento por el No, en referencia a la posición de los adversarios de Chávez, encontrará eco entre quienes antagonizan en Nicaragua los intentos del presidente Ortega, de coronarse cacique mayor al emular algunas de las reformas pretendidas por el coronel venezolano.
En realidad la derrota de Chávez no puede encasillarse exclusivamente a sus deseos de llevar a su país hacia el socialismo del siglo XXI (como si eso fuera tan fácil como aprender a conducir bicicleta).
De acuerdo a lo expresado por analistas y dirigentes de la oposición antichavista, a estos les perturbaba más la intención de hacer cambios en la Constitución que lo hubieran convertido en el dueño de facto del país petrolero. Siendo uno de los cambios más controversiales, el deseo de permitir indefinidamente la reelección presidencial. Con este revés, el venezolano deberá entregar el poder en el 2012.
El día del referendo, Yon Goicoechea, líder estudiantil de 22 años, declaró a los medios de prensa internacionales que sus compatriotas, en lo general, reconocen la necesidad de un cambio integral en el sistema político de su país, pero de ninguna manera estaban dispuestos a obtenerlo otorgándole poderes omnímodos a un Presidente que ha demostrado una conducta política inestable que raya en lo dictatorial.
Eso es precisamente lo mismo que expresan los nicaragüenses cuando se discute la problemática nacional. Se reconoce la urgencia de un cambio, pero no uno que favorezca a la nomenclatura rojinegra, que intenta utilizar como herramienta de presión a sectores menos favorecidos.
Los cambios al sistema político en Nicaragua, no pueden darse acomodándolos a las exigencias y amenazas proferidas por Daniel Ortega. Tal como lo hizo Hugo Chávez en su país y como lo declarara el ex comandante frentista en la Asamblea Nacional.
Ojalá que el fracaso del experimento de su mentor, sirva para iluminarlo y hacerle ver que es más conveniente —para todos— trabajar con la oposición, y no contra ella.
Pero de ninguna manera se debe tomar lo acontecido en Venezuela, únicamente como una lección para el partido de gobierno. La enseñanza va también para quienes le adversan. Una oposición unida y con acciones coordinadas, fue vital para conseguir el voto contra el Sí en aquella nación.
Es necesario que los nicaragüenses emulemos la entrega demostrada por los diferentes sectores de la sociedad venezolana.
En unos comentarios dados, luego de conocer los resultados del referendo, Chávez dijo: “esta vez no pudimos”. Quizá él no pudo, pero Venezuela definitivamente demostró su capacidad para hacerlo.
Al sufrir el revés en el parlamento, Ortega sentenció que ignorará el rechazo de la Asamblea Nacional sobre los CPC y cualquier acuerdo que emane del Poder Legislativo. Solamente una resistencia civil organizada, igual que en Venezuela, podrá contrarrestar la prepotencia del Presidente.
El autor es ingeniero. Reside en Estados Unidos