Detrás de Esquipulas II y del Nóbel de Óscar Arias hay una historia sin contar… Cuéntenosla.
El Nóbel lo merecíamos los cinco presidentes, francamente. La iniciativa fue mía, de eso no hay ninguna duda. Cuando yo propuse la reunión de presidentes y el plan de paz —que todavía no estaba en una fórmula de acuerdos—, Arias no estaba todavía como Presidente de la República. No había sido electo. Naturalmente yo no puedo decir que el presidente Arias no se sumó a esto con mucho entusiasmo. Él creía que había que lograr la paz en América Central, sólo que tenía una concepción diferente de las cuestiones.
Por ejemplo, de Nicaragua.
Él miraba a Nicaragua como una Nicaragua revolucionaria, no necesariamente democrática; y que entonces el esfuerzo debería ser hecho entre cuatro presidentes “democráticos” y un presidente “no democrático”, también entre comillas. Esta era una afirmación.
¿Hablamos de la creación de la “Comunidad Democrática Centroamericana”?
Sí señor. Esa fue la propuesta básica de Arias. Nosotros dijimos no, no, no; e inmediatamente después de la toma de posesión de Arias en San José, Costa Rica, en donde él propone precisamente eso, Napoleón Duarte me habla y me dice: “Vos sos el que propone esto pero si firmamos el acuerdo de Arias hay guerra”. Nos conducía irremediablemente en el planteamiento de cuatro contra uno, y eso creaba las condiciones de una guerra.
Y se negaron.
Vamos a la reunión de Arias y le decimos: “no podemos firmar ese acuerdo” —que se llamó “Una oración por la paz”—, pero que en la práctica era una propuesta de unirnos los cuatro para exigirle a Daniel Ortega que se volviera democrático. Eso conducía a la polarización. Decidimos hacer una nueva reunión en donde estuviéramos todos. Esa fue la propuesta mía, apoyada por Napoleón Duarte. Esa fue crucial, porque entonces nos vinimos a la reunión primera de Esquipulas.
En junio de 1986.
Ahí se suscribe el acuerdo de hacer un acuerdo. Nos encerramos en un monasterio de claustro. Lo hicimos en Esquipulas por razones obvias: Esquipulas es un centro de fe centroamericano y había que dar un símbolo. Y efectivamente se convierte en un símbolo de la paz. Pero el claustro tenía una razón extremamente estratégica.
¿Cuál?
En ese lugar no podía entrar ningún agente de seguridad, ningún agente de servicio, ningún agente de nada, y entonces ni los rusos, ni los gringos ni los europeos podían poner micrófonos y saber qué íbamos a decidir nosotros allá adentro.
¿En eso estaban pensando los jefes de estado de Centroamérica?
Así es. Que no intervinieran. Porque el planteamiento mío era: seamos sujetos de nuestra propia historia. Y para hacerlo tenemos que tomar una decisión, hacer un acuerdo de comunicarnos entre nosotros y no permitir que nos digan ellos cómo hacer las cosas. Yo estaba leyendo un libro de un general de Vietnam que describía cómo los americanos los habían llevado a pelear con Camboya mintiéndoles. Entonces aconsejaba: cuando Estados Unidos esté metido en un conflicto regional, no permitan que les den información parcializada. Comuníquense entre ustedes para ver si están diciéndole la verdad. Y ese fue el acuerdo que hicimos: vamos a hacer el acuerdo de que nosotros vamos a contarnos mutuamente lo que nos dicen los americanos que está pasando en el área.
¿Qué decía Estados Unidos?
Si hubiéramos hecho caso a los americanos… “Nicaragua se estaba armando con Mig 21, con misiles, con tanques Stalin”... etc. Y nos hubiera dicho que para estar preparados militarmente hay que comprar F-4, tanques M-40 etcétera, y estar listos para la guerra. Y yo dije: este es mal negocio para los centroamericanos. Y esa se volvió una frase muy histórica: la guerra se vuelve un mal negocio para nosotros. Nosotros recogemos los muertos y ustedes nos venden las armas.
¿Se lo dijo a ellos?
Se lo dije a los americanos y se lo dije a todo el mundo. Tuvimos una gran ayuda de Europa que nos decía: ese satélite del que hablan los americanos, en donde dice que se están bajando los Mig-21 es mentira. Son tractores, helicópteros, cualquier cosa. Pero no son Mig-21. Y nos enseñaban las mismas fotos de satélite… sólo que cuando ya estaba abriendo las cajas… y nos decían que eran armas para invadir Centroamérica. Otra anécdota muy interesante es que me dice un estratega europeo: “No se preocupe por los tanques Stalin 1 porque no pueden llegar a Guatemala jamás”. ¿Y por qué? Porque pesan 60 toneladas y los puentes de Guatemala no resisten un tanque de 60 toneladas. O sea que para que pase un tanque desarrollado, para atacar un país subdesarrollado, se necesitan puentes desarrollados.
¿Lo del claustro fue Esquipulas I?
Sí. Ahí se decide iniciar un trabajo que fue sistemático, con una serie de reuniones, hasta llegar a Esquipulas II. Después de un largo trabajo de un año… habíamos decidido que en junio y lo retrasamos un poco por los problemas naturales. Y en agosto del 87 firmamos Esquipulas II.
Pero a pesar de enclaustrarse hubouna gran influencia extranjera…
Tres cosas fundamentales. Uno, nos inspiramos en Contadora. Contadora era “solución de los latinoamericanos”. Y entonces decimos: “Solución de los centroamericanos”, incluso sin los latinoamericanos. Segundo, no queremos caer en la guerra fría, no queremos caer un conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que existía en esa época. Y tercero: tenemos que hacer un proceso de paz. No es una fórmula matemática, suscribir un acuerdo y se acabó. No. Paso a paso vamos a ir resolviendo cada uno de los conflictos.
¿Esquipulas I y II tuvieron un apoyo muy fuerte de la comunidad europea para contrarrestar a la Comunidad Democrática Centroamericana de Arias, que era apadrinada por Estados Unidos?
Logramos romper con eso desde la primera vez.
Le dejaron claro a Arias…
Le dijimos: no puede haber paz si no estamos todos metidos en la lucha. Desde la primera reunión. Esquipulas I se hace con Daniel Ortega adentro.
Explíqueme cómo es que de tener que convencer a un Presidente de que se incluyeran todos, ese Presidente acaba con el Nóbel de la Paz.
Tengo la impresión de que hubo tres factores que influyeron. Uno: los americanos influyeron a favor del presidente Arias, porque Costa Rica siempre ha sido como un aliado de los Estados Unidos. Dos: hubo un fenómeno histórico. Costa Rica era la democracia consolidada, nosotros podíamos haber pagado porque habíamos sacado militares del Gobierno… pero que podían regresar. Pero en el fondo fue un lobby correcto de la gente que estaba a favor del grupo socialdemócrata que estaba con Arias. Ellos hicieron un lobby correcto en Suecia y los americanos influyeron en eso.
¿Por qué Arias para el premio y no todos?
A nosotros nos acusaban de cualquier cosa: que a Napoleón lo manejaba Estados Unidos, que a mí me manejaban los militares; que a Azcona lo manejaban los contras; que Ortega era un marxista leninista… cualquier cosa era un motivo. Entonces nos eliminan. Y yo creo que los suecos han de estar arrepentidos de haber tomado esa decisión. No lo pueden decir. Porque realmente los que lo merecían eran los cinco presidentes que se la jugaron completita.
¿Arias qué se jugaba?
Él era el que menos riesgos corría. Yo tuve dos intentos de golpes de Estado por establecer relaciones con la guerrilla. Napoleón Duarte podía haber perdido el apoyo de los norteamericanos y Azcona tenía los contras adentro… y Daniel Ortega se la estaba jugando como se la jugó… y perdió las elecciones internas. Daniel me dijo, cuando firmamos el acuerdo de paz sobre Nicaragua y el desarme, el de suspensión de acciones armadas dentro de su territorio: “Mirá, en una elección, Estados Unidos va a invertir cualquier cantidad de dinero para derrotarme”. Entonces yo le dije: “Sí, pero si hay elecciones podés regresar. Si hay guerra te van a destruir el país, te van a matar y vas a ser otro mártir de la revolución, pero sin salida”. Y cuando toma posesión, ahorita, me dice: “¡Tenías razón!” Veinte años después él vuelve a ganar las elecciones. La no violencia era la única salida posible a la guerra fría.
Mundialmente, el plan Esquipulas II se presenta como una idea genial del presidente Arias. ¿Cómo es que siendo una iniciativa de ustedes nadie dijo nada? El Nóbel se lo dan pensando que él es el autor de eso.
¿Pero de dónde? El documento original de Esquipulas II lo presentamos nosotros en Guatemala. (...) Una de las personas que estuvo en el trabajo fue el actual vicepresidente de Guatemala (Eduardo Stein); el actual director de ciencias políticas de la Landívar de Guatemala, Ariel Rivera; Carmen Rosa de León…
Gert Rosenthal, Rómulo Caballeros...
Todos ellos. La CEPAL, la gente de Daniel Ortega. Los costarricenses. Su equipo estaba dirigido por un chileno.
John Biehl…
Muy bueno. Todos ellos trabajaban a marchas aceleradas en cada reunión e íbamos trabajando detalle por detalle entre todos los presidentes. (...) Es mentira que el presidente Arias llegó a presentar un documento… ¡pero es absolutamente mentira! Que ese fue aprobado, y la genialidad de Arias... ¡Mentiras! Fueron meses y meses de discusión. Y nos reuníamos los presidentes en cada lugar a aprobar lo que los técnicos... esto sí, esto no… tanto que la frase “para una paz firme y duradera” la puse yo. (...) Las cosas no se logran con genialidades sino con trabajo, con consensos, con una dirección.
¿Cómo se produce eso?
Creo que hubo una maniobra de lobby político de este (John) Biehl, que después fue echado al carajo por Arias. Le pagaron mal. Hicieron lobby para decir... uno se sorprende, lee los libros, impresionante, que Arias llegó, nos propuso y lo aprobamos. Nunca sucedió así.
¿Por qué se ha tardado 20 años para decir esto?
No me he tardado, lo que pasa es que no me han querido escuchar. Usted sabe que los medios de comunicación han estado al servicio de ciertos intereses, siempre. Y ahora, usted ve una cosa: a la celebración de Esquipulas II, en Guatemala, no me invita el Gobierno. No fui invitado. Y a la reunión de Costa Rica tampoco.
¿Y por qué cree que no lo invitaron?
Porque les robo el show, jajaja, porque les tengo que decir la verdad. El único que protestó fue Daniel Ortega, porque dijo que Napoleón Duarte y yo habíamos sido cruciales.
¿Arias se robó un reconocimiento que se merecían todos?
Yo no diría que se lo robó él, porque no fue sólo él el culpable. Yo diría que él recibió un premio que lo merecían todos.
Ortega estaba en Nicaragua, pero Costa Rica y Honduras estaban prestando su territorio para favorecer a la Contra. Me imagino que esas reuniones no han de haber sido muy tranquilas. Napoleón Duarte y usted tuvieron que haber jugado un papel…
Totalmente equilibrador. La pelea… bueno, Arias y Daniel siguen peleándose.
Lo vimos la semana pasada.
Por una sencilla razón: Daniel fue acosado por Arias. Y fue muy valiente, resistió e hizo concesiones correctas en la línea de la paz, pero no permitió nunca que las cosas fueran más allá. Los acosos de Arias contra Daniel hubieran provocado el rompimiento de las pláticas y el final de las mismas. No sólo la posición ideológica de Napoleón Duarte, porque era un hombre de principios; y la posición negociadora mía, con un peso específico de tener la ventaja de tener el ejército más fuerte de Centroamérica, con una guerrilla muy grande y muy sólida, pero un ejército que daba certeza y que no era al servicio de los intereses norteamericanos. Era independiente, nacional. Eso me permitía ser como un árbitro en esas discusiones porque además no tenía una actitud… yo soy un demócrata, no tengo un prejuicio contra ninguna línea ideológica. El plan de Esquipulas es la prueba evidente de que a través de la concertación y el diálogo, a pesar de posiciones ideológicas diferentes, se pueden lograr objetivos en beneficio de la sociedad.
¿Quiénes tenían más conflicto?
Los puntos extremos eran Arias y Daniel Ortega. Azcona era el punto de balance porque él tenía a los contras, la mayor cantidad de contras, que también estaban del lado de Costa Rica, en el río San Juan. Y Napoleón era el tipo de actitud moral, hay que hacer lo correcto, y yo era como el negociador de la cosa. Todo el mundo cumplió un papel importante porque también los puntos en extremo sirven para encontrar la posición correcta.
¿A ver?
Si Arias no hubiera sido tan radical contra Ortega, Ortega no hubiera hecho tantas concesiones intermedias con nuestra ayuda. Y al revés. Si Ortega no hubiera sido tan radical contra Arias, Arias hubiera manejado las cosas a favor de los americanos.
Lo está pintando como que la relación entre Arias y Ortega era todavía más tensa que la relación entre Ortega y Azcona.
Entre Ortega y Azcona no hubo una relación de tanta tensión.
¿A pesar del apoyo a los contras desde Honduras?
Porque él reconocía con claridad su problema con la presión norteamericana y los contras. No lo ocultaba. Él decía: Ortega tiene un problema pero yo tengo allá adentro a los norteamericanos. La base en Palmerola... y eso era difícil de resolver. Y tomó la decisión. Los que tenían la carga más grave eran Daniel, Azcona y Napoleón. Arias no tenía ningún problema más que las bases de contras. Pero él estaba de acuerdo... no de acuerdo, pero ahí se movían con tranquilidad, digamos.
¿Cómo se logra el acercamiento entre Duarte y Ortega?
Al principio fue una discusión ideológica porque Duarte se declaraba católico practicante y un demócrata cristiano conservador, y Daniel se declaraba marxista leninista. Pero cuando superamos la discusión ideológica y nos dimos cuenta que el problema era estratégico y no ideológico se acabó el problema. Y Napoleón se convierte en lo que era, en un hombre buscador de soluciones para evitar los conflictos. En cambio, Arias era un radical democrático. “Daniel, tenés que hacer concesiones, que el ejército sandinista, que nosotros no tenemos ejército…” Además es mentira. Costa Rica tiene un ejército tan grande como cualquier ejército de Centroamérica. Sólo que se llama Guardia Nacional. La marina costarricense es bastante más grande que la marina hondureña, que es la más grande de América Central. Tiene barcos modernos de los Estados Unidos.
Ya veo por qué no lo invitaron a Costa Rica.
No, es que es “too much”. La Guardia Nacional tiene fusiles M-16, uniformes camuflajeados, disciplina militar y tiene 20 mil hombres sobre las armas. Creo que tiene más que El Salvador en este momento.
¿Después del acuerdo, qué se decían entre ustedes?
Óscar Arias tuvo el descaro de invitarnos a que fuéramos a aplaudirle a Suecia. Nadie quiso ir. ¡Y quería que pagáramos nuestros pasajes! Esa es la personalidad de Arias. Nos conocemos mucho, nos queremos, pero es una personalidad de ese tipo. Cree que merece todos los aplausos. Bueno, pero esa es la verdad histórica. Adjudicarle a la genialidad de un presidente el trabajo de unas 200, 300 personas, es un acto de injusticia histórica contra toda esa gente; porque ese fue un ejército colectivo de todos los técnicos de los países, un esfuerzo genial, y un esfuerzo de todos los presidentes de aprobar eso. Trabajábamos horas.
Y la genialidad no fue de él…
La genialidad no fue de él. Esquipulas II es el resultado y el fruto de un trabajo colectivo de los políticos y técnicos centroamericanos a favor de la paz y de los presidentes que discutieron palabra por palabra cada uno de los tratados.
Está echando para atrás, públicamente, un mito de 20 años.
Pero no lo estoy echando para atrás, estoy diciendo la verdad. El mito lo fabricaron, pero no lo cree nadie. Todo mundo sabe que es mentira. ¿O no? Se rumora, se dice, se cuenta, donde yo llego me dicen: “Usted se merece el premio”. Y yo contesto que no, los cinco presidentes… Es muy importante porque es hora de contar la historia como debe de ser. No con los cuentos del ganador. Y eso no es una cosa en contra del presidente Arias, es la verdad. Si él inventa una gran mentira va a pagar la factura de lo que inventó.