Durante más de un siglo el acervo cultural
del pensamiento demócrata cristiano ha puesto a disposición de los pueblos principios y valores universales que están a la espera de ser llevados a la práctica.
Parece ser que el problema fundamental hoy por hoy es el de la consecuencia entre la teoría y la práctica, pues es allí donde hemos fallado. La inconsecuencia campea por diversas latitudes en nuestra propia familia que orgullosamente se define como abanderada de la aplicación de la ética en la política.
La vieja afirmación del pensador cristiano Charles Peguy, “toda revolución será moral o no será” sigue siendo válida, pero no ha sido validada por la práctica ni siquiera por nosotros mismos.
La doctrina demócrata cristiana se ha mantenido inalterable en un mundo cada día más cambiante, poniéndose de manifiesto que sus postulados primigenios han sido correctos. Los pilares fundamentales en que descansa su andamiaje axiológico se mantienen firmes frente a las amenazas a la libertad, la democracia y la paz.
El hombre actual se caracteriza por su pasividad y se identifica con los valores del mercado, transformándose a sí mismo en un bien de consumo y sintiendo su vida como un capital que debe ser invertido provechosamente. A la vez la impunidad ha devenido en imperio a tal grado que ser bueno, ser honesto, ser honrado casi equivale a ser calificado de idiota. (Para decirlo en palabras del cantante mejicano Javier Solís: “Para qué sirve ser bueno si se ríen en tu cara”).
El orden social actual ha logrado marginar la preeminencia de lo espiritual creando una clase de hombres cuya razón de ser es la satisfacción material de sus necesidades, que ven en el consumismo principio y fin, y cuyos gustos están estandarizados y fácilmente influidos y anticipados.
Al hacer un análisis de contraste entre los principios que animan la acción política de los socialcristianos y el mundo de hoy, resulta desgarrador ver cómo nuestros paradigmas chocan contra una muralla diametralmente opuesta.
En este mundo encontramos injusticias en todos sus puntos cardinales: injusta distribución de la riqueza, injusticias en materia de los derechos humanos, particularmente de los más débiles, injusticia en el tratamiento del equilibrio (des) ecológico, etc. Injusticias entre el norte desarrollado y el sur atrasado, etc., lo que inevitablemente nos lleva a preguntarnos cuál es el destino de una humanidad que no encuentra su norte, y que, todo lo contrario, se debate cada día más entre la incertidumbre y la angustia de un destino desconocido:.. “ y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos” (Darío: Lo Fatal).
Para nosotros no hay actividad humana ajena a la moral. La política es una actividad humana y por tanto se rige por los principios éticos, por el distingo entre el bien y el mal, por la jerarquía de valores. Eso es lo que nos permite distinguirnos a los seres humanos racionales de las bestias o de más seres inferiores. Pero cómo hacer para que estas concepciones se inserten eficaz y eficientemente en una realidad nacional, regional e internacional donde son las leyes del mercado, de la ganancia las que se han impuesto.
Pareciera que estamos en una etapa del desarrollo humano en que la rueda del “progreso” de unos cuantos aplasta las esperanzas de millones de hombres y mujeres sobre la faz de la tierra. Y lo más grave es que no hay respuestas, por lo menos hasta ahora para evitar ese nuevo choque de ideologías en contradicción, el liberalismo del laissez faire laisse paisse versus el neo populismo disfrazado de izquierdismo, ahora en su apogeo movido por los hidrocarburos del chavismo en Venezuela y su pretensión de construir el llamado “Socialismo del siglo XXI”.
La historia se repite una vez como tragedia y otra como comedia. Ahora estamos viendo la posibilidad de una tragicomedia en donde la demagogia que nace del poder absoluto se extienda peor que el fantasma del comunismo hasta llevar al paroxismo al sur pobre contra el norte rico. ¿Y cómo lograr que nuestra misión fructifique en los nuevos instrumentos jurídicos que comienzan a regir el planeta, tales como los tratados de libre comercio y las nuevas asociaciones intercontinentales destinadas a la cooperación para el desarrollo, la democracia, la libertad y la paz entre todas las naciones del mundo?