El ex presidente de Guatemala Vinicio Cerezo dijo algo muy cierto: todos los presidentes estaban corriendo riesgos muy grandes. ¿A quién pertenece la idea original de Esquipulas?
Mire (Acevedo hace una larga pausa para meditar su respuesta). La idea de que nos reuniéramos todos surgió tanto de Cerezo como de Oscar Arias (Presidente de Costa Rica).
Porque para la toma de posesión de Vinicio Cerezo (14 de enero de 1986), ya Contadora estaba dando sus últimas patadas de ahogado.
Contadora estaba tratando de darle un último impulso a la paz y como Cerezo le merecía confianza desde el punto de vista ideológico a los de Contadora, entonces aprovecharon su inicio para dar un último respiro y presentaron la famosa Declaración de Caraballeda.
Reflejaba toda la tesis de Contadora en un documento muy pequeño, pero siempre hablaban de una paz basada en la democracia, retiro de la Contra, un espacio para Nicaragua. Todavía en ese tiempo — hablamos de principios del 86— los norteamericanos se opusieron.
La famosa Declaración de Caraballeda me costó un regaño del presidente Duarte.
¿Qué le dijo?, ¿se disparó un poco usted?
Me disparé esa noche. Firmamos todos los cancilleres de Contadora y los centroamericanos la Declaración, celebrando la ascensión al poder de Cerezo. Y allí estaba plasmada siempre la idea de Contadora: dejar a Nicaragua, hablar con ella y meterla en todo.
Entonces al Departamento de Estado no le gustó. Porque ellos daban por un hecho que el Grupo de Contadora ya estaba liquidado.
Bueno, a los dos días de esa firma, regresábamos por la mañana con el presidente (José Napoleón) Duarte a El Salvador, y entonces en el Aeropuerto La Aurora (en Guatemala) se sentó conmigo y (me dijo): “¿Qué tal te fue anoche?”
Muy bien, le digo, firmamos un documento, y le expliqué a grandes rasgos. “¡Ah, muy bien!”, y todos contentos. Al día siguiente me llamó por teléfono: “Me acaban de hablar del Departamento de Estado diciéndome que es un documento peligroso, que había que analizarlo y yo no sé por qué no me consultaste”.
En todo me dio una gran amplitud para la política exterior y me decía “tu hacés lo que querrás”. Pero allí, cuando había un “zipizape” con la Embajada estadounidense (me llamaba la atención).
Con esa Declaración de Caraballeda es como el fin del Grupo de Contadora, fue como su despedida. Entonces con Vinicio Cerezo quedamos de reunirnos.
Nos habíamos convencido de que Contadora no tenía el respaldo de EE.UU. y (nos pusimos) a buscar otro instrumento. Sentíamos que nos íbamos para abajo, caíamos en un vacío y no había nadie que nos rescatara.
Entonces Vinicio Cerezo puso la atención en eso y nos dijo: “Juntémonos para eso”. Igualmente Oscar Arias. Después tomó posesión Oscar Arias (primera mitad de 1986).
Lo esperaron.
Sí. Vinicio no era tan cercano a EE.UU. Oscar, más cercano a EE.UU., pero Oscar también tomó el liderazgo, los dos lo tomaron. Y empezamos la negociación de los documentos.
Oscar presentó un documento; un documento controversial que en primer lugar se planteó como un documento de los cuatro (Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Honduras) para acorralar a Nicaragua, para ponerla contra la pared y luego ese documento empezó a circular.
Hicimos las reformas. Oscar lo presentó allá en el Teatro Nacional (de San José) con toda pompa, pero no fue una primera visión, ya era una visión corregida donde se invitaba a Nicaragua. Nosotros la invitábamos.
Entonces, fue como dice el ex presidente Cerezo, que al principio Arias quería excluir a Nicaragua.
Allí, en el primer borrador que él presentó, todos nos opusimos. Allí estaban Duarte y tu servidor, Azcona (el ex presidente hondureño José Azcona Hoyo) y Cerezo.
Ese primer planteamiento fue de un documento de los cuatro países; no en contra de Nicaragua, pero sí como dejándola fuera del grupo y diciéndole a través de unas condiciones que se le iban a poner, que se incorporara, pero eso era poner los bueyes delante de la carreta.
La propuesta nuestra (del resto para Arias) fue que desde el principio se incorporara a Nicaragua y que al final se le pusieran las condiciones. Cambiamos la estrategia. Y eso Arias lo aceptó. Y comenzamos entonces ya la negociación en Esquipulas unos meses después, en 1986 cuando lanzamos Esquipulas I (24 y 25 de mayo). ¿Qué era? Simplemente la decisión de los presidentes de continuar buscando una solución negociada e impedir la guerra generalizada en la región. Esa fue la decisión que tomamos, valiente.
(Los norteamericanos) tomaron esa decisión: “Démosle una oportunidad a la paz, dejémoslo caminar el proceso, vamos ganando tiempo a ver cómo van las cosas con la Unión Soviética, vamos tomándole el pulso poco a poco al proceso, tratemos de que Esquipulas II se ajuste en la medida de lo posible a nuestros intereses”.
“No queremos un Esquipulas inmediato”, tal como salió: inmediato, simultáneo, global, que fue la tesis de El Salvador. Este servidor redactó ese documento.
Los gringos me llamaban y me decían: “Hagamos lo que decía (Philip) Habib (enviado especial de EE.UU.): “Slice salami". Él dice: “Dividámoslo en partes: primero la democracia, después el cese del fuego, después la no intervención, pero no lo hagamos todo de una sola vez”. “Salami slice”, como me lo dijo un día Habib en casa presidencial (de San Salvador).
Entonces yo le decía: mire, el “salami slice” a mí no me parece, me parece más la tesis de El Salvador, que es globalidad, simultaneidad, generalidad. Todo al mismo tiempo con platos completos. Y fue la tesis que triunfó (...).
Podía ser que los norteamericanos sabían que ya esto era irreversible, irreversible la caída de la Unión Soviética, y que los nicaragüenses ya le estaban quitando al sandinismo el oxígeno.
Pero aquí vuelvo al punto que le decía: eso no le quita méritos a Esquipulas II.
Antes de Esquipulas, el nivel de contactos de El Salvador con Nicaragua era nulo o muy escaso, pese a las embajadas respectivas, porque nunca se cortaron las relaciones.
Muy malas, mínimas.
¿No le plantearon ustedes a Nicaragua parar los envíos de armas al FMLN?
Cómo no, claro que sí. En las conversaciones ... porque las reuniones de presidentes fueron una válvula importante para la oxigenación de la paz en Centroamérica. Y aquí hay que reconocer, como dijo Daniel Ortega ayer (el martes 21 en la Unica), el diálogo con Napoleón Duarte fue la base para salir del impasse.
Al principio había confrontaciones (entre ambos), pero luego se fueron disminuyendo y se fueron convirtiendo en diálogos positivos (...) Las presiones europeas también hay que tomarlas muy en cuenta, sobre la democratización. Hubo presiones sobre los sandinistas.
¿Habla de la Comunidad Económica Europea?
De la Comunidad Económica Europea (...) Se fueron ejerciendo presiones, no tan politizadas y radicales como las de los norteamericanos, pero sí la presión europea sobre Nicaragua para la democratización era muy fuerte, y además, más legítima y creíble.
Fue un proceso interesante cómo Daniel fue cediendo y reconociendo que había relaciones con la guerrilla salvadoreña y en un momento dado le dijo a Napoleón (Duarte): “Napoleón, yo estoy haciendo todo lo posible para no meterme en la guerrilla salvadoreña, ir poco a poco saliendo de eso”. Sí, hablaron con esa sinceridad, pues.
Yo soy consciente de que el movimiento sandinista y el movimiento del FMLN son movimientos hermanos, eso es una realidad política.
¿Y qué le decía Duarte?
Duarte decía: “Pues entonces hagamos el esfuerzo, pues”. Llegaron a un nivel de entendimiento práctico, comenzaron con una discusión ideológica diametralmente opuesta pero fueron llegando entonces a las realidades concretas.
Me acuerdo que hablaban muy libremente de esto: “Mira, yo voy a hacer lo posible por no meterme en este asunto, yo voy a reducir la (Acevedo no completó la frase). Ayúdame tú también, Napoleón, para que no se usen las instalaciones de El Salvador (contra Nicaragua)...”
Y llegaron a un acuerdo, un entendimiento que es un ejemplo para el mundo.
¿Eso fue durante las conversaciones de Esquipulas?
Sí, en el contexto de las negociaciones.
¿20 años después, qué quedó pendiente de la agenda de Esquipulas en Centroamérica?
Mire, las dos causas de la guerra en Centroamérica fueron las dictaduras y la pobreza (...) Las dictaduras las erradicamos, ahí logró Esquipulas. Lo otro no lo logramos. El otro detonante de la guerra sigue allí. Ese es el reto.
Ciertamente no hay nadie ahora internacionalmente que se pueda aprovechar de esa debilidad para instalar una dictadura porque se acabo la Guerra Fría.
Pero los pueblos sí pueden tomar medidas y pueden hacer que nuestras democracias lo que traigan es inconformidad y más que eso, muerte. Porque puede haber una explosión social. No políticamente manipulada; podía haber sido antes, pero sí una explosión social peor que esa, autónoma, autógena, que salga de los pueblos que se rebelan contra un sistema que no ha sabido responder a sus necesidades.
Ese es un reto para la democracia que nos costó tanto fundar, porque Esquipulas II fue muy exitoso en la democracia formal: elecciones, participación, libertad, ¡estamos hablando (de todo esto)! Pero los problemas sociales que la democracia no ha podido resolver sí pueden ser su propia contradicción interna que nos lleve a una situación delicadísima.
¿Porque qué pasa si hay una explosión social? Vamos a tener que tomar medidas gubernamentales estrictas y vamos a crear una dictadura, no ideologizada, pero sí para proteger el orden público, para proteger a los que tenemos de los que no tienen. Volvemos al pasado.
Podría la delincuencia desbordar al Estado...
Al Estado, y el Estado se tiene que defender. ¿Y qué vamos a hacer? Una dictadura. Traicionamos el espíritu de Esquipulas II. Un Estado de necesidad. Ese es el riesgo en que estamos.