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Diálogo, no vanidades
Víctor Hugo Murillo S.
El autor es periodista costarricense

Hizo muy bien el presidente Óscar Arias al viajar a Managua para participar en un acto conmemorativo de los 20 años de la suscripción de los acuerdos de paz Esquipulas II.

Hubiese sido ilógico que quien tomó la batuta para relanzar un proceso de diálogo y negociación que estaba empantanado, se hubiera negado a participar en el foro convocado por el cardenal Obando y Bravo, otro protagonista de primer nivel en aquella Centroamérica convulsa de los años ochenta.

Y también resulta muy atinado que, aprovechando la presencia de Arias y Daniel Ortega en la actividad, se propiciara una reunión entre ambos.

Hasta ayer, esta conversación había resultado imposible, pese a la inexistencia de razones de peso. La ausencia de diálogo, en cambio, había dado pie a ataques verbales y poses de vanidad y capricho que en nada han contribuido a las relaciones entre dos países vecinos, con estrechos vínculos que van mas allá de la esfera diplomática.

Es obvio que de ese primer diálogo privado entre Ortega y Arias no puede esperar más que sea el puntapié inicial para la reactivación de los contactos bilaterales. De ser así, pues en buena hora.

Ojalá las reticencias, reclamos y cruces de críticas cedan el paso a la discusión y búsqueda de soluciones a asuntos que interesan a las dos naciones.

Porque, hasta ahora, ambos gobernantes han priorizado su protagonismo y vanidad personales, que han llegado a niveles absurdos y hasta risibles.

Así, Ortega no ha querido venir a San José, pues interpreta que rememorar Esquipulas II aquí es darle “mucha pelota” a Óscar Arias. Más aún, no dudó en cuestionar el otorgamiento del Premio Nobel al otro.

El Presidente costarricense, a su vez, ha incurrido en imprudencias como criticar el acercamiento de Ortega con Venezuela e Irán, un asunto que es materia propia de Nicaragua. No le corresponde a Arias hacer juicios de valor de una decisión que es tan soberana como la de Costa Rica de establecer nexos diplomáticos con China.

Lo que deben hacer los dos mandatarios es dejar atrás esas pequeñeces y propiciar una buena atmósfera para el abordaje de cuestiones que sí son trascendentales para nicaragüenses y costarricenses. Ojalá que Esquipulas II contribuya a distender a dos dirigentes que hace 20 años sí tuvieron el coraje para dialogar.

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