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Noticias >> Economía
Los fabricantes han debido establecer alianzas con las petroleras para obtener insumos. ()
Industria con baja potencia
El sector petroquímico despunta en Brasil y en México, pero está muy lejos de ser un líder mundial
Verónica Goyzueta
São Paulo

Imaginémonos por un momento eliminar de nuestras vidas todo lo que fue producido por petroquímicos. Saldrían los electrodomésticos, incluyendo el refrigerador, el televisor y los teléfonos; todo lo empacado en plástico y muchos textiles. De nuestros autos sólo sobraría la carrocería.

El ejercicio propuesto por el ingeniero mexicano Alfredo Saloma, fundador del portal especializado www.quiminet.com muestra que la industria petroquímica tiene contacto directo con el consumo y responde por más de 100 productos. De ahí su apretada asociación con el crecimiento.

No llama la atención, por eso, que las principales empresas del sector en América Latina hagan jugadas importantes, a pesar de ser aún muy pequeñas en relación al mercado global.

El movimiento más interesante ocurrió en marzo de 2007, cuando Braskem (N° 48 en el ranking de las 500 mayores empresas) y Petrobras (N° 3) se unieron al Grupo Ultra (N° 159) para comprar por US$ 4,000 millones el Grupo Ipiranga, un coloso petrolero que facturó casi US$ 16,000 millones en 2006 y asumieron su brazo petroquímico.

Que el mayor negocio de la historia brasileña envuelva a la industria petroquímica es una gran noticia para el sector.

GIGANTES EN BRASIL

La industria petroquímica es la mayor de la región en Brasil, con el 40 por ciento de la producción.

Y Braskem es el líder latinoamericano. La firma, que nació de la fusión de Copene con activos de Odebrecht (N° 25), produce al año 6 millones de toneladas de resinas, termoplásticos y productos petroquímicos, facturó US$ 6,300 millones en 2006 y exporta casi el 25 por ciento.

Después de la privatización, que envolvió la venta en pedazos de Petroquisa (entonces de Petrobras), el sector vuelve a consolidarse en el país y el mercado espera negocios entre Unipar (N° 281) y Suzano (N° 290), que deben aliar sus negocios petroquímicos en el sudeste del país.

Los especialistas también celebran la vuelta de Petrobras al sector. “Va a traer un cambio fuerte”, dice Adriano Pires, director del Centro Brasileño de Infraestructura (CBIE), en Rio de Janeiro. “Volvió con una participación más activa en los consejos”, explica Douglas Abreu, socio de la consultora Gas Energy, en Porto Alegre.

La estatal debe operar a partir de 2012 el Complejo Petroquímico en Río de Janeiro (COMPERJ) —principal emprendimiento del sector en América Latina, con inversiones de US$ 8,300 millones— que producirá nafta a partir de petróleo pesado, una de las principales materias primas del sector.

Esa producción generará un ahorro de US$ 2,000 millones anuales en divisas con la reducción de importación. Hoy, Brasil consume 10 millones de toneladas de nafta e importa el 30 por ciento, y ahora la podrá comprar de Petrobras.

Braskem, asociada a Petrobras en sus negocios en Brasil, viene anunciando inversiones estimadas en US$ 3,000 millones y pensando en alianzas en Venezuela, Perú, y con menos peso en Trinidad y Tobago (más enfocado en Estados Unidos), países productores de gas, otra materia prima importante. Bolivia no está descartada, mas se ha vuelto un terreno difícil después que el presidente Evo Morales enfrentó a las petroleras extranjeras.

Muy lejos del resto

Pero la participación de América Latina es de apenas entre 4 y 4.5 por ciento (según el tipo de producto) en el mercado mundial. Pequeña frente a Medio Oriente y China.

“Aunque nuestras empresas estén creciendo en un ritmo muy fuerte, ellos están lejos”, dice Otávio Carvalho, de la asesoría especializada MaxiQuim, en Porto Alegre. Según la consultora internacional Chemical Markets Associates, Sabic, de Arabia Saudita, y Sinopec, de China, ocupan el tercer y quinto puesto mundial, respectivamente, y en 2011 serán segundo y cuarto, tomando lugares de empresas como Shell y Exxon Mobil.

“Latinoamérica tiene todos los recursos para ser un jugador importante, pero la política, el tamaño de su mercado local y la falta de capital han limitado esto”, dice Saloma, de www.quiminet.com.

Precisamente México es uno de los países que más han sufrido con el tema político, pues la estatal Pemex Petroquímica, uno de los principales grupos latinos, dejó de invertir por décadas.

Para Rina Quijada, directora de la consultora internacional Intellichem Inc. en Miami, en México el sector privado continúa importando un volumen significativo de materias primas para producir petroquímicos.

Con ese escenario, son pocas las empresas que hoy tienen fuerza. Una es el de Mexichem (N° 301), que invirtió este año US$ 1,000 millones, US$ 500 millones en la compra del grupo Amanco Inc., US$ 250 millones en Petroquímica Colombiana (Petco), ambos productores de PVC, y el resto en desarrollo. Amanco tiene presencia en 27 países y Petco, de Cartagena, exporta a América Latina, Europa, Australia y al Medio Oriente.

La competitividad de la región depende de inversiones lentas, de los volátiles precios de los insumos, y del apoyo del gobierno, ya que en la mayoría de los casos los fabricantes deben hacer alianzas con las petroleras estatales.

El caso más angustiante tal vez sea el de Pemex. En 2003 lanzó un proyecto que aún no se ha concretado a pesar de un nombre muy sugestivo: Fénix. Será necesario despegar, para no volverse cenizas..

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