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¿Gustos, personalidades diferentes?
Ernesto González Valdés
ernesto-gonzalez@laprensa.com.ni

Solemos querer una relación con los que encontramos similitudes

A pesar de que estamos cansados de escuchar que el aspecto físico no es lo verdaderamente importante mientras que la personalidad sí lo es, los estudios demuestran que nos gusta mirar a las personas atractivas por simple placer estético, siendo mejores atendidas, mejor consideradas como personas (su belleza exterior se extiende a su interior: simpatía, competencia, bondad...) y se cree que tienen posibilidades de un futuro mejor y de ser más felices que las no atractivas. Este comportamiento generalizado se observa desde la infancia, donde los niños guapos tienen más probabilidades de ser elegidos como amigos y menos de ser culpados por los profesores de mal comportamiento, por lo que posteriormente van a desarrollar una mayor confianza en sí mismos y una mayor autoestima.

También las personas consideradas por la mayoría atractivas va a influir en que les sea más fácil el relacionarse con otras personas y sean menos reservados a la hora de hacer amigos o parejas. Tienen más posibilidades puesto que saben que gustan, mientras que sus amigos o parejas se van a sentir más valorados al ser “elegidos” entre una amplia oferta. Existe una gran cantidad de características comunes entre las personas que establecen una relación íntima. La raza, la edad, la inteligencia, el nivel socioeconómico y educativo, la religión, los valores, son características que solemos compartir con nuestras amistades y pareja.

Las personas solemos querer proseguir una relación con aquellas en las que encontramos similitudes, sobre todo en la personalidad. La teoría de que las complementariedades se atraen no está justificada, aunque sí puede pasar que en una pareja ambos miembros se vayan volviendo complementarios o desarrollen y se intercambien diferentes papeles según la ocasión (por ejemplo, ser un buen oyente cuando el otro necesita hablar). La razón de que nos gusten las personas que comparten cosas con nosotros es la de que nos apoyan en nuestras convicciones. Pensamos que si el resto está de acuerdo con nosotros, nosotros debemos de estar en lo cierto. Esto nos agrada y hace que nos gusten esas personas que nos hacen sentir a gusto con nosotros mismos, también aquellas de las que recibimos halagos.

¿Y en el caso de las personas que no son semejantes en su actuar, en sus gustos? Simplemente habrá que ceder uno y otro. ¿No le gustan las películas de amor a usted y a ella sí? Llévela al cine, y aunque le trinen los dientes, tómele la mano y recuerde años mozos. Posiblemente esa noche no duerma en el piso. Otro ejemplo crucial de discusión lo es el control remoto del televisor, que tenerlo a veces constituye un mal llamado poder. ¿Entonces? Hay dos opciones: o lo presta a su compañero y usted se queda ahí, a su lado mostrando una real comprensión de estar junto a su pareja, no por lo que aprecia, sino por la posibilidad misma de compartir un agotador día de trabajo, junto a su ser querido o tal vez una opción más cara: comprar otro televisor, pero que a la larga (y a veces corta) usted perderá su propio espacio en lo referente a su puntos comunes de unión o intereses, con la persona a la cual ama o comparte, como parte de su vida. Recuerde que la felicidad responde a pequeñas acciones o manifestaciones a alcanzar.

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