Managua
01:41 pm
24.08.07
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
Flegias y la profanación
Luis Sánchez Sancho

Virgilio cuenta en el Libro VI de La Eneida que cuando Eneas bajó a los infiernos en busca de su padre, Anquises, llegó al sitio donde los condenados permanecen sometidos a terribles suplicios como castigo eterno por los graves delitos y/o pecados que cometieron en vida.

Eneas se encontró allí, entre otros, a Flegias, de quien Virgilio dice que es “el más desgraciado de todos” los condenados de los infiernos. Sobre la cabeza de Flegias pende una enorme roca que siempre está a punto de caer sobre él y aplastarlo, mientras camina de un lado a otro, entre las sombras, repitiendo incesantemente, como una letanía: “Escarmentad con mi ejemplo; aprended con él a ser justos y a no faltarle al respeto a los dioses”.

Pero, ¿quién era Flegias y qué delito o pecado tan grave cometió para ser “el más desgraciado de todos” aquellos seres que fueron enviados al infierno para purgar sus pecados y cumplir las condenas a las que se hicieron merecedores?

Flegias era hijo de Ares (Marte), el dios de la guerra, y de Dotis, una hermosa mujer de Tesalia que en su juventud deslumbraba y seducía a todos los hombres. Flegias heredó de Eteoclos el reino de Orcómenes, que estaba situado en la antigua Beocia y entre sus hijos los más conocidos fueron Ixión y Corónide.

Cuando Corónide llegó a la adolescencia y se convirtió en una bella mujer, Apolo, el dios del sol, se enamoró de ella y quiso hacerla su esposa. Pero Corónide despreció a Apolo, igual que lo rechazaban todas las mujeres divinas y humanas de quienes el dios del sol se prendaba. En realidad, por sus cualidades físicas Apolo tenía todo lo necesario para conquistar y seducir a las mujeres, aparte de ser un dios. Su cuerpo varonil era perfecto, tenía la piel rosada, tersa y fresca, su voz era encantadora y su porte majestuoso.

Sin embargo Apolo era desafortunado en el amor. Ninguna mujer lo amaba de manera que todas sus conquistas las tenía que hacer mediante el uso de la fuerza. Y así lo hizo también con Corónide, la hermosa hija de Flegias de la que el dios del sol se enamoró perdidamente pero para hacerla suya tuvo que someterla por la fuerza.

Pero un día, loco de celos porque un pájaro le dijo que Corónides le estaba siendo infiel, Apolo mató a la muchacha atravesándola con sus flechas. Luego Apolo sacó del cuerpo de Corónide el hijo que llevaba en las entrañas y lo llevó al centauro Quirón para que lo criara y educara. Aquel bebé se llamaría Esculapio, quien llegaría a ser el dios de la medicina.

Apolo supo después que no era cierto que Corónides le había sido infiel, que esto era una invención de aquel pájaro malvado cuyo nombre era cuervo al que como castigo le quitó el resplandeciente color blanco de su plumaje y lo cambió por el sombrío negro que tiene desde entonces.

Flegias, por su parte, para vengar la muerte de su hija Corónides fue a la ciudad de Delfos, donde se encontraba el templo principal de Apolo y lo incendió. Entonces Apolo castigó a Flegias matándolo con sus certeras y mortíferas flechas, y lo envió a lo más profundo de los infiernos para que pagara eternamente por el grave delito de profanación que había cometido. Allí Flegias le pide a todos los que pueden escucharlo, que aprendan de su desgracia a respetar a los dioses, sus templos y sus símbolos.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda