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Violencia contra mujeres es violencia contra la humanidad
Paul Trivelli
El autor es Embajador de los Estados Unidos de América en Nicaragua.
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Para celebrar el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el 25 de noviembre y los siguientes 16 días de activismo para concienciar sobre los crímenes basados en género, Estados Unidos está llamando a sus socios globales a renovar el compromiso de acabar con las violaciones a los derechos humanos de las mujeres. Ningún país puede prosperar ni mantenerse libre cuando se le niega una vida digna, con igualdad y justicia a la mitad de su población —las mujeres—.

Gran parte de la violencia contra mujeres, incluyendo violencia física, sexual y sicológica, discriminación y abandono, trata de personas y empleo forzado, se mantiene escondida, a veces tolerada y hasta cierto punto aceptada como parte de la cultura. La violencia y el abuso que ocurre en los hogares entre familiares es especialmente trágico.

Muchas mujeres y niñas que han sido víctimas de la violencia tienen demasiado miedo para rebelarse por temor a recriminación o estigmatización. Dicha violencia no sólo impide la habilidad de las mujeres de vivir vidas plenas y productivas, sino que también les roba su niñez y restringe sus contribuciones al desarrollo familiar, social y económico. Toda la sociedad debe responsabilizarse de parar esta violencia, pero los gobiernos —que deben rendir cuentas ante sus pueblos— tienen que poner el ejemplo. Aplaudimos a la Policía Nacional de Nicaragua y su directora general Aminta Granera, por la implementación de la campaña Romper el Silencio, que anima a mujeres y testigos a reportar estos crímenes. Sin embargo, debilidades en el sistema judicial muchas veces significan que la mayoría de los perpetradores se van sin ser castigados por sus crímenes, permitiendo una cultura de violencia basada en género y la falta de respeto a la mujer.

Otra forma grave de violencia contra la mujer es la trata de personas —la forma moderna de esclavitud— basada en género en lugar de raza. Más allá de la destrucción de vidas, es un riesgo contra la salud y la seguridad de todas las naciones. Las fronteras permeables de Centroamérica y el predominio de problemas como la pobreza, el analfabetismo, la violencia doméstica, el desempleo y la falta de oportunidad, hacen a esta región particularmente vulnerable ante la amenaza de la trata de personas.

La trata de personas también alimenta el crecimiento de enfermedades de transmisión sexual y el VIH/Sida. Abastece al crimen organizado, arriesgando el bienestar y la seguridad de comunidades en todo el mundo. Está incrementando la trata de mujeres y niñas en todas partes, incluyendo a Nicaragua, no sólo para la explotación sexual, sino también para el servicio doméstico forzado, un comercio ilegal global estimado en US$9.5 mil millones anualmente. Muchos gobiernos no reconocen el empleo forzado como una forma de trata y con frecuencia se hacen de la vista gorda ante estos crímenes, mientras los traficantes quedan libres para explotar a otras y otros. Aunque la violencia contra la mujer y la trata de personas ocurre mundialmente, las mujeres en países pobres como Nicaragua son particularmente vulnerables.

El cumplimiento de las leyes, penas fuertes y la eliminación de la impunidad para aquellos que cometen crímenes contra las mujeres, son esenciales para combatir este flagelo. Sin embargo, también deben hacerse esfuerzos para educar e informar a las mujeres de manera que nunca se conviertan en víctimas en primer lugar. Por esta razón, los Estados Unidos apunta a promover mundialmente las oportunidades económicas de la mujer, la educación, la salud, la alfabetización y la participación política. El enfoque en el tema de género es clave en nuestros programas de asistencia al desarrollo en Nicaragua.

Nuestros programas fortalecen la capacidad de las mujeres para convertirse en líderes, empresarias, maestras, periodistas, enfermeras y proveedoras de servicios de salud. Creemos que otorgándoles las herramientas necesarias las mujeres estarán mejor preparadas para construir sus propias vidas con menos posibilidades de sucumbir ante la violencia y la desesperación. A través del Fondo de Democracia del Embajador estamos apoyando programas dirigidos a la eliminación de la violencia contra la mujer por medio del incremento de la sensibilidad comunitaria y la educación. La Cuenta Reto del Milenio, junto a Nicaragua, se enfoca en dar poder a las mujeres y expandir el empresariado de la mujer en el sector agrícola. Estudios han mostrado que cuando las mujeres tienen acceso a bienes activos, incluyendo propiedades, tienen menos tendencia a ser víctimas de la violencia.

Bajo las iniciativas de capacitación laboral del DR-Cafta, el pueblo estadounidense está contribuyendo con US$3.98 millones para eliminar la discriminación y acoso sexual contra las mujeres dentro de las maquilas en la región centroamericana, incluyendo Nicaragua. Los esfuerzos incluyen entrenamiento a las trabajadoras para que puedan protegerse de la discriminación en el lugar de empleo.

La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional tiene una gama de programas que beneficia a las mujeres, incluyendo iniciativas para incrementar el acceso de las mujeres a los servicios de salud, exámenes y prevención de VIH/Sida y la planificación familiar. También hacemos hincapié en la educación de las mujeres y niñas, aumentando los vínculos con los socios del sector privado, y proporcionando asistencia técnica a través de la ampliación de la red de escuelas modelo —un programa que incorpora un método de aprendizaje activo e involucramiento de la comunidad—. No sólo mejora los resultados educativos sino, contrarresta directamente estereotipos de género obsoletos por medio de grupos de trabajo que fomentan el liderazgo en ambos géneros.

Para marcar los 16 días de activismo de la violencia contra mujer, los Estados Unidos hace un llamado a los gobiernos, ONG, organizaciones religiosas y activistas de derechos humanos para reforzar los esfuerzos para erradicar los delitos sexuales, violencia doméstica y trata de personas. Como dijo el presidente Bush: “Sin las mujeres los objetivos de la democracia y la paz no pueden ser alcanzados. Los derechos de la mujer son derechos humanos y el trabajo de mejorar los derechos humanos es la responsabilidad de toda la humanidad”.

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