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El “negocio” de la educación o el costo de la ignorancia
Augusto Zelaya
El autor es Licenciado en Ciencias de la Educación
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Son muchas las oportunidades en que se ha prevenido a las autoridades de la educación nacional sobre problemas que deben de ser atendidos con urgencia, entre ellos: modernización de la educación, el currículo, la educación como inversión, mejoría en la educación superior, el concepto y la necesidad de la educación técnica, entre otros.

En lo personal he ofrecido mi sincero y sencillo aporte a varias organizaciones. Quizá porque no hablo difícil y soy chapiollo, no he encontrado mucho eco. Únicamente dos me han respondido: la UNAN-Matagalpa, a través —cuándo no— de mi amigo y profesor Douglas Stuart; y también la Upoli, a través de mi maestra y amiga, doctora Mirna Cuevas. Coincidencia, el muy respetado doctor Carlos Tünnerman nos informa en un artículo periodístico, que la Upoli acaba de ser acreditada por el Consejo Centroamericano de Acreditación (CCA). Ya veo por qué. Están cambiando. Eso es muy difícil. ¡Cómo duele crecer!

1. El currículo por demanda. Dos acertados artículos, uno del doctor Rafael Lucío Gil y otro del doctor Francisco Láinez, escrito el 2 de agosto del 2006, debieran ser documentos de lectura obligada para nuestras universidades. Ambos valores de la educación urgen la consulta curricular para legitimar y hacer auténticos los contenidos educativos. De la misma forma, fomentado por el Banco Mundial, en el marco del PTA, en julio y agosto del 2 003 se realizaron el FODA para los CETAS del Inatec y el Congreso Centroamericano de Educación Agrícola. Ambos eventos urgieron también la identificación de currículos por demanda en la educación técnica. A partir de esa urgencia, técnicos del Ministerio de Agricultura, Inatec y profesores del CETA, de Muy Muy, realizaron una experiencia valiosísima para adecuar el currículo del CETA a la demanda. Esa experiencia está documentada en los archivos —otra vez— de esa institución. No se cambió nada y, más bien, se castigó a los técnicos que cometieron la osadía de querer cambiar. Ojo don Dámaso Vargas, director Ejecutivo de Inatec.

Sobre este tema del currículo por demanda, sobre todo algunas ONG, han podido alcanzar logros notables. El Inpruh, en Madriz, tiene —quizá— la más interesante experiencia. Hubo marcado interés de parte de una escuela y ciclo básico de Los Cocos, cerca de Malacatoya, la parroquia de San Rafael del Norte, Proyect Concern International, el colegio Don Bosco, de Managua, los Proyectos de Educación Tecnológica de San Rafael del Sur, Diriamba, El Rama y Mina El Limón, con apoyo fortísimo de empresas privadas y que fueron anulados por el MECD. También se habían interesado la Universidad Paulo Freire, la Universidad de Ciencias Comerciales con el doctor Rimbaud y el Centro de Estudios Empresariales (CEE), entre otros. Así que, mi apreciado doctor Lucío Gil, sigamos insistiendo. Tiene que triunfar la nueva y buena intención.

2. Con fecha reciente, LA PRENSA publicó un interesante artículo en el que destaca que, cuando una persona “aprueba un grado escolar tendrá un retorno incremental” equivalente a un 10 por ciento en sus ingresos; excelente la comparación.

Realmente, hay un estudio de hace algunos años del Banco Mundial en el que asegura con datos y muchas pruebas estadísticas, que, cuando un país eleva su Tasa Nacional de Escolaridad (TNE) en un grado, es igual que si aumenta su PIB en un 20 por ciento. La razón es que la población más educada comprende, usa y aplica mejor los consejos, recursos de salud, agricultura, etc. En otras palabras, si nosotros los nicaragüenses hiciéramos un esfuerzo y pasáramos del cuarto grado de primaria que tenemos al quinto grado, equivaldría a que nuestro PIB actual —US$5,300 millones— se incrementaría en US$ 1,060 millones. ¡Qué negoción! ¡Más que todas las remesas anuales y casi como todas las exportaciones de un año entero! ¿Y cuánto cuesta eso? Vamos con un ejemplo práctico: Irlanda, que en 1990 estaba en similares condiciones a las que teníamos en Nicaragua, mejoró su Tasa Nacional de Escolaridad (TNE) a un costo aproximado de 50 millones de dólares por grado alcanzado. Nosotros, si invirtiéramos los mismos cincuenta millones al año, ganaríamos 1,060 millones en ese mismo año. Un Costo Efectividad de 1.21. ¡Qué tal “negocio” puede ser la educación! ¿No es evidente que en verdad, la educación es el mejor negocio de nuestro país? ¡Uff!

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