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Los monseñores Miguel Obando y Bravo y Manuel Salazar Espinoza, en su calidad de mediadores, hablan con Luis Pallais Debayle. Observan los otros rehenes, entre ellos el ministro de Gobernación, Antonio Mora Rostrán. Sentado, el diputado Alí Mahamud Mora. (LA PRENSA/FOTO CRUZ FLORES SILES)
La sesión especial de 1978 en el Palacio Nacional
El 22 de agosto de 1978, un comando del FSLN se tomó el Palacio Nacional, teniendo en un inicio más de tres mil rehenes. Mediaron el Arzobispo Obando y Bravo, los obispos Manuel Salazar Espinoza y Leovigildo López Fitoria. Entre los prisioneros liberados estuvieron Tomás Borge Martínez, René Núñez Téllez, Roberto Calderón, Javier Carrión, Francisco Guzmán, Juan José Úbeda y Luis Guzmán. Después de 29 años la mayoría de los miembros del Comando tiene serios problemas económicos y de salud
Roberto Sánchez Ramírez
ESPECIAL PARA LA PRENSA
rsanchez@managua.gob.ni
Mercenarios planearon rescatar el Palacio Nacional

OPERACIÓN CHANCHERA

Pese a que en el Palacio Nacional habían importantes oficinas gubernamentales, las Cámaras de Diputados y Senadores, hasta el 22 de agosto de 1978, la vigilancia y resguardo del edificio tenía grandes debilidades. La entrada del Comando sandinista fue sin mayores problemas, basta considerar que eran apenas 25 los miembros.

En la medida que aumentaron las operaciones del FSLN, tanto rurales como urbanas, la Guardia Nacional tuvo que establecer nuevas estructuras que trascendían a la Oficina de Seguridad Nacional y el Batallón de Combate General Somoza. Desde 1977, Anastasio Somoza Portocarrero asumió la Jefatura de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), cambiando el sistema de entrenamiento y preparación.

Las acciones del FSLN, iniciadas en octubre de 1977, demostraron dos grandes debilidades en la Guardia Nacional: incapacidad de reacción y nulidad defensiva. La corrupción imperante dañó las condiciones materiales y morales de los militares, tener un cargo de cierto nivel era la oportunidad de acumular recursos para la hora del retiro, producto de cobrar multas, el contrabando, cantinas y prostíbulos.

La EEBI se convirtió en una unidad militar privilegiada. Hubo entrenadores extranjeros de origen cubano, integrantes de la Brigada 2506, derrotada en Playa Girón. El director de la revista Soldados de Fortuna, reclutó a varios mercenarios, entre ellos Mike Echanis y Charles Sander, estos prepararon en combate cuerpo a cuerpo a los paracaidistas que tomaron el nombre de “gansos salvajes”.

La EEBI programó una serie de entrenamientos. Uno debía desarrollarse en la zona pantanosa de Morrillo, en el departamento de Río San Juan. Para la madrugada del 13 de octubre se planeó un desembarco en San Carlos, con dos lanchones de los usados el Día D, en Normandía, Francia. El mismo día el FSLN atacó el cuartel y el simulacro se convirtió en una acción verdadera que llenó de triunfalismo a la EEBI.

Para agosto de 1978 la EEBI cuenta con comandos especiales que asumen las llamadas “operaciones limpieza”, donde se destacó Franklin Montenegro “Sagitario”. El 22 de agosto el Comando Sandinista Rigoberto López Pérez se toma el Palacio Nacional. Anastasio Somoza Debayle comienza a ser presionado para que autorice un ataque, donde en ese momento hay miles de rehenes.

La mayor presión la recibe del general Iván “Pepe” Alegrett, jefe de Operaciones de la Guardia Nacional. Él se había hecho cargo, con el apoyo de Echanis y Sander, de organizar fuerzas para operaciones especiales. Las discusiones son fuertes, se hacen cálculos de tiempo, posibles resultados, número de muertos y heridos.

Según los planificadores del ataque, en la acción podían morir varios diputados, ante esa alternativa uno de los militares recuerda que para tales casos de ausencia están los diputados suplentes. Somoza Debayle es presionado por su primo, el diputado Luis Pallais Debayle para que cese el fuego. Acepta dialogar y la mediación comienza a través del Arzobispo de Managua, monseñor Obando y Bravo, los obispos de León y Granada, monseñores Manuel Salazar Espinoza y Leovigildo López Fitoria.

Cuando el general Alegrett es informado que Somoza Debayle no aprueba el plan elaborado junto con Echanis, se enoja y exclama: “Señores vayan alistando sus valijas porque este Gobierno está más que jodido. Los señores Somoza con tal que no les toquen a sus parientes están dispuestos a dar hasta las nalgas si se las piden; prepárense que vamos a Miami”. En septiembre, cerca de Sapoá, perecería en un extraño accidente de aviación, cuando volaba en compañía de los mercenarios mencionados.

Algo está pasando en el Palacio Nacional, fue el mensaje recibido en la redacción del diario LA PRENSA, el mediodía del martes 22 de agosto de 1978. Salí rápidamente en compañía de Margarita Montealegre que iniciaba su carrera de fotógrafa.

Bajamos sobre la calle de Candelaria, pasamos por Catedral, llegamos frente al Club Managua, donde ahora está la Casa Presidencial. Todo era silencio, no circulaban vehículos, ni habían personas visibles. Avanzamos hacia el parque Rubén Darío y entonces observamos gran cantidad de guardias que se arrastraban en dirección del Palacio Nacional.

Avanzamos lentamente hasta estacionarnos en la plazoleta del Palacio de Comunicaciones. Se escucharon disparos de diferente calibre, una fuerte explosión. Poco después conocíamos la impactante noticia que un comando del FSLN se había tomado el Palacio Nacional, donde estaban más de tres mil personas. Todo concluiría el jueves 24 en horas de la mañana.

UN VIEJO PLAN

Desde 1970 se había planeado la toma del Palacio Nacional. Fue en la casa de la familia Bervis, en León, que Edén Pastora Gómez se lo había planteado a Oscar Turcios, Pedro Arauz Palacios y Ricardo Morales Avilés. Se llegó a la conclusión que el FSLN no tenía capacidad para capitalizar los efectos político-militares de la acción. En varias ocasiones se trató el tema y se descartó por la misma razón de no estar el FSLN suficientemente organizado.

Para mayo de 1978 las condiciones habían cambiado y se decide el operativo en una reunión en San José, Costa Rica, en la que participan Edén, Daniel y Humberto Ortega Saavedra, Herty Lewites, Carlos Coronel Kautz y Víctor Tirado López. Edén es enviado a Nicaragua, entrando por Somotillo, pasa días en Chinandega y Chichigalpa donde Carlos Rojas, hasta que a finales de julio llega a Managua, a la casa de Leonel Poveda, conocido como “El Comanche”.

Para la primera quincena de agosto el Comando se comienza a concentrar. Se reúnen Oscar Perezcassar, Joaquín Cuadra Lacayo, Hugo Tórrez Jiménez, Hilario Sánchez, Raúl Venerio, Edén Pastora y Dora María Téllez, en casa de Poveda. Otra reunión se realiza cerca de Ticuantepe, en la casa de Javier Chamorro, ya fallecido, y de su esposa, María Rubiales, actual Embajadora de Nicaragua en las Naciones Unidas.

Después varios miembros del Comando se instalan en la finca Santa Laura, en la Carretera Vieja a León, propiedad de la familia Maltez Huezo. Posteriormente se trasladaron al reparto Serranías, cerca de Monte Tabor, a la casa de Dionisio “Nicho” Marenco y de su entonces esposa, la poetisa Daysi Zamora. Todos pertenecían a la Tendencia Tercerista, encabezada por los hermanos Daniel y Humberto Ortega Saavedra y Víctor Tirado López.

TAMBIÉN LA GPP

Ya decidida la toma del Palacio Nacional, se habían iniciado conversaciones entre las tres tendencias en que estaba dividido el FSLN: Tercerista (TT), Proletaria (TP) y Guerra Popular Prolongada (TGPP). Perezcassar (TT) tenía bastantes relaciones con William Ramírez (TGPP). Había sospechas que ambas tendencias planeaban operativos de gran impacto.

Perezcassar le propuso a William intercambiar información, comunicándole que los Terceristas planeaban secuestrar a Anastasio Somoza Portocarrero “El Chigüín”. William entonces le pidió que suspendieran la operación pues la GPP tenía algo más importante, como era la toma del Palacio Nacional. De inmediato Perezcassar transmitió la información, apresurando el plan ya decidido por la Tendencia Tercerista, concentrando a los miembros del Comando.

Estaba un equipo de apoyo compuesto por Alejandro Carrión, Raúl Venerio, Oscar Perezcassar, Joaquín Cuadra Lacayo, Leonel Poveda, Dionisio “Nicho” Marenco, Daysi Zamora. Había uno muy especial, don Pablo Pichardo, padre de Javier Pichardo, uno de los detenidos en la Cárcel Modelo. Laboraba en el Palacio Nacional y transmitía información al Comando.

Humberto Ortega Saavedra envió de Costa Rica los uniformes; Venerio (Willy) había comprado dos camionetas. Se consiguieron varios rifles Garand, arma de reglamento de la Guardia Nacional. Don Pablo Pichardo era conocido como “La Espinita”, el 22 de agosto confirmó que había sesión de la Cámara de Diputados.

Una parte del comando, bajo la responsabilidad de Hugo Tórrez Jiménez y Walter Ferreti “Chombito”, estaban cerca de Tipitapa, en una finca de un médico de Masaya. Desde allí salieron, en un vehículo conducido por Carlos Salgado López “El Reverendo”, cerca de ellos viajaban en un carro marca Honda, Joaquín Cuadra Lacayo y Alejandro Carrión. De la casa de Serranía salió el otro grupo, con Edén Pastora Gómez y Dora María Téllez, contando con la cobertura de dos vehículos, en uno iban Oscar Perezcassar y Leonel Poveda, en otro Dionisio “Nicho” Marenco.

OPERACIÓN CHANCHERA

Faltando un cuarto para las doce había comenzado la sesión de la Cámara de Diputados, presidida por el vicepresidente, Luis Pallais Debayle, primo de Anastasio Somoza Debayle. A las 12:15 se escucharon gritos y varios militares penetraron al salón de sesiones, otros se distribuían por el edificio, se creyó que se trataba de tropas de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI). Se inició la “operación chanchera”.

Varias ráfagas disparadas frente a los diputados, periodistas y público, obligaron a que todos se lanzaran al piso. Enterados que se trataba de un operativo del FSLN, en muchos rostros hubo expresiones de temor. En la medida que se hacían las identificaciones, varios diputados eran atados de pies y manos, permaneciendo acostados en el piso del salón de sesiones.

Habían en el edificio más de tres mil personas, entre empleados y el público que estaba haciendo diferentes gestiones. Para entonces ocupaban el edificio los ministerios de Gobernación, Hacienda y Crédito Público, el Tribunal de Cuentas, junto con otras dependencias como la Dirección General de Ingresos, la Tesorería General, Presupuesto, las cámaras de Diputados y Senadores.

El Comando fue tomando control del edificio y reuniendo más rehenes importantes, como el Ministro de Gobernación, Antonio Mora Rostrán. Entre los diputados estaban: Luis Felipe Hidalgo, Ulises Fonseca Talavera, Francisco Argeñal Papi, Enrique Sánchez H., Manuel F. Zurita, Alejandro Martínez Talavera, Alba Rivera de Vallejos, Jorge Granera, René Molina, Víctor M. Talavera, Eduardo Chamorro Coronel, Roberto Vélez Bárcenas, José Medina, Alberto Saborío, Róger Mendieta, José Joaquín Cuadra, René Sandino, Agapito Fernández, Julio Lacayo, Stanford Cash, Cristóbal Genie y Julio Molina.

Los 25 miembros del Comando se pusieron pañuelos rojo y negro en el rostro, ocultando su identidad, eran provenientes de distintas regiones y hasta ese día ignoraban los detalles del operativo. El promedio de edad era entre 17 y 20 años. Edén Pastora Gómez, identificado como el “Comandante Cero” del operativo, ordenó a Luis Pallais Debayle que llamara a su primo Anastasio Somoza Debayle para iniciar negociaciones, poniendo como condición la mediación del Arzobispo de Managua, Monseñor Miguel Obando y Bravo, los Obispos de León y Granada, monseñores Manuel Salazar Espinoza y Leovigildo López Fitoria. También la de varios embajadores.

Casi a las tres de la tarde llegaron al Palacio Nacional los mencionados prelados, era la segunda vez que lo hacía Monseñor Obando y Bravo, antes lo había hecho en diciembre de 1974, cuando el operativo en la casa de José María Castillo Quant. Lo primero que se planteó fue que suspendieran los disparos contra el Palacio. Cesó el tiroteo y se inició la primera conversación con Dora María Téllez Argüello, identificada con el número Dos.

ENTREGA DE DOCUMENTOS

El Arzobispo y los dos Obispos recibieron varios documentos conteniendo las peticiones del Comando. En el primer documento se señalaba que el nombre del Comando era Rigoberto López Pérez y el del operativo “Muerte al Somocismo, Carlos Fonseca Amador”. Se ejecutaba por órdenes de la Dirección Nacional del FSLN, presidida por Daniel y Humberto Ortega Saavedra y Víctor Tirado López.

Entre las condiciones estaban: amnistía para todos los prisioneros políticos, liberación de los prisioneros que aparecían en una lista, publicación de los documentos en medios escritos, cadenas de radio y televisión. Entrega de diez millones de dólares que al final fue medio millón. Mediación de varios embajadores. Medios aéreos para salir del país.

Entre los prisioneros estaban: Tomás Borge Martínez, René Núñez Téllez, Javier Carrión, Marcio Jáenz, Iván Montenegro, Javier Pichardo, Luis Guzmán, Francisco Cuadra, Edgard Lang, Juan José Úbeda, Roberto Calderón, Francisco Guzmán, Álvaro González Cerrato, Martha Cranshaw, Rosa Argentina Ortiz, Gloria Campos, Charlotte Baltodano, Felipe Peña, Margine Gutiérrez. Gustavo y Víctor Moreno, Yadira Baltodano, Apolonio Martínez, Leopoldo Rivas, Eddy González, Rodolfo Amador, Lucas Cortez, Maximiliano Martínez, Roberto McEwans, Amílcar Lorente, Doris María Tijerino, Fernando Chamorro R. y Jorge Guerrero.

Se incluyó una lista de prisioneros que al no ser presentados por el gobierno somocista, se confirmó que habían sido asesinados; hasta después de julio de 1979 se pudieron localizar algunos de los restos. Entre ellos estaban: Donald Guevara, Elvis Chavarría, Pedro Antonio Jiménez, Gregorio Montoya, J. Francisco Tijerino, Azucena Suárez Meza, Marcos Silva Molina, José Jarquín y Antonio Mairena Lugo.

Durante los días martes y miércoles, la comisión mediadora viajó varias veces entre el Palacio Nacional y el despacho de Somoza Debayle, en la Explanada de Tiscapa. Se sumaron los embajadores de Costa Rica y Panamá, Virgilio Chaverry y Carlos M. Boyd. Se estableció que en el intercambio de disparos había muertos y heridos. Un periodista perdió varios dedos de una mano, Rafael Báez Ruiz, ya fallecido. Resultó herido también uno de los miembros del Comando, Lorenzo Hernández, el número 62.

Hubo momentos de mucha tensión. Se llegó a plantear la posibilidad de ejecutar prisioneros en caso de que Somoza Debayle no ordenase suspender el fuego. El primero en ser escogido fue el diputado Francisco “Panchito” Argeñal Papi, quien le pidió a Edén que le permitiera comunicarse con Somoza Debayle, pidiéndole ordenase el cese del ataque, logrando dejaran de disparar. Después ocupó su lugar el periodista de origen cubano, Luis Manuel Martínez, conocido como “Poma Rosa”, cuando era de la Juventud Batistiana, redactor del diario somocista Novedades.

El comando exigió que la Guardia se retirara a una distancia de 300 metros del Palacio. Hubo situaciones que contribuyeron a aumentar la tensión. A las siete de la noche del martes 22 se había producido un fuerte temblor de tierra. Durante las 45 horas que duró la toma, el Comando permitió la salida de muchas personas, en especial mujeres y quienes tenían problemas de salud.

Debido a que el 22 de agosto había sesión de la Cámara de Diputados, buena cantidad de periodistas estaban presentes. Manuel Eugarrios Velásquez, redactor parlamentario del diario LA PRENSA, en compañía del fotógrafo Cruz Flores Siles, ahora con su salud muy afectada. Manuel escribiría un interesante libro titulado: Dos… Uno… Cero… y la sesión había comenzado. Entre otros periodistas figuraban: Emigdio Suárez, Javier Reyes, Oscar Pérez Valdivia, Juan Alberto Henríquez, Fernando Centeno, Rodolfo López N., Alex Somarriba, Filadelfo Martínez, Gixa Tórrez y Víctor Medina.

SOMOZA CEDE

Al final del día miércoles 23, la mediación concluye, cediendo por ambas partes. El Comando logra la entrega de medio millón de dólares, no se informa del paradero de varios que aparecen en la lista, se dan a conocer los comunicados y hay gestiones con Venezuela que envía un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea y Panamá un avión Electra de COPA.

El jueves 24 de agosto, se inicia una sesión especial de la Cámara de Diputados. Edén Pastora Gómez expresó que el régimen somocista sólo entendía el lenguaje de las armas. Tomó la bandera azul y blanco que estaba al fondo del salón, anunció que se la llevaba y que la devolvería cuando Nicaragua fuera libre. Seguidamente intervino Dora María Téllez Argüello y se refirió a las razones de la lucha sandinista. Luego hablaron los periodistas Manuel Eugarrios Velásquez y Víctor Medina.

Casi por salir el Comando fue localizado el diputado José Somoza Ábrego, hijo de José R. Somoza, hermano de padre de Somoza Debayle. Se le agregó al grupo de rehenes que acompañarían al Comando en la travesía al Aeropuerto. Los rehenes seleccionados para viajar con el Comando fueron el Ministro de Gobernación, Arturo Mora Rostrán, los diputados Luis Pallais Debayle, José Somoza Ábrego, René Molina y Eduardo Chamorro Coronel.

Dos autobuses del entonces Colegio Primero de Febrero se estacionaron frente al costado norte del Palacio. A las nueve de la mañana se inició la salida, trasladando primero a Lorenzo Hernández, el guerrillero herido, luego el resto del Comando, aplaudidos por los presentes. La Carretera Norte estaba llena de una entusiasta multitud. Concluía la acción que tuvo una gran importancia internacional y se abrían mayores esperanzas en la lucha por la liberación de Nicaragua.

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