Esta es una expresión que con mucha frecuencia se escucha por todas partes en alusión al actual Gobierno. Es un lamento que denota preocupación, enojo y frustración en el pueblo por la política interna y externa de imposiciones totalitarias que inevitablemente van a impactar de forma negativa en la economía y estabilidad de los hogares, con graves repercusiones para la paz social y la armónica convivencia colectiva.
Es previsible saber en manos de quién caímos si ya conocíamos sus antecedentes dictatoriales en la década de los ochenta y posteriormente haciendo una oposición destructiva y chantajista en los últimos 16 años de democracia desde 1990.
Nos encaminamos hacia la plena intolerancia política, cuna de futuras represiones, donde toda oposición es y será considerada como sedición, rebeldía y conspiración contra el Estado. Desde ya está claro el despojo de oportunidades laborales, la exclusión de sectores productivos y generadores de riqueza y empleo, la degradación del servidor público a servidumbre cómplice, e igual vemos la opresión de algunos derechos constitucionales como el de información, expresión y de opinión.
Con una inestabilidad política tendremos inevitablemente debacle económica. Ya sentimos una escalada alcista en los precios de la canasta básica, la gente cada vez compra menos y tiene menos dinero y la mayoría de las familias vive con extrema austeridad, mientras los precios del combustible que fueron bandera electoral en la campaña del FSLN, van en aumento sin freno, delatando la demagogia del Frente.
Los servicios públicos son cada vez más caros, tanto que junto al combustible disparan los precios de los bienes de consumo. La calidad del agua y la luz son paupérrimas y no existe ninguna autoridad que defienda al ciudadano desvalido de estos abusos.
La retórica ideológica del socialismo no le da de comer a la gente ni le ayuda en sus dificultades con gritos o alaridos en las plazas; tampoco generan empleo y desarrollo, sólo causan incremento en el descontento popular. Vemos una avalancha de promesas pero ningún logro tangible en resolver los problemas del país, mientras la inflación avanza a paso alarmante.
Las instituciones democráticas están siendo avasalladas no sólo por un dominio acaparador del Presidente sino por una iniciativa de expansión del poder personal extralimitando las funciones constitucionales y atropellando sin respeto las leyes que nos garantizan orden y paz. Se pretende impulsar un proyecto revolucionario bajo amenaza de muerte y obligando a aceptar una doctrina que atenta contra las libertades del individuo, el progreso social y la superación personal.
La soberanía y dignidad de la patria son vulgarmente pisoteadas y humilladas por Hugo Chávez en cada visita injerencista a Nicaragua con la complacencia de Daniel Ortega, retando a Estados Unidos a un enfrentamiento donde todos perdemos y teniendo de espectador a una oposición sumergida en un caos de pleitos por intereses personales.
Ya sabemos en manos de quién caímos, ahora pidamos a Dios nos ilumine para saber cómo salimos. El ansia de poder y dinero en el hombre es insaciable, más tiene, más quiere, nunca es suficiente.