El parque del barrio Leningrado, cerca del complejo Conchita Palacios, sede del Ministerio de Salud, es el centro de reuniones de un grupo de jóvenes cuyo oficio es criar y entrenar perros pitbull para echarlos a pelear en sangrientos encuentros clandestinos, que son organizados sin que la Policía Nacional se percate de ello.
Allí los jóvenes contactan las peleas con grupos de barrios cercanos o de otras zonas de Managua. Se acuerdan los perros que pelearán, el día, la hora, el lugar—por lo general un predio vacío de un barrio cualquiera— y, lo más importante, los montos que estarán en juego. Si la pelea es buena, los ganadores pueden embolsarse hasta cuatro mil córdobas.
“Santiago” se dedica a tiempo completo a la crianza de pitbull y a las peleas clandestinas. Es miembro de Indígenas Clan, la banda de criadores del barrio Leningrado. Dice que la crianza de pitbull le deja aproximadamente 200 dólares por cría, pero eso depende de la raza y mezcla del animal.
UN BUEN PERRO
“Una de mis perras ha tenido dos partos, en ambos tuvo a once perros, los vendí todos, cada uno en 150 dólares”, asegura.
Pero las peleas son la actividad favorita. Además de las ganancias, está la adrenalina que desata entre los participantes. Y para garantizarse el triunfo, Santiago cuenta entre sus animales con Conan, una máquina asesina que ha matado con sus mandíbulas a tres perros en las diez peleas que ha realizado.
Los vecinos de Leningrado ven con malos ojos estos encuentros, y catalogan de vagos y “gente sin oficio” a los chavalos que se dedican a las peleas clandestinas, que no están legalmente penalizadas ni prohibidas en Nicaragua.
Magazine acompañó a los jóvenes del barrio Leningrado durante una semana, y en su próxima edición cuenta las historias de estos chavalos y sus perros. Una crónica de sangre, muerte y apuestas.