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Costa Rica en el futuro
Douglas Carcache

La urgencia de Costa Rica de conseguir más de 80 mil trabajadores extranjeros para sus plantaciones agrícolas, de ninguna manera significa que los migrantes nicaragüenses estén saliendo de ese país de regreso al suyo.

Lo aclaro porque después de una campaña electoral en que el hoy presidente Daniel Ortega prometió acabar con el desempleo en Nicaragua, es posible que algún ciudadano crea que miles de migrantes nicas han empezado a retornar para ocupar los empleos ofrecidos por el gobernante sandinista. Nada de eso.

Costa Rica necesita más fuerza laboral porque su economía crece de forma sostenida, a diferencia de la economía de Nicaragua que este año puede empezar a retroceder debido a chantajes y presiones del gobierno de Ortega contra la empresa privada, como el ejecutado hace una semana contra la transnacional Esso.

Costa Rica tenía una meta de exportación de 11 mil millones de dólares para el año 2010, pero la revisó y la subió a 18 mil millones de dólares, fijándose un crecimiento anual de 21.7 por ciento, según informes oficiales.

Para eso, la nación costarricense necesita mantener un flujo de inversión extranjera de 1,500 millones de dólares anuales.

Este año, el crecimiento de la economía tica rondará el 20 por ciento y sus exportaciones se acercarán a los 10 mil millones de dólares, ya que durante el 2006 esa nación vecina recibió 8,200 millones de dólares por sus ventas al exterior.

Era previsible que ese dinamismo económico elevaría la demanda de mano de obra en Costa Rica; y en este momento, frente a la escasez, el gobierno y los empresarios consideran llevar obreros de Honduras, México, Colombia y Cuba para llenar 87 mil plazas laborales, en la agricultura y la construcción.

Para los costarricenses —pocos, por cierto— que se han opuesto a la inmigración de nicaragüenses, los hechos les están mostrando con claridad que el futuro económico de su país depende mucho del trabajo de extranjeros.

La construcción en Costa Rica creció en 64 por ciento el año pasado y el 60 por ciento de la mano de obra no calificada es extranjera, procedente de Nicaragua sobre todo, reveló la Cámara de la Construcción.

En consecuencia, el temor de Costa Rica a caer en una crisis productiva y la necesidad de Nicaragua de ofrecer empleo a millares de ciudadanos, abren la posibilidad de una negociación para enviar contingentes de obreros nicas apoyados por los dos gobiernos, algo que ha sido difícil organizar y por eso ha persistido el cruce de indocumentados.

Para Ortega debería ser prioridad conseguir la legalización de los migrantes nicas en Costa Rica y acordar el envío temporal de contingentes de trabajadores, que hoy tienen pocas posibilidades de trabajar en Nicaragua.

Eso es más importante que rivalizar con Arias por las acciones de cada quien en las negociaciones de paz de Esquipulas, hace 20 años, si al fin de cuentas esos acuerdos ya rindieron frutos y ahora es preciso que la economía de Nicaragua crezca para que los pobres, sobrevivientes de la guerra y sus secuelas, puedan escapar de la miseria.

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