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Reducir mortalidad neonatal
Mirta Roses Periago
La autora es directora de la Organización Panamericana de la Salud

Cada 3 minutos se produce una muerte neonatal en Latinoamérica. Esto es totalmente inaceptable dado que el conocimiento disponible permitiría reducir esa tasa de modo muy significativo, con medidas de costo relativamente bajo.

Decenas de miles de vidas de recién nacidos podrían salvarse cada año, y la región lograría alcanzar los niveles de reducción de muertes infantiles contemplados en los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Ese es el propósito que llevó a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (USAID) a través de su programa Basics, y organizaciones no gubernamentales como Save the Children, Access, y Core, a unirse en la Alianza Neonatal de Latinoamérica y el Caribe y a dar a conocer recientemente una estrategia de consenso para reducir la mortalidad neonatal en las Américas.

Se identificaron cinco áreas estratégicas claves para incorporarlas en un Plan de Acción:

—fortalecer las políticas y las respuestas programáticas en esta área,

—reforzar los sistemas de salud para dar acceso universal y equitativo a la atención,

—mejorar, expandir y reorientar la atención neonatal,

—desarrollar y fortalecer los sistemas de control y evaluación,

—estimular alianzas que aseguren una efectiva participación de todas las organizaciones relevantes.

Para mejorar, expandir y reorientar la atención a los recién nacidos es necesario estimular la adopción de medidas de costo relativamente bajo y de alta eficacia en la prevención de la mortalidad neonatal.

Estas comprenden acciones como la vacunación de mujeres embarazadas contra el tétanos, asegurar que cada parto sea atendido por personas capacitadas, aunque no necesariamente sean profesionales médicos, tratar con prontitud las infecciones de los recién nacidos y educar sobre la importancia de la lactancia materna, mantener una higiene adecuada y una buena temperatura con los recién nacidos.

La importancia de forjar alianzas para estos esfuerzos es evidenciada por la necesidad de integrar acciones en diferentes áreas, las cuales están estrechamente vinculadas pero que en el pasado se han mantenido separadas.

Además, la salud neonatal constituye un vínculo esencial entre los programas de salud materna, salud infantil y salud de la niñez, por lo que articular las intervenciones puede reducir significativamente los costos y mejorar la eficiencia y efectividad de los diferentes programas.

Como parte de ese consenso estratégico, la OPS brindará cooperación técnica a los países para fortalecer la capacidad de respuesta y atención neonatal, con particular atención a la provisión del recurso humano debidamente capacitado, el desarrollo y adaptación de normas, metodologías y lineamientos de trabajo, y la diseminación de información estratégica, incluyendo intervenciones sanitarias basadas en evidencia científica.

Esto permitirá articular y apoyar los esfuerzos de los países, principales actores en una iniciativa de esta envergadura, mediante acciones impulsadas por los miembros de la Alianza Neonatal, así como por organizaciones comunitarias y no gubernamentales.

La región ha logrado grandes adelantos en la disminución de la mortalidad infantil en las últimas décadas.

Ahora estamos decididos a alcanzar avances igualmente significativos en la reducción de la mortalidad neonatal en los años venideros, contribuyendo así a formar familias más felices y a elevar los niveles de desarrollo humano en el hemisferio.

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