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El subsidio a los transportistas

El tema del subsidio al transporte colectivo de Managua está otra vez en discusión en la Asamblea Nacional.

Dicho subsidio ha sido concedido por los distintos gobiernos en los últimos 17 años para que el pasaje del bus se mantenga accesible a los sectores económicamente más débiles de la sociedad. Con esa intención, el subsidio es justo y necesario. Sin embargo, después de todos los millones concedidos en subsidios durante los últimos años, ¿se puede decir que la ciudadanía se encuentra satisfecha con la calidad del servicio de transporte público de Managua? Claro que no.

Es fácil advertir que la gran mayoría de buses en circulación parecen sacados de desarmes y reconstruidos con piezas tomadas de aquí y de allá. A algunos les faltan asientos o no tienen respaldar o exhiben resortes salientes que desgarran la ropa. Otros circulan con amortiguadores destruidos de tal manera que en cada salto que dan a causa de un bache o de un “policía acostado”, sacuden la humanidad de los pasajeros. Es común que algunos vidrios de las ventanas no suban y otros no bajen en un ambiente cuya temperatura oscila entre 35 y 40 grados centígrados dentro de la unidad. Otras ventanas carecen de vidrios y cuando llueve, los pasajeros tienen que levantarse del asiento para no mojarse.

Además, a algunas unidades les faltan tubos de agarre en el techo, o los tienen zafados, de tal manera que los pasajeros que van de pie —incluyendo ancianos y mujeres embarazadas— son lanzados de un lado a otro en las vueltas vertiginosas de un chofer a quien la seguridad de los pasajeros le importa un comino. A todo eso hay que agregar la cantidad de humo que sale por los tubos de escape —e, incluso, por la caja de cambios cerca de donde va sentado el chofer— y que invade el interior del bus al punto de causar ahogo.

Entonces, ¿en qué invierten los transportistas los subsidios que reciben cada año? ¿Acaso no están obligados a dar mantenimiento adecuado a sus unidades? ¿Por qué después de todos estos años no han podido ahorrar para comprar unidades nuevas? Y en este caso, ¿no debería el Gobierno licitar estas licencias de operación a empresarios más capaces y más responsables?

Es verdad que el transporte no es el único servicio subsidiado en el país. Tampoco Nicaragua es el único país donde se subsidia el transporte público colectivo. El subsidio se aplica inclusive en los países desarrollados, como un medio para asegurar que el transporte público y de carga sea eficaz y que genere riqueza social para beneficio de la población. Pero en esos países los subsidios se manejan de manera transparente y sujetos a un riguroso control, tanto para evitar la corrupción como para que no se aprovechen de ellos empresas particulares ineficientes.

En Nicaragua el problema es que no hay transparencia en el manejo de los subsidios al transporte. Y los transportistas de Managua que lo reciben no tienen competencia, por lo que ofrecen cualquier cosa a los usuarios, seguros de que estos carecen de alternativas. Al lamentable estado de los buses hay que agregar el trato vulgar y desconsiderado de los conductores, los cuales arrancan antes de que los pasajeros terminen de subir o de bajar de la unidad. Irrespetan las señales de alto y los semáforos en rojo. Conducen a una velocidad inaceptable por calles estrechas en donde juegan niños y niñas. Se detienen donde quieren. Siempre van atrasados y toman atajos para recuperar tiempo. Gritan obscenidades a los que protestan. Ponen música estridente con parlantes de hasta 500 watts de potencia, manosean a mujeres y en general su actitud es la del que está haciendo un favor al pasajero, cuando en realidad, sin pasajeros, ellos no podrían subsistir.

El subsidio a los transportistas debería ir acompañado de condiciones que incluyan la transparencia, un compromiso escrito para renovar su flota de unidades en un período razonable de tiempo y monitoreo del comportamiento de los conductores hacia los usuarios. Los transportistas no pueden aducir —como la hacen casi siempre— que sus ganancias apenas les dan para mantenerse. Si el negocio no les parece suficientemente rentable, entonces que se dediquen a otra cosa.

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