Victorino Reyes tiene 35 años de trabajar en la agroindustria del tabaco en Estelí, en el norte de Nicaragua. Prácticamente es uno de los fundadores de esta joven fuente económica que en el país surgió a finales de la década del sesenta, pero que se consolidó a partir de 1970.
Pero el futuro del sector y de los miles de empleos que genera en Nicaragua está en riesgo si finalmente los legisladores de Estados Unidos deciden posiblemente en septiembre próximo elevar los impuestos al consumo del puro, conocido también como habano.
Don Victorino es una de las 200 personas que, se estiman, intervienen en la producción de un cigarro hecho a mano o puro, desde que se siembra hasta que sale el producto terminado. Es una de las pocas, por no decir la única industria en el mundo, en la que intervienen tantas manos para producir un producto, explica.
Junto a don Victorino, en la empresa Tabacos Puros de Nicaragua, también está su hija Reyna del Carmen Reyes, quien lleva 8 años dedicándose a la elaboración de puros.
MILLONES EN RIESGO
De su trabajo dependen sus cuatro hijos. Ambos son parte del “ejército” de más de 30 mil trabajadores directos que emplea la agroindustria de tabaco a nivel nacional y parte de los más de tres millones de personas que dependen de este producto en Honduras, República Dominicana, Jamaica, México y Nicaragua, que podrían verse afectadas por el impuesto que el Congreso estadounidense aprobaría.
La producción de tabaco es una actividad que se remonta hasta antes de la llegada de los españoles al continente americano, quienes en un inicio se mostraron sorprendidos cuando vieron a los pobladores del continente utilizar esta planta.
“Usaban los indios desta isla entre otros sus viçios uno muy malo, que es tomar unas ahumadas, que ellos llaman tabaco, para salir del sentido”, describió el cronista español Gonzalo Fernández de Oviedo, a principios del siglo XVI, cuando llegó a la isla La Española, la actual República Dominicana y Haití.
Las primeras plantaciones comerciales en Nicaragua se establecieron en la década de 1960, siendo la primera empresa que se estableció en el país Joya de Nicaragua, y posteriormente la Nicaragua Cigar, de Orlando Padrón. Ambas son las más antiguas en el país.
En los años ochenta, la producción y fabricación de puros llegó a su nivel más bajo, y empezó a recuperarse durante los años noventa. Una década de fuertes altibajos.
Orlando Padrón, presidente de Nicaragua Cigar, que se ha mantenido durante casi 40 años, confía en que el presidente George Bush vete la ley, en caso de ser aprobada, porque afectará millones de personas en los países productores.
El Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos estarían discutiendo y aprobando una ley unificada en torno al impuesto a los puros, cuando termine el receso de verano, posiblemente el 4 de septiembre.
Ambas Cámaras del Congreso de Estados Unidos ya aprobaron en plenario dos leyes. Una, de la Cámara de Representantes, plantea un impuesto de un dólar por cada puro y un impuesto adicional a todo el inventario que tengan las distribuidoras en Estados Unidos.
La otra Ley del Senado establece un impuesto de diez dólares por cada puro, además del impuesto a los inventarios, en vez de los cinco centavos que actualmente se cobran por cada unidad.
EN SUBE Y BAJA
Padrón ha logrado salir a flote en las diferentes crisis que ha tenido el país. Por ejemplo, en 1978 le quemaron dos veces la planta industrial en Estelí. Después sobrevino el embargo impuesto por Estados Unidos, en los años ochenta, y en los noventa soportó la caída de los precios de los puros comercializados en Estados Unidos.
No obstante, dice que este impuesto podría significar un grave daño a la agroindustria, aunque no ve ningún motivo para dejarla.
Una agroindustria nacional que se vio impulsada por un repentino crecimiento de la demanda en el mercado norteamericano. “Todos fumaban puros, hasta las mujeres”, recuerda Ahgmed Fernández, vicegerente de Segovia Gigars S.A., una empresa que en Nicaragua y Honduras emplea a unos nueve mil trabajadores en las tres etapas de la cadena de producción del tabaco: producción agrícola, fermentado o preindustrial y la industrialización.
En ese momento llegaron inversionistas extranjeros al país para invertir en el tabaco que constituía un negocio prometedor. “Llegaban extranjeros con maletas de dólares”, en una época en que a través del cine y las revistas se promovía el consumo de puros, que era sinónimo de gente brillante y ejecutivos de éxito.
Pero como siempre pasa en esto, la burbuja explotó y el mercado estadounidense se saturó del producto y los precios se desplomaron. Con ello vino la quiebra de muchas empresas que se habían metido al negocio para ganar dinero rápido. “Quedamos sólo las compañías de tradición en este negocio”, sostiene Fernández.
TODO UN ARTE
A partir de 1998 se inicia un nuevo proceso de crecimiento del sector, convirtiéndose en uno de los más pujantes en los últimos años.
El cultivo del tabaco y la producción de puros, es uno de los más intensivos en el uso de mano de obra en todo el proceso de producción, explica Omar Ortez, gerente general de Nicaraguan American Tobacco S.A. (Natsa), una de las más grandes productoras del país.
Allí el 60 por ciento de la mano de obra son mujeres, lo cual podría elevar la magnitud del perjuicio del aumento del impuesto al producto en Estados Unidos, agrega.
La producción del tabaco no es sólo sembrar una plana, cortar sus hojas, secarlas y envolverlas y producir un puro.
Desde que se siembra una semilla de tabaco, hasta que de sus hojas sale un puro, pueden pasar tres años o más. Y en el proceso pueden intervenir hasta 200 personas para terminar un solo puro.
Esto sin incluir a quienes fabrican las envolturas o las cajas donde van los puros que generan otra cantidad de empleos en el país.
A los diez días de sembrada, germina la semilla, iniciando un largo proceso de cuido minucioso de hasta ocho meses, evitando cualquier deterioro en la hoja que es el producto principal.
Una vez madura la planta y después de cosechada, pasa a un proceso de secado y fermentación que puede durar entre un año y año y medio, pasando posteriormente a la clasificación y fabricación del puro que puede llevar más de tres meses.
La suerte para la agroindustria del puro, tanto nacional como regional, se echará a inicios de septiembre cuando el alza al impuesto sea discutida en el Congreso de Estados Unidos, y si luego el presidente Bush decide vetar esta ley, o al menos la parte que elevaría el gravamen.