Querida Nicaragua: “La Patria es ara y no pedestal. Se la sirve, no se la toma para servirse de ella”. Esto lo dijo el gran apóstol de América, José Martí, quien tenía una altísima visión del servicio público, de los deberes del hombre para con la Patria. Martí fue poeta, escritor, ensayista, precursor del Modernismo junto con Rubén Darío quien le llamó “maestro” cuando tuvieron la oportunidad de encontrarse en Nueva York.
Martí murió joven combatiendo por la libertad de Cuba cuando esta nación era colonia española en 1895.
El funcionario público es un servidor del pueblo, servidor de todos. Tiene la gran oportunidad de servirle a su Patria y no debe servirse de ella. Tradicionalmente en nuestra América hemos tenido un criterio contrario a este. Con mucha frecuencia encontramos que cuando algunas personas llegan a ser ministros de Estado se vuelven inabordables, cuesta que reciban a las personas, no atienden llamadas telefónica y siempre están en interminables reuniones. Como siempre ocurre, hay excepciones, hay ministros que se preocupan por dar una buena imagen y por atender a todas las personas. Pero por lo general no es así.
Un poquito de mando basta a veces. El funcionario se vuelve prepotente, repugnante y despreciativo con el público que es quien paga su salario. Pero la frase de Martí va más allá de la buena o mala atención que preste un funcionario. “La Patria es ara y no pedestal. Se la sirve, no se la toma para servirse de ella”. Esto va con aquellos funcionarios que usan sus cargos para enriquecerse, para favorecer a sus amigos o para aliarse con ellos y hacer negocios, para aquellos que usan sus influencias políticas para sacar ventajas. Es tan generalizada la costumbre de servirse de la Patria en los puestos públicos que, cuando vemos a un funcionario probo que cumple con su deber, que trata con respeto al público, que atiende con esmero y que jamás recibiría un soborno, lo alabamos y decimos de él que es un hombre extraordinario. Y no es un hombre extraordinario, es simplemente un hombre honrado, uno de esos poquísimos que pone en práctica los principios morales que le enseñaron en el hogar y en la escuela, los mismos que revelan el pensamiento elevado del apóstol José Martí: “La patria es ara, no pedestal. Se la sirve, no se la toma para servirse de ella”.
Cuando todos los funcionarios públicos estén obligados a cumplir con su deber, cuando el funcionario sienta verdaderamente que es un servidor de la nación, que es un empleado del público que llega a solicitar algún servicio, entonces comenzaremos a ser diferentes. Tendremos una administración pública eficiente, comprometida con el público.
Muchos buscan un empleo en el Gobierno pensando en sacar ventajas, en obtener una de tantas y tantas asesorías, con sus prebendas, asignaciones y megasalarios. Y no debe ser así. Los cargos públicos deben ser ante todo surcos abiertos por donde fluyan las energías de la administración pública, canales que comuniquen, puentes que unan y no barreras para poner obstáculos como los que encontramos algunas veces en muchas oficinas públicas.
Los servidores del Estado deberían recordar siempre la sentencia del apóstol cubano que dedicó su vida entera al servicio de su país. Y estas palabras suyas deberían estar escritas con letras de oro a la entrada de cada oficina pública: “La Patria es ara y no pedestal. Se la sirve, no se la toma para servirse de ella”.