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Soldados permanecen en formación frente a un caza ruso Sukhoi 30 durante un acto conmemorativo del 86 aniversario de la Fuerza Aérea Venezolana. Hugo Chávez afirmó que los cazas Sukhoi 30 que su gobierno compró a Rusia representan “la soberanía y la dignidad” del país suramericano frente a las supuestas pretensiones de “bloqueo” por parte de Estados Unidos. (Fotos de La Prensa/EFE)
Vientos de guerra en América Latina
América Latina se rearma rápidamente mientras las tensiones políticas y fronterizas se agudizan. ¿Hay posibilidades para una nueva guerra en América Latina?
Por Carlos Salinas Maldonado
domingo@laprensa.com.ni
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Su sonrisa delataba orgullo. La sensación de haber hecho bien la tarea. George W. Bush aparecía risueño retratado junto al líder de Israel, Ehud Olmert, y de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, en la lujosa Academia Naval de Annapolis, cerca de Washington D.C., anunciando al mundo que había logrado un acuerdo para lograr la paz en Oriente Medio antes de 2009. Mientras tanto, América Latina ardía a sus espaldas.

El subcontinente, según algunos analistas, olvidado por la Era Bush, amenaza con convertirse en una nueva zona de conflicto. Todo bajo un contexto de diferencias políticas y rearme en la región, donde la mayoría de los países, con Venezuela a la cabeza, han invertido miles de millones de dólares en modernizar sus fuerzas armadas.

Mientras Bush desarrollaba la “histórica” reunión con sus colegas de Medio Oriente, a miles de kilómetros al sur de Annapolis, en Sucre, capital constitucional de Bolivia, se desarrollaba una batalla campal entre seguidores del presidente Evo Morales y aquellos que se oponen a la reforma constitucional impulsada por el mandatario. Las protestas han dejado tres muertos y más de 300 heridos.

Además de su crisis interna, Bolivia mantiene diferencias con sus vecinos. El país es un territorio sin salida al mar, por lo que depende de puertos chilenos para exportar sus productos. En marzo pasado, ambos países registraron una controversia diplomática, al imponérseles aranceles a los productos bolivianos. Ambos países firmaron en 1904 un Tratado de Paz y Amistad con el que Chile se compromete a permitir el libre paso de las mercaderías bolivianas a través de los puertos chilenos.

En este triángulo de América del Sur, Chile, Perú y Bolivia están invirtiendo en la modernización de sus Fuerzas Armadas, un proceso iniciado por Santiago, y que ha llevado a Bolivia a buscar la ayuda de su aliada Venezuela. En los últimos tres años, Caracas ha otorgado más de seis millones de dólares en ayuda en Defensa al gobierno de Evo Morales.

Más al sur del continente, entre Uruguay y Argentina, se mantiene la disputa fronteriza entre ambos países por la ubicación de una planta de celulosa en la localidad de Botnia, en Uruguay. El conflicto movilizó a los pobladores locales, que denunciaban serios daños al ambiente por la construcción de la planta; de parte de Argentina se realizaron cortes en los puentes fronterizos, que fueron catalogados de “absolutamente ilegales” por el mandatario uruguayo, Tabaré Vázquez. La controversia continúa.

Ecuador y Perú ya han protagonizado su propia guerra por disputas territoriales por amplias zonas de la Amazonia y de los Andes. A pesar de que en 1995 se firmó un acuerdo de paz en Brasilia, la tensión entre los países se mantiene viva.

Y mientras Bush celebra con champaña el “histórico” acuerdo de Annapolis, los ojos del continente se volvían nerviosos hacia Colombia y Venezuela.

El presidente Hugo Chávez se ha convertido nuevamente en el impulsor de una crisis diplomática en la región, al anunciar que “interrumpía” las relaciones con Colombia, su vecina y tercer inversor más importante del país tras Estados Unidos y España. Chávez comenzó una nueva perorata, esta vez contra el presidente colombiano Álvaro Uribe, a quien llamó “triste peón del imperio”. Uribe había decidido separar a Chávez como mediador entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las Fuerzas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Para algunos analistas consultados, el desenlace de este incidente es incierto. Ambos países están invirtiendo miles de millones de dólares en la renovación de sus fuerzas armadas, en el caso de Colombia con ayuda del Plan Colombia, una iniciativa de Estados Unidos para combatir el narcotráfico. Venezuela, según datos de la Red de Seguridad y Defensa de América Latina (Resdal) aumentó en 2006 en 33% su gasto en Defensa, al pasar de 1,286 millones de dólares a 2,084 millones.

Y en medio de todo, están las diferencias ideológicas entre ambos gobiernos. El presidente Uribe acusó a Chávez de “incendiar” América Latina. “No se puede incendiar el continente como usted lo hace, hablando un día contra España, al otro día contra Estados Unidos, maltratando un día a México, al siguiente al Perú, en la mañana, después, a Bolivia”. Chávez, por su lado, acusa al gobierno de Colombia de prestar las bases para una posible intervención estadounidense contra su país.

La relación de Colombia y Venezuela ha sido de amor y odio, según el embajador de Caracas en Managua, Miguel Gómez. Ambos países mantienen un sano intercambio comercial, pero siempre han estado a un hilo de irse a los puños. En 1987, la penetración de un buque colombiano en aguas territoriales venezolanas estuvo apunto de desatar un conflicto militar.

Sin embargo, Gómez dice que no se espera una mayor escalada en la actual crisis diplomática entre ambos países. “Son acontecimientos que ocurren con alguna frecuencia, pero que no vislumbran una situación mayor de la que se está dando”, afirmó en entrevista con Domingo.

Brasil es el gigante que observa cómo se desarrollan las tensiones en la región. Hasta ahora no se ha metido con nadie, pero sí forma parte del proceso de rearme que experimenta Latinoamérica.

Un reportaje publicado el lunes pasado por el diario español El País, mostraba que Brasil no escatima gastos a la hora de defender sus fronteras y modernizar sus fuerzas armadas. Según El País, Brasil gastará el próximo año 4,800 millones de dólares para desarrollar su propia industria bélica, que permitirá la fabricación de aviones de combate, buques, radares, sistemas antitanques, municiones, la creación de bases militares a lo largo de sus fronteras y entrenamiento para los más de 310 mil integrantes de sus Fuerzas Armadas. En 2006 Brasil gastó cerca de 14 mil millones de dólares en Defensa, un 1.74% de su Presupuesto.

El País hacía referencia a un sondeo entre militares brasileños publicado el fin de semana pasado por la revista brasileña Veja, que reflejaba que el 63.5% de los uniformados creía posible un enfrentamiento armado con algún país de la región. Un 50% de los encuestados señalaba a Venezuela o Bolivia como los enemigos potenciales para iniciar una guerra.

¿Existe la posibilidad de una guerra en Latinoamérica? Los expertos consultados para este reportaje dicen que no están dadas las condiciones para un enfrentamiento en la región, como ocurría en años anteriores, pero afirman que la guerra es una hipótesis que nunca se puede descartar.

“En términos estratégicos nunca se puede decir esto no va a pasar, pero existe un principio de que una democracia no ataca a otra democracia”, afirma Roberto Cajina, experto en temas de seguridad y defensa.

Carlos Arroyo, del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP), una organización que trabaja temas de defensa en el continente, afirma, sin embargo, que el pasado bélico de la región es un elemento a tomar en cuenta a la hora de hacer un análisis del contexto actual de América Latina.

“En una región donde están todavía muy presentes los temores, las dudas, las desconfianzas por diferendos territoriales, por problemas no resueltos a través de la historia, estos procesos de adquisición de nuevos armamentos siempre levantan temores y pueden contribuir a incrementar el clima de desconfianza entre los países de la región”, afirma Arroyo.

Para el experto, lo más peligroso del proceso de rearme que vive América Latina, podría ser “la justificación para que un país se aventure a emprender una acción en contra de otro, bajo el argumento que el otro país se está armando para una eventual guerra”.

En el continente, el discurso bélico lo domina el presidente venezolano Hugo Chávez. En todas sus disertaciones, siempre habla de planes de Estados Unidos de invadir Venezuela. Un discurso que el embajador Miguel Gómez reproduce letra por letra: “No dudamos que la CIA pueda tener planes para azuzar, crear condiciones para crear conflictos entre Colombia y Venezuela para ellos intervenir directamente en este conflicto. Estados Unidos está alimentando mucho las posibilidades de un enfrentamiento entre Colombia y Venezuela”, afirma el diplomático.

Para Roberto Cajina es improbable la posibilidad de una invasión a Venezuela. “No creo que Washington llegue a cometer ese error, el mismo que cometieron en Afganistán e Irak, porque América Latina de ninguna manera significa una amenaza como la que el terrorismo significa a Estados Unidos, en el caso de los talibanes y Sadam Hussein”, afirma.

¿Y dentro de ese contexto de denuncias de Chávez y de polarización del continente, qué papel juega Nicaragua? Los expertos responden en coro que ninguno. Consideran que Nicaragua es un país demasiado débil y pobre como para poder jugar un papel destacado en la política regional.

Sin embargo, el gobierno del presidente Daniel Ortega se esfuerza para incluir a Nicaragua en las controversias regionales, aliándose con el bloque que encabeza Venezuela

¿Hasta dónde puede llegar la alianza política que el presidente Ortega ha establecido con el presidente Chávez? ¿Podría Nicaragua en un arranque de valor militar apoyar a Venezuela en una virtual guerra como Enrique Bolaños lo hizo con EE.UU., enviando tropas tras la invasión de Irak? Carlos Arroyo afirma que esa es una aventura en la que el Ejército no se metería, sobre todo, porque le quitaría la legitimidad que ha ganado ante la sociedad nicaragüense.

“Me parece que las Fuerzas Armadas de Nicaragua van a estar sujetas durante todo este periodo de gobierno al escrutinio público, siempre expuesto al temor que pueden sentir algunos sectores de la sociedad de que en algún momento se incline hacia un proyecto político, por eso, el Ejército debe ser muy cuidadoso y transparente en su actuar, que la población mire que no se está haciendo nada por debajo”, afirma.

El mismo jefe del Ejército, general Omar Hallesleven, ha descartado esa posibilidad. Cuestionado sobre una posible misión en Cuba o Venezuela en una entrevista concedida a Domingo en agosto pasado, Hallesleven afirmó que el Ejército “no tiene nada que hacer” en esos países y que “no hay posibilidad” de que eso ocurra.

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