El jefe de bancada del PLC en la Asamblea Nacional, diputado Maximino Rodríguez, denunció hace unos días un supuesto complot para matarlo a él y al diputado Enrique Quiñónez, quien también pertenece a la bancada parlamentaria de ese partido. Sin embargo, Rodríguez no reveló la fuente de su información ni dio los nombres de la o las personas que supuestamente lo han amenazado.
El diputado Rodríguez, quien es reconocido como uno de los más aguerridos comandantes que hubo en la extinta Contra, vinculó las supuestas amenazas de muerte que ha recibido con el hecho de que él ha desafiado públicamente al caudillo del PLC, Arnoldo Alemán, y ha mostrado desacuerdo con algunas decisiones de la cúpula de su partido. Pero después de un fuerte reclamo público que le hizo Alemán, Rodríguez dijo que la amenaza de muerte podría provenir del bando sandinista. Y finalmente, el lunes de esta semana, durante la reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PLC, el doctor Alemán dijo que los medios de comunicación habían mal interpretado las declaraciones de Maximino.
Ante esas incongruencias, ¿cómo creer lo que dicen los políticos? La verdad es que es un hecho históricamente comprobado que sobre todo en países donde domina una clase política muy primitiva, como es el caso de Nicaragua, se acostumbra amenazar de muerte al adversario o enemigo político. Y es cierto además que a veces se cumplen esas amenazas. Pero también es verdad que algunos políticos inventan esas amenazas de muerte, ya sea para hacerse propaganda, para encubrir alguna actitud política, o incluso, los dictadores para justificar una brutal represión.
En el caso del diputado Maximino Rodríguez, el hecho es que él, como jefe de bancada del PLC se comprometió públicamente a respaldar al diputado Alejandro Bolaños, a quien le fuera arrebatada su curul por una decisión arbitraria del Consejo Supremo Electoral, avalada por la Corte Suprema de Justicia. Pero en el momento de cumplir lo prometido, Maximino se plegó a la mayoría de los miembros de su bancada, que le negaron el apoyo al colega despojado de su mandato popular. El cambio de actitud del diputado Rodríguez, en este caso, fue interpretado por algunos observadores políticos como efecto de las amenazas de muerte que habría recibido. Sin embargo, también se puede suponer que ese cambio de posición se debió a que la Contraloría General de la República, que está controlada por los dos caudillos pactistas, amenazó con revisar las declaraciones de probidad de varios diputados, entre ellos el mismo jefe de bancada del PLC.
Cabe señalar, no obstante, que también Jaime Arellano, conductor de un popular programa de televisión y radio, quien habitualmente critica enérgicamente al gobierno sandinista y el pacto de Arnoldo Alemán con Daniel Ortega, denunció en febrero pasado que personas desconocidas aflojaron las tuercas de las dos llantas delanteras de su vehículo, lo cual él interpretó como un atentado contra su vida. Desde entonces, Arellano dice constantemente sentirse amenazado de muerte.
En realidad, la amenaza de muerte es una forma de violencia sicológica que ejercen ciertos políticos poderosos e inescrupulosos, para atemorizar a disidentes, adversarios o enemigos y obligarlos a que dejen de denunciar irregularidades y abusos o que desistan de determinadas acciones e intenciones políticas. Se trata de un procedimiento criminal que debe ser condenado enérgicamente.
La prepotencia impide a ciertos políticos poderosos aceptar que haya personas que se les opongan, que cuestionen sus decisiones y sobre todo que denuncien sus abusos. Sin embargo, sería un grave error dejarse amedrentar por las amenazas, aunque sean de muerte. Lo peor que pueden hacer las víctimas de ese tipo de chantaje es ceder y callar. Como escribió el dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht, “si callas cuando el poder actúa en contra de otros, ¿qué harás cuando venga por ti?”.
La defensa de la libertad y la democracia conlleva riesgos, pero es necesario afrontarlos. En el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Director Mártir de LA PRENSA, Mártir de las Libertades Públicas de Nicaragua e irreductible líder democrático, tenemos el mejor ejemplo de la conducta de integridad y valor que debe caracterizar a los políticos honestos y a todas las personas que luchan por la democracia y defienden la libertad.