El bateo se lleva los titulares, pero es el pitcheo el que captura los campeonatos, dice un mandamiento no escrito en el beisbol, sin importar su nivel o donde se juegue.
Eso explica la desesperación de los equipos de Grandes Ligas por fortalecer sus cuerpos monticulares. Incluso, Boston, que tiene un gran staff, desea a Johan Santana entre sus abridores para el 2008.
Santana es el brazo más codiciado en estos momentos. Tiene cuatro campañas seguidas en las que gana al menos 15 juegos, lanza más de 200 innings y poncha a más de 200 bateadores. Y tiene dos Cy Youngs en la vitrina de su casa.
¿Por qué lo cambia Minnesota? La motivación básica es porque será agente libre después de la próxima campaña. Así que en lugar de perderlo sin nada a cambio después del 2008, los Mellizos lo entregan ahora y reciben a jóvenes que pueden brillar en el futuro.
¿Quiénes tienen chance de conseguirlo? Pocos. Los equipos que además de tener buenos prospectos, tengan también mucha plata. Santana saldrá de Minnesota con una extensión de contrato garantizada, de lo contrario, no hay cambio.
El zurdo venezolano desea un acuerdo por el orden de los 150 millones de dólares en siete años, es decir, más de 20 millones anuales, una cifra jamás ganada por un lanzador en la historia.
¿Merece tanto dinero? El problema es que lanzadores de su calibre no hay dos, ni siquiera Dan Haren, el derecho de los Atléticos, cuyo mejor esfuerzo en toda su carrera, le permitió ganar 15 juegos este año.
Lo que ocurre con Santana es que, primero, los buenos lanzadores están escasos, y segundo, tiradores como Barry Zito, Mike Hampton o Denny Neagle que no tienen su nivel, han conseguido una fortuna.
Minnesota hace su trabajo. Trata de conseguir la mejor propuesta para salir de su mejor jugador. Eso parece haber agotado la paciencia de los Yanquis, pero no la de los Medias Rojas.