La pérdida de credibilidad de los órganos representativos, no solamente en Latinoamérica sino también en Europa, ha reabierto un intenso debate sobre los modelos de participación ciudadana más adecuados para el ejercicio de ese derecho, según Leo Gabriel, director del Instituto para Investigaciones Interculturales y de Cooperación (IIIC) en Viena, Austria.
Gabriel, que se encuentra en Nicaragua ofreciendo un curso sobre esta temática, invitado por el Departamento de Antropología de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), dice que el país no escapa a esta polémica.
Gabriel, que también es miembro fundador del Foro Social Mundial y es parte del Consejo Internacional del mismo, señala que en dicho foro han experimentado cómo, de una manera horizontal, se puede llegar a un consenso en las decisiones.
“La participación ciudadana empieza desde abajo”, comenta el experto, para quien de alguna manera América Latina es más afectada por dicha discusión ya que desde tiempos de la independencia se establecieron mecanismos de gobierno y de control que una vez pasadas las elecciones se establecen más bien según voluntades, presiones de organismos económicos, de iglesias, de factores que ya no son la propia ciudadanía.
“Entonces, la pregunta es: ¿cómo podré conquistar el espacio, desde abajo, que se ha perdido o que nunca existió?”, expresó Gabriel.
Al ser consultado sobre su opinión en relación a los Consejos del Poder Ciudadano (CPC) que impulsa el Gobierno, el experto señala que aún no los conoce, pero que en términos generales la democracia participativa, más que una teoría es una práctica.
“Por ejemplo, si hubiera un consejo que está apuntado desde arriba, que tiene limitaciones, que no es en ninguna manera representativo del local, de la ciudadanía en un determinado territorio, aunque tenga las más bonitas palabras no es participativo, porque, valga la redundancia, se trata de que la población: ancianos, mujeres, niños, todos, participen en la mayor extensión posible sin limitación”, explica.
Gabriel indica que para impulsar la democracia participativa es preciso que no solamente el Gobierno lo haga, sino todos los partidos políticos, un consenso, una “aceptación de la idea de que la democracia es todo el pueblo y no solamente los que en este momento lo representan y que abran el proceso para los que no son políticos de formación, pero que tienen muchas ideas políticas y a veces más que los propios políticos, puedan expresarse, puedan incidir en la toma de decisión de diferentes líderes”.
Para Gabriel, el país en Latinoamérica que posee un buen sistema de participación ciudadana es Brasil, con un sistema similar a los cabildos municipales de Nicaragua, pero en el que la ciudadanía posee mayor poder de decisión.
Además de Brasil, otro ejemplo, aunque momentáneo, es Argentina, que durante una crisis económica formó comisiones vecinales.